2025 era un año que empezaba sin muchas promesas culturales. Con un centro político desplazado a la derecha, el tecnofeudalismo ya completamente instaurado, listo para convertir nuestro tiempo de producción y ocio en tiempo de consumo, y las inteligencias generativas sustituyendo al gusto, nuestro año estaba abocado a ser más un adiós a algo que una continuidad de algo.
Sí, el upbeat que marcó la década previa ha sido desplazado por el aburrimiento europeo de la escuela de Copenhague (ML Buch, Astrid Sonne, Smerz…), que ha marcado el tono general de la producción musical. Cada año nos empeñamos en analizar el ethos y el pathos musical hablando de cambio de paradigma, de nuevos códigos y sensibilidades dentro del pop… justificando en última instancia que se abrazan las raíces para aplacar un desarraigo fruto de una globalización cada vez más descarnada. O por el contrario, hablamos de un nihilismo que mira cara a cara a aquella época circa 2008 en la que nada nos preocupaba porque éramos hijos de la recesión.
En cierto modo, este ennui nórdico, a medio camino entre una cosa y la otra, ha traído consigo otro fenómeno: una renovada apreciación de bandas que despliegan sobre el escenario cierto virtuosismo (un ejemplo sería Geese, paradigma de banda joven y ambiciosa, con su mirada puesta en el directo; otro sería la nueva formación de Black Country, New Road tras la marcha de su antiguo líder). Este resurgir de la pericia interpretativa quizá responde a un cansancio del concepto de show como voz, coreografía y cambio de vestuario (aunque Lorde, Selena Gomez e incluso Aitana aún sean capaces de ofrecer cosas jugosas desde el mainstream). En cualquier caso, la idea del artista como marca, que convierte al oyente en vasallo, está llegando a su ocaso. La desconfianza ante las grandes corporaciones –cuya maldad inherente no es algo nuevo, pero el hoy conocido apoyo a las más abyectas políticas está siendo la gota que colma el vaso–, unido al agotamiento de las playlists de éxitos del muy cuestionado –aunque aún hegemónico– Modelo Spotify está haciendo resurgir la figura del curator, alguien que haga de filtro siguiendo su propio gusto y no las previsibles lógicas de mercado.
Con ese ánimo ofrecemos esta selección de 30 canciones. Nos perdonarán haber obviado el giro místico de Rosalía. No necesitan que nadie les descubra tal fenómeno, seguro que ya están al tanto. Preferimos recomendar la mirada melancólica, y la afilada crítica al colonialismo que nos brinda el último disco de Bad Bunny (una de las pocas estrellas del urban latino que sigue en plena forma), o la recomendable vuelta al ruedo de colosos del britpop noventero, como Suede o Pulp, que disputan la atención a nuevas promesas del art rock, como Geese, Wednesday o bar Italia.
El 2024 hablábamos de neofolklore y del “brat summer” que protagonizaba una exultante Charli XCX. No importaba el bajón químico de la mañana siguiente, puesto que éste se aplacaba repitiendo el ciclo. Un año después, la resaca ha acabado llegando en forma de hastío y pesimismo. Este es el contexto desganado e irónico en que ha surgido el pop más original de 2025, un pop basado en la exploración de lo esencial, en definirse uno mismo, redescubrirse y resignificar el contexto, no sin cierto humor negro. Así, partiendo del caos y el conflicto, se ha alcanzado una pureza basada en la reafirmación del ser y en la reivindicación del deseo propio, singular e intransferible. ¿Acaso hay mejor prescripción para estos tiempos siniestros que creer de forma insensata en el discurso propio? Nuestro número uno, una canción crepuscular de apego feroz, compuesta por una fabulosa nueva banda de rock de veinteañeros que ha sacado ya su cuarto disco, nos dice que ésta es la mejor forma (¿la única quizá?) de afrontar lo que se nos viene encima.
