En las últimas horas, Milán y Cortina d’Ampezzo han comenzado a llenarse de miembros de realeza con motivo de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 que durarán desde este 6 de febrero hasta el próximo 22 de febrero con pruebas repartidas por otras zonas de Italia. Esquí alpino, esquí de fondo, saltos, patinaje artístico y de velocidad, hockey, bobsleigh o curling son algunas de las disciplinas y aunque en esta ocasión Mónaco solo tiene a un deportista en competición Alberto de Mónaco no ha querido perdérselo. Además, fue allí donde hace 20 años presentó a Charlene Wittstock como futura princesa.
© Getty ImagesAlberto de Mónaco durante su discurso en los premios de acción climática del Comité Olímpico Internacional en Milán
© Getty ImagesAlberto de Mónaco coincidió con la princesa Ana, hermana de Carlos III y representante británica en los Juegos Olímpicos de Invierno que comienzan este 6 de febrero en Italia
Alberto de Mónaco, que ya estuvo impulsando la presencia de Arnaud Alessandria, el esquiador alpino que representa al Principado en una competición en la que históricamente domina Noruega, Alemania, Estados Unidos y Canadá, aterrizó en Milán para participar en la entrega de premios de acción climática que preceden a los Juegos Olímpicos de Invierno, donde coincidió con la princesa Ana, la hermana de Carlos III.
El príncipe Alberto presentó a la futura princesa en los Juegos Olímpicos de Turín 2006
Este viaje recuerda al que Alberto de Mónaco hizo hace exactamente 20 años, cuando esta competición se celebró en Turín y el apoyo a los cuatro monegascos que competían ese año fue el momento elegido por el soberano para presentar ante el mundo y en un contexto internacional muy bien elegido a su novia, Charlene Wittstock, que entonces tenía 28 años y estaba en la recta final de su carrera como nadadora profesional.
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© Getty ImagesDos imágenes del 10 de febrero del 2006 en Turín, Italia
Ya se sabía que Alberto de Mónaco estaba enamorado de una nadadora que vivía entre Sudáfrica y Europa, pero hasta ese momento no habían hecho una aparición oficial. La presencia de ella el 10 de febrero en Turín, al lado del que ya era jefe del Estado de Mónaco desde hacía un año, evidenció que lo suyo iba totalmente en serio y dieron muestras del excelente momento personal que atravesaban, compartiendo muestras de cariño y bromas.
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© Getty ImagesHasta este momento se sabía que existía una relación pero no se había hecho oficial en un contexto en el que Alberto de Mónaco acudía como jefe del Estado
Después de esta aparición, la relación avanzó a pasos agigantados aunque tardarían cuatro años en celebrar su gran boda en Mónaco. Sin embargo, este fue el inicio de la típica transformación que experimentan aquellos y aquellas que no han nacido dentro de una casa real, pero se preparan para convertirse en miembros de la realeza.
© Getty ImagesLas bromas y las muestras de cariño fueron continúas ese día: la pareja atravesaba un excelente momento
La espontaneidad de sus inicios dio paso a una serenidad más formal, característica de la vida de palacio y al nuevo rol institucional que iba a desempeñar. Ese mismo año comenzó a acudir a grandes veladas de Mónaco como el baile de la Cruz Roja o los eventos relacionados con el Gran Premio de Fórmula 1, entonces ocupó un lugar al lado de Alberto de Mónaco y se integró en una familia Grimaldi que todavía contaba con la presencia de Ernesto de Hannover y en la que las princesas Carolina y Estefanía tenían un papel destacado, ya que hasta él anunció de compromiso oficial, ellas siguieron ejerciendo el papel de primeras damas de Mónaco que habían adoptado tras la muerte de su madre, la princesa Grace.
© Getty ImagesTardarían cuatro años en casarse
El compromiso matrimonial no se anunció hasta el verano de 2010 y las celebraciones, la boda principesca más espectacular que se ha celebrado en Mónaco, llegaron el 1 y el 2 de julio del año 2011. Retransmitida en directo y con una nutrida representación de casas reales -aunque no fue la familia real española- aristocracia, realeza no reinante y jefes de Estado y de Gobierno. Para aquel entonces, la princesa Charlene ya era otra y su presencia pública estaba totalmente alineada con la representación oficial.