Uwe Boll ha sido el nombre que los críticos de cine utilizaban como amenaza. El director alemán se convirtió en una figura casi mitológica del desastre audiovisual gracias a sus temerarias adaptaciones de videojuegos -como ‘House of the Dead’ o ‘Alone in the Dark’-, películas … que desafiaban no solo la lógica narrativa, sino también la paciencia de cualquier espectador. Sin embargo, Boll nunca fue un cineasta silencioso ni sumiso ante el desprecio; al contrario, respondió a las burlas con una agresividad inédita en la industria, llegando a retar a sus críticos más feroces a combates de boxeo reales para defender su honor y su obra.

Tras esa fachada de púgil y «peor director del mundo», se esconde un hombre de convicciones de hierro que hoy, años después de sus mayores catástrofes, vive una inesperada reivindicación. En festivales como la Cutre-Con de Madrid, su cine ya se ve como una forma de resistencia. Su nombre acaba inevitablemente unido al de Ed Wood, el director que en los años cincuenta filmó convencido de estar haciendo grandes obras mientras la historia lo convertía en el rey del cine malo. Ambos comparten esa fe ciega en sí mismos, esa incapacidad para leer la sala y ese talento único para hacer de cada error un estilo. Wood tuvo platillos volantes de cartón; Boll, videojuegos, CGI y puñetazos. Quizá por eso, cuando se dice que es el próximo Ed Wood, no suena a insulto, sino a diagnóstico.

—Cuando vio sus películas por primera vez… ¿pensaba que eran buenas?

—Depende. Con ‘House of the Dead’ y ‘Alone in the Dark’, sí. Están muy centradas en la acción, entonces la historia se cae por sí misma, digámoslo de esta manera. Pero también hice otras que sí que creía que eran muy buenas, ¡y me gustaron!, pero creo que no se pueden comparar. Hice tantas películas diferentes, tantos géneros, tantos estilos… Tarantino solo hizo buenas películas porque solo hizo nueve, con años de planeación, pero nueve.

—¿Cómo y cuándo aprendió a reírse de su propia carrera y de sus propios trabajos?

—El cambio fue cuando sucedió la pelea de boxeo con los críticos durante ‘Postal’. Fue la mejor elección: dejar de intentar reírme del público o de los críticos (aunque también lo hiciera) y entender que obsesionarse con eso era estúpido. Necesitaba centrarme en mi trabajo y dejar de dar excusas; no tengo por qué pedir perdón por esto o aquello. Fue un cambio positivo. En los últimos años he notado que mucha gente empieza a juzgarme de manera diferente y a admitir que he hecho algunas películas realmente buenas. Si has sentenciado que Uwe Boll hizo la peor película de la historia con ‘House of the Dead’, luego te cuesta mucho escribir que ‘Dark 4’ es excelente. Prefieren decir que una película es solo «decente» antes que admitir que es muy buena. Les cuesta saltar sobre su propia sombra.

—¿Se lleva bien con los críticos?

—Bueno, pienso que los críticos ahora solo escriben basándose en lo que dicen otros críticos; no hacen su trabajo correctamente. Hay críticos que no ven la película entera: se quedan con el trailer y luego escriben la crítica. Si ellos no se toman su trabajo en serio, entonces yo tampoco voy a hacerlo. También siento que muchos críticos no saben cuánto trabajo requiere hacer cine. Es muy complicado y toma un año o más terminar un proyecto hasta que la postproducción está lista. Incluso si una película no resulta ser buena, todavía deberías honrar el esfuerzo y el trabajo que hay detrás de su creación.

«Los críticos ahora solo escriben basándose en lo que dicen otros críticos; no hacen su trabajo correctamente»

—¿La crítica ha cambiado con los años?

—Después de aquello me vieron con ojos diferentes y fueron un poco más suaves con mis películas. Mucha gente, especialmente sobre ‘Rampage’ o ‘Assault on Wall Street’, dice: «Mira, cuentas las cosas como son». La tercera parte de ‘Rampage’ se hizo antes de que Trump fuera presidente por primera vez. Y la forma en la que termina es como una revolución en América; una revolución violenta con gente atacando la Casa Blanca y disturbios en las calles. Fue muy visionario. Nadie vio venir que se pudiera hacer una película sobre una guerra civil en Estados Unidos antes de que Trump llegara al poder. Ahora estamos muy cerca de eso; el paisaje político real es una locura. Muchas de las cosas que dice Bill Williamson, el protagonista, dan en el clavo: al final, todo se resume en ricos contra pobres. Es muy radical, pero va directo al punto. Cada vez más personas en el mundo se sienten totalmente perjudicadas por la política.

—¿Siente que sus películas tienen más personalidad que las más taquilleras o las más vistas de Netflix?

—Claro que sí, y creo que es muy importante darse cuenta de ello. Cuando hice el guion de ‘Zombie Island’ como una secuencia de ‘House of the Dead’, Lionsgate pasó el texto por su IA y dijeron que era muy malo, y yo dije: ‘No, ese es el punto’. No puedes analizar ‘House of the Dead’ de forma convencional: es ‘camp’, es estúpida. La IA está entrenada para juzgar un guion como cine de horror tradicional. El programa arruinó el guion porque los personajes hacen cosas malas, cometen errores y no actúan con lógica. Y creo que ese es otro problema: la IA solo puede juzgar basándose en las informaciones que ya tiene.

