El coste de la vida se ha disparado en Rusia y las personas mayores son los que más lo sufren
Los platos chocan, el vapor se escapa de grandes ollas y la música se mezcla con las animadas conversaciones de jubilados rusos inclinados sobre sus cuencos, disfrutando de una comida gratuita en un comedor social de San Petersburgo. Si bien el ambiente es alegre, la multitud presente refleja las dificultades económicas que afectan a un número creciente de personas mayores en Rusia, que tienen problemas para llegar a fin de mes mientras la economía de guerra empieza a mostrar signos de agotamiento.
Nina, una ingeniera jubilada de 77 años, explica que ya no puede ir al supermercado y que ahora toma el almuerzo y la cena en el comedor social porque no puede permitirse hacer la compra. «No he ido a una tienda en tres años porque no tengo dinero. No tiene sentido ir», cuenta a la AFP con voz firme. El coste de la vida en Rusia, especialmente en las grandes ciudades, se ha disparado en los cuatro años transcurridos desde que Moscú lanzó su ofensiva a gran escala en Ucrania en 2022.
Los enormes gastos militares han permitido a Rusia esquivar las previsiones que anunciaban un colapso económico, pero han disparado la inflación, un quebradero de cabeza para el Kremlin, que se ha fijado como objetivo proteger a los ciudadanos de las consecuencias de la guerra. Según los datos oficiales, los precios han aumentado casi un 45% desde el inicio de la ofensiva rusa, después de haber subido ya con fuerza —como en muchos otros países— tras la pandemia de Covid.
Aunque la inflación se ha moderado recientemente gracias a los tipos de interés muy elevados mantenidos por el Banco Central ruso, los jubilados entrevistados por la AFP en la segunda ciudad del país afirman que su situación sigue siendo desastrosa. «Casi no queda nada» Zinaida, una antigua pediatra de 77 años, explica que su pensión asciende a 26.400 rublos (unos 290 euros) al mes. «En los dos o tres últimos años hemos visto subir los precios de los alimentos», señala, atribuyendo este aumento a la subida del IVA del 20 al 22% este año.
Para muchos jubilados como Zinaida, cuadrar los gastos mensuales se ha vuelto cada vez más difícil. «A nuestra edad, todos tenemos un montón de enfermedades», añade, pero los medicamentos son «muy caros». «Apenas nos llega para pagar las facturas y los medicamentos. Casi no queda nada para otra cosa». Ese sentimiento lo comparte Anna, de 66 años, que pese a haber tenido una carrera como cirujana dice que desde que se jubiló le cuesta pagar sus facturas. «Cuando vas a la farmacia, empiezas a preguntarte si podrás comprar algo para el almuerzo», relata. El Banco Central ruso prevé que la inflación anual no vuelva al objetivo del 4% fijado por Moscú hasta 2027.
Y ese es solo uno de los indicadores del deterioro de la economía rusa, mientras la guerra en Ucrania se encamina hacia su quinto año. El crecimiento se frenó bruscamente hasta el 1% en 2025, admitió Vladímir Putin a principios de semana, frente al 4,3% del año anterior. Aun así, para Tatiana, antigua contable, «es normal que las cosas se encarezcan». «Estamos en guerra, y nuestros pobres chicos están allí. Que Dios les dé buena salud a todos», afirma.