1. Geese – Au pays du cocaine
2025 ha sido el año de Cameron Winter y la banda que él lidera. 25 días separaron Love takes miles de ser la mejor canción de este año y la convirtieron en el regalo sorpresa de la navidad pasada, incluida en su debut en solitario, que se publicó el 6 de diciembre de 2024. Y nueve meses después, en septiembre, nos encontramos con este conejo que estaba escondido en esa chistera que es Getting Killed, el cuarto álbum de Geese, uno de los omnipresentes (por méritos propios) en las listas de mejores álbumes de este 2025. Porque Au pays du cocaine es la mejor canción del año. Un relato de adicciones afectivas que se escapan como marinero de luces envuelto en un abrigo verde. Una última súplica antes de entregarse a la derrota. Un aliento exhalado ya sin fuerzas.
En el país de las adicciones tan catastrófico puede resultar escapar de ellas como dejarse llevar. E imposible resultar victorioso. Pero Cameron llora un último reclamo de atención. Si las reglas no nos funcionan, cambiémoslas; si el lazo se ha roto, dejémoslo ir; si el barco ha partido, esperemos a que vuelva. Pero, por favor, no me dejes así. No aquí. M.D.
2. Bad Bunny – DtMF
DeBí TiRAR MáS FOTos –el disco– tenía singles indiscutibles, como las muy salseras NUEVAYoL y BAILE INoLVIDABLE. Por eso es justicia poética que el mayor hit haya acabado siendo este emocionante collage de conversaciones, namedropping de amigos y charanga de borrachos que da nombre –y sentido– al mejor disco de Bad Bunny hasta la fecha. “Debí tirar más fotos de cuando te tuve, debí darte más besos y abrazos las veces que pude” es la frase definitiva para corear abrazado a los amigos, pensando en viejos amores, sí, pero también en los que ya no están, o en esa ciudad de tu juventud que desapareció bajo un alud de alquileres vacacionales y tiendas de suvenires. Canto ebrio al amor, la amistad y el sentido de pertenencia, y homenaje a una ciudad –San Juan de Puerto Rico– que representa a todas las ciudades destrozadas por el cáncer del turismo. Desde todos los lugares del mundo cuya esencia está en riesgo de extinción, por culpa de los excesos del turbocapitalismo, cantamos con Benito, con los ojos húmedos, “ojalá que los míos nunca se muden.” Y rezamos luego “Y si hoy me emborracho, que Beno me ayude”. M.G.M.
3. Lily Allen – 4chan Stan
Lily Allen cerraba su biografía My thoughts exactly con este párrafo: “I am writing this to tell my story because telling stories is important […]. When women share their stories, loudly and clearly and honestly, things begin to change – for the better. This is my story”. Esta convicción ha atravesado siempre su música y explica la solidez de su último álbum. Lily posee un talento único para lo confesional, que se refina en West End Girl, que llegó por sorpresa y se ha convertido en uno de los mejores álbumes de su carrera. Pocas personas podrían haber aterrizado una canción como 4chan Stan sin caer en lo sonrojante, caminando sobre esa fina línea que separa la autoficción y el hablar demasiado, y haciéndolo fiel a su estilo, con esas melodías pop con influencias del R&B y el reggae. Yo, personalmente, llevo todo el otoño tarareando What a sad, sad man… It’s giving 4chan stan. C.S.
4. Miami Horror (con Telenova) – We’re All Made of Stars
Miami Horror propone un juego melancólico que puede que no haya inventado la rueda musical, pero sí presenta un tema honesto, apoyado en un synth melancólico y la cálida voz de Angeline Armstrong, que invita bailar, a llorar o a un consuelo de confort. Una invitación a mirar a esas estrellas del título con la esperanza de que se haga realidad lo prometido en la letra. Una canción que funciona en forma de abrazo, y que se mueve en un equilibrio bien balanceado que hace que no caiga en el precipicio de la cursilería cósmica. A.P.L.
