El Madrid cerró en el golfo Pérsico una semana negra en la Euroliga, derrotados los merengues por el Dubái después de caer el pasado martes en casa del Panathinaikos. Si en Atenas Scariolo justificó el pinchazo, entre otras cosas, por … la actuación arbitral, en el desierto el irregular partido de sus pupilos no tuvo justificación, desaparecidos en una segunda parte en la que la gran plantilla de los locales, liderada por Musa, campó a sus anchas hasta amarrar la victoria.
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Dubái
Wright (16), Musa (20), Dangubic (0), Bacon (15), Kabengele (0); Avramovic (10), Anderson (5), Petrusev (16), Caboclo (11). -
Real Madrid
Campazzo (24), Abalde (7), Hezonja (11), Okeke (5), Tavares (17); Lyles (8), Kramer (1), Procida (0), Garuba (4), Llull (2), Feliz (4), Len (2). -
Parciales
11-19; 26-25 (37-44); 32-24 (69-68); 24-17 (93-85). -
Los árbitros
Tomislav Hordov (Croacia), Piotr Pastusiak (Polonia) y Saulius Racys (Lituania).
Campazzo redujo el buen inicio del Dubai a base de puro talento, capaz el argentino de colarse hasta por el más mínimo de los resquicios para impulsar a un incómodo Madrid. Sus heroicidades valían mucho más que las ejecutadas por su excompañero Musa y por Wright, y las apariciones esporádicas de Tavares y Abalde permitieron al bando visitante tomar la delantera aprovechando un bache ofensivo de sus rivales.
La sangre balcánica del conjunto árabe, representada por los serbios Avramovic, Petrusev y Dangubic, amenazaba con relanzar a los locales y ahora era el Madrid el que tropezaba en su camino hacia el aro. De hecho, siete puntos consecutivos del primero permitieron al Dubái recuperar el liderazgo. Anderson, ex del Barça, también apretaba muchísimo en defensa, aunque Hezonja tuvo tiempo de dedicarle un triple anotado delante de sus narices.
El croata repitió en la siguiente jugada, dos genialidades devolvieron la confianza a los suyos, sobre todo a Campazzo, mágicas sus últimas posesiones de la primera parte.
Imperial fue la vuelta del Madrid tras el paso por los vestuarios, un parcial de 2-7 liderado por Tavares que dejó descolocados a sus enemigos. Campazzo era una festividad con patas, daba pases por la espalda, era generoso con el balón y, cuando tocaba, martirizaba desde la línea de tres. Solo una nueva carga de Petrusev hizo que el Dubái no diese el partido por perdido. Al menos hasta la irrupción de Caboclo, que a base de tapones y acciones estelares devolvió la igualdad al electrónico.
Como en los primeros meses de campaña, el Madrid se convirtió en un flan, indeciso con el balón y errático en el tiro ante un rival que no paraba de crecer, más si se tiene en cuenta que Musa, después de tres cuartos muy flojos, estaba dispuesto a coronarse como el héroe del choque. Siete tantos con su firma dejaron contra las cuerdas a los merengues y Wright, con un triple, les dejó sin opciones.