Lo decía Valverde, próximo rival txuri-urdin, en las previas de sus partidos de Champions. Lo que nos da de comer es la Liga pero todo lo que sea ganar nos va a ayudar y a beneficiar para coger impulso y presentarse a los partidos importantes con un estado de optimismo elevado. La Real también ganó al Elche. Con Matarazzo, además de hacer las cosas bien, de estar disciplinados tácticamente, de dejarse la vida, de querer y saber cómo conseguirlo, han alcanzado una dinámica impresionante que les permite seguir invictos. Y ya son ocho partidos.

Una racha histórica para un entrenador que parece tocado por una varita mágica. Da igual las bajas, lo que cambie, si juega mejor o peor, si acierta más o menos, todo acaba saliéndole bien. Solo nos falta ponerle un sombrero de brujo en Carnavales. Porque es lo que parece. Todo lo que toca lo convierte en puntos. No se recuerda un aterrizaje semejante en décadas. Al final quizá lo que más le beneficia es que llegó con la mente limpia, sin amarguras. Un punto y aparte. Y no ha necesitado ningún proceso de adaptación. Llegar y besar el santo. Una y otra vez. Nos está haciendo muy felices y este sábado Anoeta hasta entonó su nombre rendido a sus pies. Como no podía ser de otra manera.

Una vez más no tuvo reparos en situar a la Real bastante atrás para controlar los ataques ilicitanos ya que es un rival que te somete mucho y que mueve muy bien el balón. El plan estaba claro, esperar al fallo y matar con su pareja de delanteros, probablemente la dupla de moda en la Liga. Guedes aprovechó el primer acercamiento de los blanquiazules para asistir a Sučić, Oyarzabal aprovechó un regalo porque estaba donde tenía que estar y Óskarsson, que animó como nadie el epílogo del encuentro con su nueva canción, sentenció casi en el último minuto cuando el Elche, que se había estrellado contra Remiro, había perdido mucho fuelle.

Matarazzo estaba obligado a hacer cambios para reservar energía de cara a la ida de la semifinal de la Copa del miércoles ante el Athletic. La lista de bajas le condicionaba bastante, por lo que en ataque no tuvo más remedio que seguir apostando por Oyarzabal y Guedes. Y eso tenía su peligro, porque no había más que recordar lo que le pasó a Kubo hace un mes para tener que contener la respiración en cada carrera por si se lesionaban. Así estamos llegados a este momento. El resto… Odriozola, Zubeldia, Caleta-Car y Sergio Gómez, para que descansaran Jon Martín y Aramburu. En la medular, entró Gorrotxategi, junto a Soler que para el técnico es intocable, con Marín y el renacido Sučić para formar de nuevo el cuadrado y arriba los dos diamantes: Zeus y el martillo de Benavente. 

¿Quién ha sido el mejor realista ante el Elche?

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Enfrente un Elche que ha perdido fuelle pero que sigue haciendo las cosas muy bien al ser un conjunto trabajo y con las ideas claras. Como en la ida, donde todos recordamos lo que sucedió. 

El comienzo del encuentro fue el habitual de la Real, un equipo que no sale en tromba, que prefiere mantener una actitud contemplativa para estudiar la situación y situarse bien en el campo para estudiar al rival. Una vez más bastante replegados, manteniendo las líneas muy juntas para no conceder a un rival al que le gusta hacerse con el balón y dominar.

Como ya sucedió ante el Celta, los realistas apenas pasaron apuros salvo en un pase largo que André Silva recibió entre Zubeldia y Odriozola y su disparo lo salvó con un paradón Remiro. El Elche propone mucho, pero es tan valiente que muchas veces parece suicida. Por eso en la primera ocasión que generó la Real, pasados los 20 minutos, Odriozola buscó en largo a Guedes y su centro lo empaló mal con la derecha Sučić con tan buena suerte que se le quedó perfecta para anotar con un disparo colocado con su pierna buena.

A la media hora, Odriozola pareció cometer penalti y el árbitro pareció señalarlo incluso, pero se retractó sin acudir al VAR en una de esas situaciones locas que se viven ahora, y pitó saque de puerta. 

Segundo gol

El segundo gol txuri-urdin fue todavía más surrealista, ya que los locales no estaban ni presionando y Neto le regaló la pelota a Oyarzabal que, sorprendido, no perdonó tras dejar atrás a Peña. La Real ya estaba dominando más, pero cuando parecía estar mejor, y por contradictorio que pareciese, el meta ilicitano envió un balón en largo, Caleta-Car despejó para atrás con tan mala suerte que dejó solo a André Silva que, como todo el mundo esperaba, anotó ante su exequipo con un buen chut cruzado. El gozo en un pozo de Matarazzo, que si quería hacer cambios y reservar a titulares se lo iba a tener que pensar más porque todavía no estaba todo el pescado vendido. 

Una primera parte discreta de la Real, con Guedes pidiendo el balón al límite del fuera de juego para matar, al que no le encontró apenas por la simple razón de no tener el control de la posesión y jugar en ventaja con todos los metros libres que tenían por delante. Ni antes de la lesión de Sučić ni después

En la reanudación, el Elche siguió dominando territorialmente, aunque sus mejores ocasiones llegaban en balones largos. A los siete minutos Caleta se dejó caer al sentir el empujón de André y el árbitro no pitó nada por lo que se quedó solo y de nuevo tuvo que aparecer Remiro para salvar a los suyos. Impresionante el momento del meta. 

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Las mejores jugadas del Real Sociedad-Elche
Ruben Plaza

Turrientes probó suerte poco después sin encontrar portería y casi a renglón seguido, Pablo Marín marcó un golazo a pase de Guedes pero se lo anularon por milímetros.

Remiro salvó de nuevo un chut de Álvaro y ya con los cambios, Oyarzabal, apuró demasiado una jugada y al final se le escapó fuera el lanzamiento. Una pena. Era la sentencia.

El Elche siguió a lo suyo y Rivera estuvo a punto de tener una clarísima pero se cruzó Caleta Car. Casi al final Orri perdonó un gol hecho tras una buena maniobra de Turrientes que estaba en todos lados. El islandés no perdonó poco después a pase de Gorrotxategi. Desmarque y gol a la primera. Eso lo hace fantástico.

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La Real liquida al Elche: las notas de Mikel Recalde
Mikel Recalde

Ganar, ganar y ganar. De tres en tres. Porque ir o asegurarse ir a Europa por la Liga también es un objetivo. Es más, el más habitual que marca el club y que ha logrado tantas veces en los últimos años.

No fue una noche espectacular, no disfrutamos como a todos nos hubiese gustado, pero este equipo sigue prolongando la ola buena que ha cogido un Matarazzo que no rebaja el listón de la exigencia.

No estaba dispuesto a dejar escapar puntos en un encuentro en el que muchos temíamos o sospechábamos que podía sufrir un tropiezo por el simple hecho de que algún día tendrá que llegar. 

Anoeta despidió a sus héroes como merecían antes de la gran batalla de Bilbao. Hoy más que nunca la afición confía ciegamente y cree como nunca en las posibilidades de su equipo. Esta Real va muy en serio. Es una máquina competitiva, concede poco, tiene un porterazo y cuenta con dinamita arriba. Zeus y el martillo de Benavente. A estos se les quiere unir Óskarsson para llevarnos a Sevilla con sus goles. El miércoles llega la gran cita. Como para no estar a su lado. Un triunfo para allanar el camino hacia la gloria. Esta Real ya vence hasta por inercia…