Walter Szczerbiak (Hamburgo, 76 años), un 8 de febrero de 1976, desató una tormenta de fuego nunca antes vista en el baloncesto español, 65 puntos ante el Breogán que, a día de hoy, siguen siendo la mejor marca jamás registrada en nuestras … fronteras. Cuatro jornadas antes, el cronista del diario ‘As’ Carlos Jiménez le había suspendido tras su pobre actuación ante el Águilas de Bilbao, donde solo había sumado seis puntos. «Zombi» o «reflejos aletargados» fueron algunas de las palabras que utilizó el periodista para tocarle el orgullo al legendario alero que, como en los mejores westerns, se tomó la justicia por su mano. Así, en la visita de los gallegos, Szczerbiak puso todo su talento sobre la cancha para firmar una actuación antológica: 25 de 27 en tiros de dos y 15 de 17 desde la personal para alcanzar la inigualable cifra, y eso que no existía la línea de tres.
50 años después, el pasado domingo, la ACB no quiso desaprovechar la oportunidad y orquestó un emotivo homenaje al exjugador en el centro de Madrid, rodeado de su familia y de antiguos compañeros como Lolo Sainz, Wayne Brabender, Vicente Ramos o José Luis Llorent y en el que el mito, con su inconfundible bigote y con una sonrisa, sacó unos minutos para charlar con ABC sobre una carrera y una vida inigualables.
-¿Qué se siente al recibir este homenaje después de tantos años?
-Siento una alegría tremenda. Cuando me llamaron para decirme que me iban a pagar el viaje para venir a Madrid, que me iban a hacer un homenaje, poner un documental… yo estaba en casa, ¿sabes?, con mi vida normalita. Me ilusionaba muchísimo la idea de volver aquí, donde viví siete años, con la posibilidad de ver a mis excompañeros, a los que considero como si fueran de mi familia, y celebrar con ellos que la ACB iba a homenajear el 50 aniversario de los 65 puntos. He pasado los últimos 50 años algo desapercibido, pero el hecho de que la liga española haya tenido la iniciativa para crear este día tan especial, e incluso invitando a la prensa para darle tanta importancia… Estoy bastante emocionado y agradecido a la ACB por acordarse de nosotros.

Szczerbiak, durante su entrevista con ABC
Ignacio Gil
-Es de padres ucranianos, nace en Alemania, crece en Estados Unidos y se convierte en leyenda en España. Pero, ¿de dónde se siente Walter Szczerbiak?
-Yo soy una persona universal, porque nací en un campo de refugiados de la Segunda Guerra Mundial en Hamburgo y me hice americano con 16 años. Después, cuando llegó la oportunidad de venir a España, me sentía un poco españolizado. Luego, cuando me dieron de baja en el Real Madrid fui a Italia. También me he sentido algo italiano. Soy universal y mundial.
-¿Se acuerda de aquel viaje en barco desde Europa hasta Estados Unidos?
-No, yo era muy joven, pero siempre recuerdo que mi hermana estaba todo el rato enfadada conmigo. Yo tenía dos años y medio. No tenía consciencia de lo que hacía, pero me dijo que tenía unos zapatos favoritos de color rojo y siempre me culpó por haberlos tirado al mar. Pero más allá de eso, no tengo casi ningún recuerdo del viaje. Sé que mi madre estaba bastante enferma durante el trayecto, aunque aguantó bien el viaje. Cuando fui más mayor me habló de cómo vimos la Estatua de la Libertad al llegar a Nueva York, y cómo después nos trasladamos a Pittsburgh, donde nos acogió la Iglesia Católica Ucraniana.
«Mi hermana me dijo que tenía unos zapatos favoritos de color rojo y siempre me culpó por haberlos tirado al mar cuando cruzamos el Atlántico»
-Usted iba para cura.
-Yo vivía en Pittsburgh, pero el seminario estaba en Connecticut. Creía que tenía vocación de ser cura porque realmente así lo sentía. Pero allí había una pista de baloncesto donde pasábamos nuestro tiempo libre. Y ahí es donde cogí el mono. Había chicos con los que quería entablar amistad y algunos, incluso, jugaban baloncesto en el instituto. De vez en cuando me preguntaban si sabía jugar. Yo realmente no había botado un balón nunca, pero empecé a tirar a canasta. Tenía mi sitio favorito en las esquinas, como a cuatro o cinco metros del aro. Las podía encestar con los ojos cerrados. Encima era el más alto de mi clase. No tardaron en meterme en el equipo. Además, uno de los profesores era entrenador y me acogió bajo su brazo. Me enseñaba a hacer movimientos de pívot, a jugar al baloncesto en definitiva. También veía la NBA en la televisión, intentaba imitar a los mejores y, cuando volvía durante los veranos a Pittsburg, destacaba en las canchas del barrio. Al final, entre mi hermano mayor y mi entrenador me convencieron para dejar el seminario e incorporarme en el equipo de la escuela San Casimiro.
