El día en el que el actor Paco León le ofreció un papel en la esperadísima película Aída y vuelta, que recupera a la vez la historia del vecindario de Esperanza Sur y la del elenco de una de las series más míticas de la ficción española, el burgalés Julián Sastre Ubierna flipó, se asustó y se rió a la vez, y en unos pocos segundos dijo que sí, que p’alante. «Luego ya empecé a pensar en las consecuencias, porque nunca había tenido una responsabilidad así; sí que había hecho pequeñas intervenciones pero nada parecido a esto», explica en el ambigú de los cines Van Golem mientras se proyecta por primera vez el filme en su ciudad. Es la sesión de las 17,15 horas del viernes, 30 de enero, día del estreno, y ya los fans se han acercado para retomar ese idilio popular que tiene España con la familia García García y allegados.  

Con poco más de veinte años, y sin haber terminado aún el máster que cursaba, Sastre Ubierna entró en el equipo de guionistas de Siete vidas. Después fue productor ejecutivo -máximo responsable creativo- de Aída durante los más de 200 episodios que duró. Hoy se interpreta a sí mismo en su salto a la gran pantalla: «Lo sentí como una responsabilidad bestial. Conozco muy bien los rodajes y sé lo fácil que resulta ralentizarlo todo, algo que en cine no te puedes permitir, así que lo que hice fue memorizar muy bien el guion, a base de repetirlo una y otra vez».

El primer día le tocó rodar una escena en la que su personaje, que es él mismo y también se llama Julián, está rodeado de todos los actores que para él, insiste, son los mejores. «A la derecha tengo a Paco León y a la izquierda, a Carmen Machi. Dicen ‘acción’ y por unos segundos pienso… ¿y ahora qué? Pero por suerte todo salió bien».

Asegura que no sabe por qué a León se le ocurrió que podría dar la talla como actor -«eso habría que preguntárselo a él»- y que supone que lo que buscaba era la naturalidad que podría aportar alguien no acostumbrado a ponerse delante de las cámara pero sí con mucha mili detrás de ellas. Porque tantos trienios escribiendo algunas de las frases más graciosas de la ficción de este país han dejado huella. «Ser guionista me ha ayudado a respetar mucho el texto, lo mismo que hacían a diario los actores, que siempre han sido profundamente escrupulosos con las líneas escritas para ellos y que tenían muy claro que había un tempo y una manera  de decir las cosas».

(Reportaje completo en la edición en papel de hoy de Diario de Burgos)