—¿Cree que ahora mismo no se están haciendo películas con personalidad y presencia?

—Hay muchas personas que hacen películas para los críticos, para los festivales o para pequeños nichos artesanales, solo por el hecho de ocupar ese espacio. Saben que esa película será celebrada y que eso les servirá para conseguir dinero para el siguiente proyecto, pero no piensan en la historia que realmente quieren contar. Tuvimos una gran discusión sobre ‘The Brutalist’ y creo que nadie verá esa película en cinco años. Carece de la fuerza necesaria para transmitir lo que realmente quiere contar. Pero claro, como dura tres horas y Adrien Brody consiguió una nominación, todo el mundo habla de ‘The Brutalist’, aunque luego a nadie le importe una mierda la película. El cine se ha convertido básicamente en una campaña; intentan dotar a las películas de un estilo que la gente se sienta obligada a amar, pero al final están vacías.

«Hay muchas personas que hacen películas para los críticos, para los festivales o para pequeños nichos artesanales, solo por el hecho de ocupar ese espacio»

—Piensa que no hay impacto cultural.

—Sí. ¿Dónde están las emociones? Cuando tengo opiniones soy muy apasionado y lucho por ellas. Es lo mismo que sentía con el joven Oliver Stone, por ejemplo. Él era un revolucionario; hacía cosas en las que se sentía que, aunque la narrativa oficial fuera mala, sus películas iban a imponerse. Eso es lo que me gusta: que el cine puede ser mucho más, puede proponer algo totalmente diferente que cambie la situación. Los cineastas de antes, como Luis Buñuel, Carlos Saura, Truffaut o Godard, pertenecían a esa época. Sus películas importaban. Pero luego todo eso desapareció; el cine europeo de hoy no tiene un impacto político real. No creo que sean películas verdaderamente políticas.

—¿Cree que el público de hoy es demasiado sensible y que eso hace que los directores, en parte, también lo sean?

—Sí, totalmente. Intentan vender cosas como valientes, pero no lo son. Creo que las películas valientes necesitan herir a la gente, a una parte de la población o al establecimiento político. Una película es valiente cuando provoca que la mitad de la audiencia diga: ‘Esto no debería estar permitido, quítenlo de la pantalla’. Esas son las películas valientes, y siento que eso ya no existe ni siquiera en los márgenes.

—¿Se le ocurre algún ejemplo?

»Rompiendo las olas’ me cambió. Cuando la vi no tenía ninguna expectativa; estaba en Colonia, no conocía a Lars von Trier, y al verla me pregunté: ‘¿Pero qué diablos es esto?’. Fue una gran experiencia cinematográfica. Que Emily Watson tenga que acostarse con desconocidos para que su esposo mejore es una locura; la historia de ‘Rompiendo las olas’ es demencial. Tienes que sufrir para que los demás mejoren; es como Jesús en la cruz. No era una película política, pero fue muy valiente hacer algo así. Sentí lo mismo con ‘Celebración’ de Vinterberg, o con Ulrich Thomsen en mi película ‘Run’. Hoy hacen biopics de Bob Dylan, de Bruce Springsteen o ‘Marty Supreme’. Son películas con buenos actores, pero no tienen nada que decir. No dicen nada sobre nosotros, sobre cómo vivimos o cómo existimos.

«Cuando hice ‘Alone in the Dark’, los productores veteranos de Hollywood me preguntaban qué quería hacer con eso, pero la realidad es que nunca me habrían hablado si solo hubiera tenido un buen guion»

—¿Qué piensa acerca de las nuevas adaptaciones de videojuegos?

—Son mucho mejores que las anteriores. ‘Warcraft’, ‘Assassin’s Creed’, ‘Prince of Persia’… se gastaron cientos de millones de dólares y no eran buenas. La primera temporada de ‘The Last of Us’ fue una obra maestra; ahora, creo que la segunda temporada debería ser la última. ‘Fallout’ es genial. En general, un producto es mucho más comercial si tienes un videojuego detrás. Cuando hice ‘Alone in the Dark’, los productores veteranos de Hollywood me preguntaban qué quería hacer con eso, pero la realidad es que nunca me habrían hablado si solo hubiera tenido un buen guion; ni siquiera me habrían contestado los correos. Si tienes un videojuego, todos quieren hablar contigo, y más ahora. Algunos están muy preocupados por el uso de IA.

—Incluido usted.

Es muy peligrosa. Hay dos niveles. El primero es que tendrás noticias falsas completamente fotorrealistas; creerás que Putin te está hablando, o Zelenski, o quien sea. El segundo nivel es que se perderán muchísimos trabajos en la industria del cine debido a la IA: CGI, VFX, lectura de guiones, diseño web, producción de tráileres… En tres o cuatro años, apretarán un botón y todo saldrá del computador; no necesitarás ni actores. Irán a los actores y les dirán: «Mira, eres un desconocido, te doy mil dólares por fotografiarte y serás el héroe de mi película, pero no te necesito aquí». Las grandes empresas tecnológicas ganarán todo el dinero mientras despiden a la mitad de los trabajadores. Es una gran amenaza para la civilización. ¿Cómo va a ganar la gente un salario? No soy nada optimista con la IA en general; creo que también es un gran arma de guerra.