5. Lorde – What Was That
El deseo del tiempo pretérito, una vida que se desmorona y las consecuencias, tanto físicas como mentales, del proceso. Sobre esto y más canta Lorde a lo largo de su cuarto álbum de estudio, Virgin, un trabajo basado en re-descubrirse y re-definirse, algo que dejó claro con este primer adelanto, What Was That. Esta canción cogía el testigo del orgánico Solar Power para abrazar, de nuevo, el pop sintético más cercano al Melodrama y el análisis de relaciones pasadas, su identidad y la relación con su cuerpo, cuyo fin busca la renovación y ser, si no de nuevo ella, una versión más pura de sí misma. M.L.
6. Pulp – Spike Island
La isla Spike fue un monasterio, una fortaleza, una prisión y, finalmente, el recinto en que se celebró el mítico concierto de Stone Roses de 1990, que revolucionó la música británica. Por eso, no es extraño que Pulp haya convertido esta isla de Cork en una alegoría del paréntesis trascurrido desde su disco anterior, de 2001, hasta su celebrada vuelta este año. Durante ese tiempo “the universe shrugged, shrugged then moved on”, se encogió de hombros y siguió adelante. ¿Qué te trajo de vuelta de la isla, Jarvis, como a los protagonistas de Perdidos, a bordo de este crepuscular y plácido medio tiempo? “It’s a gift, no idea. It’s a feeling.” M.G.M.
7. FKA Twigs – Striptease
Striptease es una canción cuya musicalidad se desarrolla desde la introspección electrónica de ritmos y formas casi desesperadas, hasta acabar por desatarse en algo puramente bailable, que no pierde en ningún momento lo que parece el erotismo del desnudo personal. Y es que Striptease va justamente de eso, no tanto de códigos de atracción en el aspecto carnal, sino de hacerse prácticamente una vivisección, una autopsia en carne viva de lo que FKA Twigs es, lo que quiere y lo que desea. Un empoderamiento desde las entrañas, sin perder un ápice de sensualidad. A.P.L.
8. Suede – Dancing with the europeans
Agosto de 1996. Estamos en la playa, subidos al coche con los pies fuera quitándonos los restos de la arena, cada uno en uno de los asientos delanteros, espalda contra espalda En la radio está sonando una canción nueva de Suede. Al girarnos para entrar y cerrar las puertas, observo que ella ha llorado.
Mayo de 2017. Empiezan los acordes de Trash y el público explota en comunión con la banda. Siento la emoción en la cara de Brett. Busco un número en el móvil, llamo, y lo levanto entre cabezas que saltan. Ojalá pudiera entender cómo me siento ahora mismo. Ojalá vea que todo esto está también en Dancing with the europeans. M. D.
9. Ruth Radelet, Nat Walker y Adam Miller – The Wild Unknown
Más que una canción, Ruth Radelet nos invita a un viaje de cariz sentimental. Llevándonos a un mundo de soledad fluorescente, de nostalgia sci-fi, de un tiempo y un lugar (una especie de 80’s cinematográficos) en el que nunca hemos estado. Ese el gran mérito de la canción, tener ese aire dreamy, una atmósfera envolvente, triste y cálida a la vez, que sigue la dinámica que nos ofrecía Chromatics: la música como agencia de viajes para la mente y el corazón. A.P.L.
10. Jens Lekman y Matilda Sargren – On a pier, on the Hudson
Un muelle del río Hudson es el escenario de una despedida sobre una base de house old-school. Jens y Matilda Sargren vistiendo Nueva York de cemento gris. Si tu corazón está lleno es fácil sentir el calor del pavimento bajo tus talones, pero hoy no es uno de esos días. Ella se sube a un taxi, se deja abrazar por él, y se despide.
On a pier, on the Hudson remite a los años en los que el vogue era algo marginal y lo viste de la delicadeza indie pop que poca gente tiene al nivel de Jens Lekman. No estamos seguro de que se haya ido alguna vez, pero sí de que ha vuelto a lo grande con estas canciones para bodas ajenas que conforman su álbum de 2025. M.D.
