Maestro del preciosismo, artista influyente del siglo XIX y el creador mejor pagado de su tiempo. Mariano Fortuny es un nombre imprescindible de la Historia … del Arte europeo, un genio de la pintura valorado y estudiado. Pero existe «otro Fortuny» menos explorado, más «íntimo» y «libre» que pocas veces se deja ver: el dibujante. La fragilidad de la obra gráfica hace que su exposición en sala sea un hecho excepcional. Y esta exposición lo es. El Carmen Thyssen reúne hasta el 3 de mayo en su Sala Noble una treintena de dibujos, acuarelas y grabados del autor de ‘La vicaría’ y ‘La batalla de Tetuán’. Una muestra ‘gourmet’ que revela el impulso más espontáneo de un artista que utilizó el dibujo como preparación para sus lienzos pero, sobre todo, como un fin en sí mismo.

En estas obras en papel está todo su «universo temático»: el impacto que en él causó el paisaje del Norte de Marruecos, las escenas costumbristas que tanto llamaban su atención, las gentes de la calle, los toros y el cuerpo humano. Siempre con un trazo «vibrante», en palabras de la directora del Thyssen, Lourdes Moreno; y con una enorme atención al detalle propia de un hombre de una curiosidad «insaciable», añadió Joëlle Arches, directora del Musée Goya de Castres. Desde esa pinacoteca francesa consagrada al arte español llega esta colección, una tercera parte de las 90 obras de Fortuny que integran sus fondos, donadas por los descendientes del artista de Reus (1838-1874).

Migue Fernández

Es su forma de expresión más «auténtica». En el dibujo Fortuny no tenía que responder al interés de los marchantes ni someterse a ningún encargo. Frente al papel en blanco, ensayaba formas y escenas, perfeccionaba su técnica y disfrutaba. «Era un gran amante del dibujo», asegura Moreno. Por eso, en parte, en estas piezas están todos sus temas menos el histórico, el referente a las batallas. «No amó especialmente la pintura de Historia, las que hizo las dejó inacabadas», apunta la directora. Tanto es así que con la famosa ‘Batalla de Tetuán’ devolvió el anticipo que le había entregado la Diputación de Barcelona porque consideró que no había cumplido su compromiso.

Es su forma de expresión más «auténtica». En el dibujo no tenía que responder al interés de los marchantes ni someterse a ningún encargo

Y, sin embargo, esa documentación de la guerra es lo que dio el primer impulso a su carrera. Con apenas 22 años, en 1860, la Diputación de Barcelona le becó para que cubriera gráficamente la guerra de África. «Esa era su misión, pero lo que él hace es pasearse por las calles de la ciudad y captar las miradas y las situaciones» de las personas con las que se cruzaba, comentó Joëlle Arches. Hasta dos veces más volvería al norte de Marruecos, impresionado por su luz y su naturaleza, y por sus gentes.

De esos viajes, estos dibujos. Llama la atención la expresividad de sus trazos en la aguada ‘Dos mendigos árabes en la esquina de una calle’ y en ‘Mujeres sentadas y un perro’ en tinta y aguada. Sorprende el dominio de la acuarela en ‘Hombre vestido con un trapo’, ‘Hombre recostado sobre una mesa’ y el preciosista ‘Campamento árabe’. Aunque su cuidado al detalle cobra otra dimensión en ‘Cenador cubierto de plantas’, con un jardín pintado minuciosamente a tinta. También en el impresionante aguafuerte y aguatinta que titula ‘Anacoreta’, con un trazo fino pero rotundo.

Migue Fernández

De 1860 es una serie de dibujos de academia masculina, en los que despliega su dominio de la técnica. Destaca ‘Academia de hombre en la cruz’, una aguada de tinta y carboncillo a modo de esbozo, en un papel en el que se mezclan diferentes pruebas de dibujos, pero en los que sobresale un atípico Jesús crucificado. En otros dibujos se descubren los entresijos de su creación: en el papel de ‘Carnicero de Portici’ se aprecia la cuadrícula hecha a mano por el artista para ajustar el encuadre de la escena.

Por todo esto y más, Fortuny «dejó una gran huella» en las generaciones que le sucedieron, pero también en los pintores de su entorno. Incluso en la Escuela malagueña de pintura de finales del XIX. Como recordó Lourdes Moreno, Bernardo Ferrándiz, impulsor de este grupo desde la Escuela de Bellas Artes de San Telmo, fue uno de sus grandes amigos y su acompañante en uno de sus viajes a Marruecos. «Ferrándiz organizó exposiciones de Fortuny en su casa y transmitió su importancia», concluyó. Como dijo la directora del Thyssen nada más comenzar su intervención, «no nos cansamos de hablar y mirar» a Fortuny.