Álvaro Odriozola es jugador de la Real a todos los efectos. Matarazzo le recuperó para la causa dándole minutos ante Osasuna, Barcelona y Celta … y este sábado, casi cinco meses después, volvió a ocupar uno de los cajones de salida para, como lateral derecho, volver a galopar la banda de Anoeta recordando al potro desbocado que llevó a Florentino Pérez a rascarse el bolsillo.

Su última titularidad tuvo lugar en Montjuïc ante el Barça el 28 de septiembre y el donostiarra cumplió con creces durante los 57 minutos que estuvo en el terreno de juego, anotando incluso un gol. Desde entonces, Sergio, que le había dejado claro que no contaba con él, apenas le había alineado dos veces más, ambas en la Copa ante el Negreira y el Reus. Asuntos menores.

Con Matarazzo, Odriozola ha recobrado un protagonismo con el que nadie contaba. El estadounidense decidió guardarse a Aramburu para la primera batalla copera en San Mamés y recurrió al donostiarra en lugar de un Aritz Elustondo que ha quedado olvidado al fondo de un cajón.

Odriozola disputó 64 minutos a buen nivel. Le tocó bailar con el incisivo Germán Valera, con quien mantuvo un intenso pulso. De sus botas nació la jugada del primer gol cuando una arrancada suya finalizó con el pase en profundidad que habilitó a Guedes para que el portugués centrase y marcase Sucic. A la media hora, el colegiado pareció querer señalar penalti del txuri-urdin sobre Valera, aunque finalmente pitó saque de puerta. En el 47, en una de sus subidas por banda, puso un buen centro al área que no encontró rematador y en el 64 abandonó el campo ovacionado.