Unas extrañas criaturas animales y vegetales que al primer golpe de vista costaría identificar y ubicar conforman buena parte del descomunal álbum de fotografías subacuáticas … que el instructor donostiarra de submarinismo Mitxel González (Donostia, 1978) ha reunido a lo largo de los últimos quince años. Esta colección es el resultado de un deseo:«Cuando empecé a bucear, mi familia y mi novia me preguntaban:’¿Qué has visto?’ Y quería enseñarles lo que yo veía debajo del mar. Empecé con una cámara pequeña haciendo lo que podía para mostrárselo a los más cercanos y ahora utilizo una digital con una carcasa de aluminio preparada para aguantar grandes presiones en hasta cien metros de profundidad. Y como hay falta de luz, voy con dos flashes potentes y una luz de vídeo que me ayuda a que la cámara enfoque».

Ahora, tras años de compaginar su trabajo como diseñador publicitario, se ha centrado en su faceta como instructor de submarinismo, mientras acumula decenas de miles de imágenes que realiza tanto en el litoral guipuzcoano como en sus viajes al sudeste asiático. En su cuenta de Instagram @mitxel_uwphoto se puede contemplar el resultado de su trabajo. Además, colabora con diversas organizaciones de buceo y sus imágenes se han publicado en el Oceanographic Magazine, «el equivalente marino del National Geographic. Me validó en el sentido de que no tenemos por qué fijarnos siempre en Filipinas, que es muy bonito, sino que aquí también hay cosas maravillosas».

Qué se siente ahí abajo es la gran pregunta para quienes no lo han probado. «Es difícil de explicar, pero me gusta compararlo con un astronauta que va a un planeta diferente porque en cuanto te sumerges, la sensación de ingravidez te saca de tu estado normal. La sensación de paz y relajación que te transmite el mar, así como su belleza, me enamoró desde muy pequeño». Y aunque en tiempos de saturación turística, el mar pueda parecer ‘la última frontera’, González lo matiza:«Sí, aunque es un deporte que cada vez practica más gente y en contra de lo que pueda parecer, es una práctica con poca incidencia en accidentes. Puede parecer muy peligroso, pero no lo es si lo comparamos con el ciclismo y otros deportes. No quita que tengas que observar ciertas reglas».

El flechazo con el buceo se produjo con motivo de su primer viaje a Tailandia hace veinte años y desde entonces, ha visitado periódicamente el sudeste asiático. «Meterte allí bajo el agua es como ver un documental». En cuanto al Cantábrico, desmiente los tópicos:«Puede parecer un mar oscuro y gris, pero está lleno de vida. De hecho, parte de mi trabajo es tratar de documentar o mostrar a la gente de aquí que el Cantábrico está lleno de especies, aunque no lo parezca:tenemos nudibranquios, rayas y varios tipos de tiburones pequeños y totalmente inofensivos. Además, a nuestra costa se acercan focas y delfines y al final, mi objetivo es que el espectador se sorprenda al descubrir que lo que parece una joya tropical vive en realidad a pocos metros de nuestra orilla». Sí admite que en el Cantábrico, la fotografía submarina es «mucho más difícil debido a las condiciones:la iluminación es peor, hay mucho sedimento y mucho plancton. Hacer las fotografías aquí tiene esa dificultad añadida que a mí me gusta porque es un reto».

La importancia del instinto

González explica que «la fotografía submarina tiene una dificultad añadida porque hay que tener en cuenta que no es lo mismo que en el exterior, en donde tienes mucha luz y las realizas en condiciones perfectas. Bajo el mar, lo mismo estás sumergido a treinta metros, en medio de una corriente, metido en una cueva y fotografiando una morena». Por este motivo, el momento de disparar no es tanto una decisión del fotógrafo como una oportunidad brindada por las condiciones. Lo que sí tiene claro es cuándo ha hecho pleno con la fotografía buscada. «Con la experiencia, vas cogiendo un instinto que es el que te va a decir si has hecho una buena o una mala foto. Subes a la superficie y sabes si has hecho una buena foto. Tiras varias y luego con el ordenador eliges las que más te gustan».

Aclara también el fotógrafo donostiarra que, al contrario de lo que pueda parecer a la vista de sus imágenes de criaturas aparentemente abisales, «no es una cuestión de profundidad porque en la mayor parte de los mares la vida está en los primeros metros, que son a los que llega la luz solar. Ahí están el coral y la mayoría de los peces». En los casos en los que baja a profundidades superiores, lo hace en busca de otros elementos, como pueden ser los pecios de barcos hundidos o cuevas que albergan elementos interesantes. «Normalmente me muevo entre los quince y los veinte metros de profundidad».

«Cada vez más gente practica submarinismo. Puede parecer peligroso, pero no lo es si lo comparas con el ciclismo»

«La fotografía en el Cantábrico es más difícil: la iluminación es peor, hay mucho sedimento y mucho plancton»

Señala también que dentro de la fotografía submarina, la hay de distintos tipos:«En lo que respecta a la fauna, está la fotografía macro, que se central en las especies más pequeñas, como los nudibranquios o peces muy pequeñitos:el reto es fotografiar un animal que igual mide un centímetro en unas condiciones difíciles». En este punto, recalca que «pese a lo que piensa la gente, en el mar no todos los animales son grandes. Los hay diminutos que son espectaculares porque parecen marcianos. En concreto, los nudibranquios son miles diferentes, cada uno con un diseño».

El equipo, siempre a punto

Como instructor de buceo, Mitxel González afirma que «lo primordial es siempre la seguridad. Hay cosas que tú no puedes controlar, como las corrientes. He tenido la suerte de viajar mucho a Filipinas, Indonesia o Malasia, que forman el ‘triángulo del coral’, y hay que tener cuidado con las corrientes submarinas que, en lugares como la isla de Komodo, son muy fuertes y puedes tener algún momento peligroso». No obstante, en su caso no ha habido ningún accidente ni incidente «por fallo de equipo. Soy muy riguroso y en el buceo el mantenimiento del equipo es primordial. Como instructor y fotógrafo, son mis herramientas y no me puedo permitir el lujo de tener el equipo en mal estado».