-¿Cómo sentó en casa su decisión?
-Mi madre estaba en el hospital y se disgustó mucho cuando se lo dije. Pero tuve dos temporadas buenas y conseguí captar el interés de varias universidades. Te diría que unas 20 me ofrecieron una beca e incluso hice un viaje Washington ¡Fue la primera vez que estuve en un avión! Recuerdo cuando estábamos acercándonos al aeropuerto y veía los monumentos y la Casa Blanca desde el cielo. Me quedé muy impresionado. Encima, la universidad preparó un banquete y todo. Al final me convencieron y menos mal que acepté, porque allí conocí a mi mujer, con quien llevo casado 54 años.
🎂 Hoy estamos de 𝙘𝙚𝙡𝙚𝙗𝙧𝙖𝙘𝙞𝙤́𝙣… y de las muuuuuy especiales.
Hoy celebramos un RÉCORD HISTÓRICO que cumple 5⃣0⃣ años este domingo.
Cinco décadas desde que Walter Szczerbiak firmó una anotación que nadie ha podido superar tras más de 15.000 partidos.
¡6⃣5⃣ puntos! pic.twitter.com/yJvjc2Xo79
— Liga Endesa (@ACBCOM) February 6, 2026
-¿Cree que aprender a jugar en las calles le hizo destacar en la universidad?
-Sí, desde luego. Yo aprendí a hacer las cosas para ayudar a ganar los partidos, porque si perdías tenías que esperar una eternidad para volver a la cancha. La gente quería a tipos como yo, que supiesen coger ese rebote ofensivo que te diese dos posesiones extra y así poder vencer al final. Creo que eso me ha acompañado toda mi carrera, incluso cuando fiché por el Madrid.
-También tuvo una época en la que no comía carne y practicaba yoga, como si fuera un deportista adelantado a su tiempo.
-Sí, pasé un verano en Vermont y acabé leyendo un libro de yoga, que además de la práctica de ejercicio dice que no debes comer carne. Empecé y vi que me estaba ayudando a sentirme bastante fresco y mejor. También aprendí a respirar desde el diafragma para mantenerme más tiempo sin cansarme. Aguantaba más que la mayoría de los jugadores. Cuando salíamos a cenar y todo el mundo pedía hamburguesas, yo solo pedía el pan y el queso. Igual por eso desconfiaron de mí los Kentucky Cardinals y me descartaron.
-¿Cómo fue su desembarco en 1973 en una España que aún vivía en una dictadura?
-Exacto, Franco estaba vivo. Yo creo que la guerra había dejado a España bastante retrasada respecto a la vida moderna del norte de Europa y en Estados Unidos. Allí todo el mundo tenía una televisión en color, mientras que aquí había un canal y medio, todo en blanco y negro. La mayoría de programas eran tertulias, pero a mí me venían muy bien porque así podía familiarizarme con el idioma. Era una manera de pasar el tiempo y conciliar con la siesta, había que estar en casa porque el Corte Inglés estaba cerrado. Pero sí, en general España estaba bastante retrasada, aunque también había un ambiente entre la gente bastante bonito.
«En América todo el mundo tenía una televisión en color, mientras que aquí había un canal y medio, todo en blanco y negro»
-¿Es consciente de que escribió parte de la leyenda del club más laureado de la historia de Europa?
-Me siento orgulloso de ser parte de ello y haber contribuido a ganar tres Copas de Europa. Perdimos dos finales más, pero ser segundo era un fracaso para el Real Madrid. Aun así, cuando me echaron del equipo no volvió a conquistarla en 15 años. En definitiva, sí, estoy muy orgulloso de todo lo que hicimos: cuatro de cuatro ligas y tres de siete Copas de Europa. Solamente participé en una Copa del Rey y la ganamos también. Y eso que era un jugador al que mucha gente criticaba en la universidad porque era lento y no saltaba mucho.
-Y qué me cuenta del famoso día de los 65 puntos. En los vídeos da la sensación de que es imposible que fallara.
-Brabender y yo hacíamos muchos concursos de tiro y siempre intentábamos encestar el 90% desde la media distancia. Cuando bajábamos del 85%, nos enfadábamos y seguíamos practicando. Por eso no me extrañaba que ante el Breogán entraran tantos. Anotar que para mí era como dar un paseo.
-¿Por qué cree que no se ha batido su récord en 50 años?
-Doy las gracias a los entrenadores con sus cambios y sus rotaciones. Ha habido jugadores muy buenos en los últimos años, pero solo les dejaban estar 20 minutos en pista. Petrovic metió 62 por ejemplo, pero yo tuve la suerte de que en nuestros tiempos jugábamos los cuarenta sin importar cuál era el rival.