11. bar italia – Fundraiser
El trío londinense bar Italia cada vez suena mejor y, ya despojado del misterio que les envolvía, lanzaron el segundo adelanto de su álbum, Some Like it Hot. Una canción divertidísima en forma de diálogo entre los tres, un hit guitarrero dentro de un disco desacomplejado, misterioso y sexi, plagado de todas esas cosas que solo pueden suceder por la noche: copas, malentendidos, persecuciones y romances. C.S.
12. caroline – Total Euphoria
caroline son abanderados de una nueva tendencia en la música de esta última década: el academicismo musical, la “música de superdotados”, el maximalismo y el acercamiento al pop desde lo oblicuo y el folk. Eso sí, un folk tan espacioso como una catedral, algo destartalado y que no termina de aterrizar nunca. Ingredientes que no deberían funcionar, pero que enTotal Euphoria acaban por configurar una sucesión de pa(i)sajes que podrías estar transitando durante años, en bucle, y te seguirán poniendo la piel de gallina cada vez. M.L.
13. Ela Minus – QQQQ
En el segundo álbum de la colombiana Ela Minus el club se deconstruye para servir de vehículo sanador o, al menos, cicatrizador. En QQQQ Gabriela implora que, si todo va a ser así, que se acabe el mundo, si todos estamos de acuerdo en que este es el fin de los tiempos, yo prefiero que se acabe aquí. Y sobre esas palabras apocalípticas trenza una oda al baile y la comunión. Sin embargo, QQQQ está estratégicamente situada a mitad del disco DÍA. El mundo no solo no se acaba, sino que resurge tras la catarsis, se abre a un nuevo escenario donde, ahora ya en inglés, se habla de tratar de ser mejor y de que estamos ante el primer día de su vida, para finalizar señalando que los pájaros que nacieron en cautividad no le tienen miedo a nada. Ela Minus, al menos, no. M.D.
14. Black Country, New Road – Happy Birthday
Una canción dedicada a los puer aeternus del mundo, los caprichosos, los inmaduros, los eternos insatisfechos. Cheer up, child, the world don’t owe you a thing, nos canta Tyler Hyde tras la reorganización de la banda provocada por la salida de Isaac Wood. En Forever Howlong, Black Country, New Road abre una deriva trovadoresca, ficcional, divertidísima, que ha desconcertado a parte de su público y conquistado a aquellos que han aceptado entrar en ese espectáculo teatral. C.S.
15. Molly Nilsson – How Much Is the World
Molly Nilsson nunca deja de estar en forma, y en Amateur tiene el músculo de componer himnos más desarrollados que nunca. Asentada en su parcela independiente –donde rebelión significa hacer música desde sus propias reglas– nos regaló este primer single donde, a través de una melodía coreable, retoma los mismos temas en torno a los que orbita siempre: en medio de este contexto neoliberal que nos vacía a nosotros y a todo aquello a lo que amamos, ¿cuánto cuesta el mundo?, ¿qué precio tiene una vida? C.S.
16. BLACKPINK – Jump
BLACKPINK es lo más grande que le ha pasado al pop en los últimos años – basta ver sus ventas masivas y la popularidad de las integrantes, labrada a base de disciplina férrea de trabajo y una fórmula que han ido perfeccionando canción a canción. Jump es el único single que han lanzado este año y no les ha hecho falta nada más (y nada menos) para hacer que el público caiga ante ellas. Son la definición de earworm y pop banger. Ellas lo saben y, ahora, vosotros también. M.L.
17. Wednesday – Reality TV Argument Bleeds
Wednesday atrapa en una jarra, como quien caza una abeja, la textura mágica del ruido iridiscente de bandas como My Bloody Valentine o los primeros Mercury Rev. Luego lo ilumina todo con la luz especial que da la voz y la pluma de Karly Hartzman, convirtiendo la abeja en una luciérnaga de neón. En esta canción, que abre el formidable Bleeds, la luz parpadeante es la de la televisión, que derrama discusiones de realities sobre una decadente relación amorosa, llena cuerpos que se arrastran y “consejos de polla rota”. La fascinación es instantánea. I saw the TV glow! M.G.M.
