La Policía Nacional ha recuperado en tres cuadros en paradero desconocido desde los años 70 que estaban en depósito en el Palacio de Liria: un retrato de Isabel de Borbón y Borbón, ‘La Chata’ (1908) y otros dos óleos de José Moreno Carbonero, un retrato de Alfonso XIII y otro de Eduardo Dato. Los tres pertenecían a la Sociedad Española de Amigos del Arte, entidad sin ánimo de lucro disuelta en los años 80 y que desde su creación a principios del siglo pasado tuvo como objetivo la promoción de la cultura y las artes en nuestro país. La entidad contó con destacados miembros de la sociedad y española y a lo largo de los años fue nutriendo su patrimonio con bienes que habían sido donados y que, según contaba en sus estatutos, en caso de desaparecer deberían incorporarse al Patrimonio del Estado español. De esta sociedad formó parte el padre del actual duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart Martínez de Irujo, y se cree que habría sido a través de él cómo el cuadro llegó al Palacio de Liria. La obra de arte que muestra a hija de la reina Isabel II con 57 años adornada con un aigrette de diamantes en su pelo, pendientes y collar de perlas. Llaman la atención otras joyas como sus pulseras y el gran broche prendido en centro del escote de su vestido. Un cuadro que formó parte de la exposición La moda en la Casa de Alba que pudo verse en el Palacio de Liria entre octubre de 2023 y marzo de 2024.
Fue precisamente a partir de esta muestra cuando comenzó la investigación de la Policía Nacional que ha acabado comprobando a través de los documentos de la Casa de Alba que el retrato de La Chata de Sorolla —y las otras dos obras— depositado en el Palacio de Liria desde septiembre de 1973 pertenecía a la sociedad y que, por tanto, tras su desaparición debía incorporarse al Patrimonio Nacional de Estado.
Por el momento se desconoce cuándo y dónde podremos volver a ver a La Chata, sobrenombre que recibió por la forma de su nariz, retratada por Sorolla. La primogénita de la reina Isabel II y Francisco de Asís llegó al mundo un gélido 20 de diciembre de 1851 y nada más nacer recibió el título de princesa de Asturias. Lo llevaría hasta el nacimiento de su hermano, el futuro rey Alfonso XII, día en el que fue degradada de princesa a infanta y así se mantuvo hasta que su hermano ascendió al trono y ella recuperó el principado que volvería a perder con la llegada de su sobrina María de las Mercedes en 1880. Un título de ida y vuelta que no impediría que fuera muy querida y popular en su época, algo que habría comenzado durante el viaje que realizó por todo el país con su madre con la idea de mejorar la imagen de la monarquía y ligarla al desarrollo industrial. Su boda con el príncipe Cayetano de Borbón Dos Sicilias y Habsburgo, conde de Girenti, fue el último gran acontecimiento celebrado durante el reinado de Isabel II. Durante su luna de miel estalló la Revolución de la Gloriosa que llevaría a la familia real al exilio. 1871 sería uno de los peores años de su vida: sufrió un aborto y el suicidio de su marido. No volvería a casarse, pero sí a Madrid como primera dama de la mano de su hermano. Con la II República —invitada a quedarse en la capital del reino— decidió seguir a su sobrino Alfonso XIII al exilio. Moriría nueve días después, el 23 de abril de 1931, en París en la residencia para señoras Saint Michel donde también vivía su hermana Eulalia. Su cuerpo volvería a España en 1991 para descansar, por orden del rey Juan Carlos I, en la colegiata de la Santísima Trinidad del Palacio Real de La Granja, su palacio favorito.