El desafío de Lindsey Vonn a la lógica duró doce segundos. Un toque de su hombro derecho con una de las primeras puertas lanzó por los aires a la estadounidense, que cayó con violencia sobre la imponente pista de Tofane, escenario del descenso femenino … de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina. La esquiadora quedó inmóvil, con ambas rodillas giradas en una posición alarmante: la derecha, en la que porta desde hace años una prótesis parcial de titanio; y la izquierda, la que se destrozó hace apenas una semana en Crans Montana y convirtió su asalto al oro olímpico en un reto colosal, casi imposible.
Vonn quería despedirse a lo grande, pero lo hizo en camilla, entre sollozos y con secuelas aún imprevisibles, trasladada en helicóptero al hospital tras ser atendida durante diez minutos interminables sobre la nieve. En la meta reinaba un silencio absoluto. Caras de horror entre los aficionados mientras se escuchaban los gritos de dolor de la estrella de Minnesota. No hubo gloria final para una de las deportistas más grandes de la historia del esquí alpino, un icono que cierra su etapa profesional de la peor manera.
Con 40 años y el cuerpo baqueteado, decidió volver en 2025 tras seis años de retiro. Aspiraba a una cuarta medalla olímpica, a ser posible un segundo oro después del conquistado en el descenso de Vancouver 2010. Tardó en recuperar el ritmo, pero cuando lo hizo volvió a ser imparable: ya con 41 años, nueve salidas en la Copa del Mundo esta temporada y siete podios, con dos victorias que elevaron su cuenta hasta las 84. Aparte de su cuarto puesto en el supergigante de Sankt Moritz solo falló en el fatídico descenso de Crans Montana. Era líder destacada de la Copa del Mundo en la especialidad más rápida del esquí.
Veía tan cerca el éxito en Cortina que la rotura del ligamento cruzado de su rodilla izquierda, la sana, no la detuvo. «Mi sueño olímpico no ha terminado», dijo al confirmar que competiría pese a la lesión. Su actuación en los entrenamientos pareció corroborar su buen estado de forma: undécima el primer día, tercera en el segundo. Pero en el momento decisivo algo falló. Vonn, con el dorsal 13 en el pecho, tomó el primer gran giro a derechas y se desestabilizó. Fue una caída seca, que la dejó en posición semisentada, con cada rodilla orientada hacia uno de sus costados e incapaz de levantar un palmo la cabeza.
«Todos sabemos las dificultades por las que ha pasado Lindsey estos últimos días, y al venir a la carrera, creo que simplemente se exigió demasiado y arriesgó demasiado, y por eso puede ocurrir este tipo de accidentes», explicó poco después de la carrera la eslovena Tina Maze, campeona olímpica de descenso en Sochi 2014 y actual comentarista de Eurosport. «Por supuesto, si no estás en buen estado de salud, las consecuencias son aún peores. Pero todos conocemos a Lindsey. Es ella, es su decisión, quería hacerlo sin importar nada y eso es lo que está haciendo. Es muy duro para todos los que estamos aquí ver esto, especialmente para su familia, sus compañeros de equipo y todos los que trabajan con ella. Es terrible para todos».
Vonn acabó siendo evacuada en helicóptero ante el aplauso general de un público que soñaba con vivir un momento histórico, y acabó asistiendo a una durísima tragedia.
La caída de Vonn interrumpió la competición durante largos minutos, mientras era atendida en mitad de la pista por los servicios médicos. Hasta entonces, su compatriota Breezy Johnson dominaba el descenso. La estadounidense había marcado un tiempo de 1:36.10, cuatro centésimas mejor que la alemana Emma Aicher. Tras el accidente, y aún con varias favoritas por salir, costó recuperar la normalidad.
Solo la italiana Sofia Goggia logró sobreponerse al ambiente depresivo que se instaló en Cortina y firmó una bajada en 1:36.69, que le otorgó el bronce, con 27 centésimas de ventaja sobre la también estadounidense Jacqueline Wiles. Goggia, oro en PyeongChang 2018 y plata en Pekín 2022, completa así su colección de medallas en los Juegos de Invierno. «No fue fácil… pero tuve suerte en ciertos aspectos porque logré mantenerme concentrada en mí misma, y el hecho de no saber qué habían hecho las otras chicas me ayudó a no salirme de mi enfoque», diría después la transalpina.
Breezy Johnson, de 30 años, con un solo podio esta temporada -precisamente en Crans Montana- y aún sin victorias en la Copa del Mundo, suma el oro olímpico al título mundial conquistado el año pasado en la estación austriaca de Saalbach. Una esquiadora de grandes citas.
«Tengo corazón roto por Lindsey», dijo en primer lugar la nueva campeona , la primera medallista estadounidense de estos Juegos y la segunda en toda la historia en conseguirlo para los Estados Unidos, después de la propia Vonn. «Nunca quieres eso para nadie, y especialmente para una de tus compañeras. Merecía un final mejor que ese».