18. Sharp Pins – Every Time I Hear
Podríamos decir que esta canción de Sharp Pins nos suena a algo ya conocido. Sí, a las melodías diáfanas que surgían entre la suciedad de las guitarras lo-fi de los mejores Guided By Voices; también al inolvidable tino melódico de Teenage Fanclub. Por tanto, a Alex Chilton y sus Big Star, el Espíritu Santo que iluminó todas estas melodías gloriosas que retumban en nuestras cabezas. Porque nadie inventa nada, pero todos queremos escuchar una nueva canción pop que prenda nuestros viejos corazones. M.G.M.
19. Selena Gomez & Benny Blanco – Don’t wanna cry
El disco de la pareja formada por Selena Gomez y Benny Blanco puede resultar bastante irregular, pero es fácil encontrar gemas de pop clásico como este medio tiempo que une lazos entre la década de los ochenta y 2025, con un estribillo que podría haberlo firmado cualquier diva presente o pasada. Tal vez no tenga el impacto de Ojos tristes, la revisión del clásico de Manuel Alejandro, pero a los hispanohablantes Selena no nos descubría la inmensidad del tema que interpretó Jeanette, que lleva décadas formando parte de nuestra cultura musical. M.D.
20. Aitana – Segundo Intento
Hace algo más de dos décadas Nick Hornby se preguntaba aquello de “¿escucho música pop porque estoy triste o estoy triste por escuchar pop?”. No es fácil responder a esta pregunta, pero sí podemos afirmar que el pop es el vehículo ideal para abrazar la melancolía y bailar con lágrimas en los ojos. Un clásico que CHVRCHES o Robyn han hecho y, ahora, Aitana. La cantante les recoge el testigo con CUARTO AZUL, rubricando un álbum que funciona como diario de desahogo en clave electrónica, que nos atrapó desde el primer momento con ese juego de alto gramaje synthpop titulado Segundo Intento. Perfecta. M.L.
21. Rocket – Wide Awake
“A clynical way to make a cynical sound” es más que una frase. Es el manifiesto que Rocket lanza en forma de sonido autoconsciente para advertirnos que la nostalgia no es más que una máquina de generar tristeza. Una canción que opta por el desencanto noventero mientras juega a una revolución ya televisada. Guitarras afiladas con pullas a diestro a siniestro en su letra. Puede que suene a manufactura industrial, pero su mala leche, en absoluto contenida, la posiciona como must para los que creemos que cualquier tiempo pasado fue mejor (spoiler: no es verdad). A.P.L.
22. OKLOU (con Bladee) – Take me by the hand
Algo que ha marcado el pop este año es el alumbramiento de Choke enough, el debut en largo de Oklou, un estreno que ha cumplido sobremanera con las expectativas creadas en torno a su música, la cual está basada en una voz suave, arreglos algo barrocos de sintetizadores y una nostalgia que ha encontrado el molde ideal en la reivindicación Y2K de los últimos tiempos. Todo ello cristaliza a la perfección en cortes como este Take me by the hand que tenemos a bien destacar. M.L.
23. Guitarricadelafuente – BABIECA!
Guitarricadelafuente ha vivido un dulce 2025 con Spanish Leather, un trabajo catártico donde el artista ha ido siguiendo su instinto tanto a nivel lírico como musical. Para muestra esta Babieca! que abre el trabajo con una producción entre lo orgánico y lo electrónico, con una letra directa repleta de belleza y momentos absolutamente coreables. M.L.
24. Smerz – Roll the dice
You’re a girl in the city, and you shouldn’t think twice. Contra el maximalismo y el upbeat de los 2010s, los 2020s son la era de Smerz, de las chicas lacias, la de la emocionante y a la vez aburrida noche europea, la de probar suerte entre humo y copas de vodka con vichy. El pop monótono y hastiado de Copenhague ha sido la verdadera banda sonora de 2025. And when you start to get bored, take your jacket and run. C.S.
25. Momma – I Want you (fever)
Momma, con I Want You (fever), hoy son indies cuando ayer hubieran entrado directamente en el mainstream de eso que en los 90 se calificaba como Alt-Rock. La influencia es evidente: desde los Smashing Pumpkins, pasando por riffs nirvaneros, hasta la vocación de ser una nueva suerte de Hole. Un melting pot que podría calificarse de poco original, cierto, pero que construye por momentos, desde el lema keep it simple, un muro de sonido compacto y a la vez tarareable. Puede que de entrada no parezca nada nuevo, pero resulta honesto a carta cabal. Guitarras es lo que pedíais y guitarras es lo que se os da. A.P.L.
26. Beach Bunny – Just Around The Corner
Just Around the Corner es pop pegadizo con trazas sutiles de punk, que la convierte en un hit saltarín inmediato. Pero no nos dejemos engañar por su estética bubble pop sacada de The Archies. Su denuncia a una realidad marcada por la velocidad y las fake news parecen más propias de Rage Against The Machine. Aunque eso sí, más expositiva que reivindicativa. Juguetona en la formas y negrísima en sus conclusiones. Beach Bunny firman un punk de color de rosa para celebrar el apocalipsis social mientras saltamos con lágrimas en los ojos. A.P.L.
27. Kiev cuando nieva – Peine
Que no nos engañe el nombre de nuestro grupo oscense favorito, Kiev cuando nieva, pues no son frías y nevadas las canciones de su último disco, “Duermen los discos”. Al contrario, son delicadas piezas de sunshine pop, que dan un brillo californiano a escenas cotidianas, a veces campestres, otras urbanas. Como en esta maravillosa “Peine”, que nos introduce en las idas y venidas de la conversación cotidiana, no como un nadador que se sumerge en el mar, sino “como un peine que, con todas sus púas, se hunde en el pelo”. Explicando, con arte de lingüista y espíritu de beach boy, el porqué de nuestros peinados. M.G.M.
28. Amantes del futuro – Vuelve
Amantes del futuro es el proyecto de cumbia digital del productor Immanuel Miralda, desde donde impregna el ritmo del sonidero de sabor sónico. En la versión rebajada de Vuelve, los bpm se ralentizan y las melodías se arrastran para que la historia de desamor de siempre aquí rezume un dramatismo especial. Desde México, y parafraseando al Mexican Institute of Sound, Amantes del Futuro llegan para seguir demostrándonos que la cumbia puede llegar a ser como el techno, y que los ritmos latinos pueden resultarnos incluso más cercanos. M.D.
29. Model/Actriz – Cinderella
Después de la fuerte apuesta de su primer disco, Model/Actriz no lo tenían fácil para volver a sorprender a su audiencia. Sin embargo, han logrado trasladar la intensidad de sus directos a su nuevo álbum. Menos opaco y más vulnerable, en Cinderella Cole Haden nos cuenta –a través de su soliloquio interior en una primera cita– la historia de cuando con cinco años quiso vestirse de Cenicienta para una fiesta pero, finalmente, se echó para atrás. Esta honestidad envuelta en sus ritmos violentos afianza la identidad de Model/Actriz en esta yuxtaposición entre vulnerabilidad y crudeza. C.S.
30. Greg Freeman – Gallic Shrug
Greg Freeman parece el resultado de mezclar el clasicismo redentor de Bruce Springsteen con la mirada torcida (y la dicción slacker) de Stephen Malkmus. Y así le salen canciones como Gallic Shrug que, con ese encogerse de hombros y fruncir el ceño característicamente francés, mira con resignación los desencuentros de una pareja infeliz, descrita con metáforas beodas, como “my key is bent, your lock won’t open”. Una llave doblada que no entra en la cerradura, y que da la razón a Lacan, quien, con ese mismo gesto galo, exclamaba “il n´y a pas de rapport sexuel!” M.G.M.