De prospecto a realidad con Tenerife como pista de despegue. Daniel Mérida (Madrid, 2004), campeón del Tenerife Challenger 1 disputado en la Tenerife Arena del Abama Tennis Academy y organizado por MEF Tennis Events ha encontrado, con la conquista de su segundo título Challenger –el primero en la Isla–, confirmaciones, respuestas y un punto desde el que empezar a mirar más lejos dentro del circuito profesional.

A las puertas de iniciar el segundo torneo (debuta este martes frente al italiano Lorenzo Mustino), admite que ya se siente «preparado para la Copa Davis» y que se fija como objetivo «acabar el año dentro del Top 100». El triunfo en la final ante el también italiano Francesco Maestrelli, primer cabeza de serie del torneo, por 6-2 y 6-4, le sitúa ahora en el puesto 152 del ranking mundial, la mejor clasificación de su carrera hasta la fecha.

Cuando termine la llamada en la que atiende a EL DÍA, a Daniel le toca volver a lo suyo. Entrenar, recuperar y preparar el asalto a su doblete en Tenerife. Del primer torneo –en el que su dominio bien podría reflejarse en una final que resolvió sin ceder un solo set (6-2 y 6-4)– cuenta que se «veía jugando muy bien durante toda la semana» y que había llegado al desenlace «más tranquilo sabiendo que estaba jugando bien».

No es casualidad, si se mira con algo de perspectiva, que el despegue definitivo de Mérida llegue en Tenerife. La isla, escenario en el que su tenis mejor fluye, ha sido testigo de una relación que viene de lejos: «Es un sitio en el que he jugado desde hace tres años y siempre que venía me encontraba a buen nivel».

Daniel Mérida.

Daniel Mérida. / Alejandro Fumero

Al ser preguntado por qué Tenerife encaja tan bien con su juego, Mérida apunta a una combinación de factores que va más allá de la pista: «Aquí estás como en casa, la gente, el público te apoya lo máximo que pueden». A eso suma razones técnicas: «Son condiciones muy parecidas a donde entreno yo normalmente, que es en Alicante».

Un contexto favorable, sumado a una evolución ya difícil de esconder en su tenis, que ayuda a entender por qué su arranque de 2026 ha sido distinto. Mérida, que admite sentirse ahora «un poco más agresivo en la pista», insiste en que el verdadero salto ha llegado desde «la parte mental».

«Ya empiezo a creerme que puedo hacerlo bien en este tipo de torneos, que ya lo hice el año pasado en verano», explica, antes de reconocer que esta primera semana también le sirve para ubicarse en el mapa real del circuito: «Es un punto de inflexión para saber dónde estoy, el nivel que tengo y proponerme los siguientes objetivos».

El calendario no da tregua. Apenas dos días después de proclamarse campeón, Daniel Mérida –que llegó a la Isla después de competir en la fase previa del Open de Australia, donde superó la segunda ronda, y disputar la primera ronda en Oeiras– ya tenía que cambiar el chip para afrontar el Tenerife Challenger 2, otro torneo de que vuelve a situar a la Isla en el epicentro de la actividad del circuito. Su mentalidad, según explica, consiste en resetear –con lo difícil que resulta después de haber tocado el cielo hace tan poco– y empezar de cero. No hay lugar para la complacencia, y no oculta que su objetivo es «intentar ir a por la segunda semana», es decir, volver a ganar.

La Davis, «un sueño para cualquier chaval»

Con el primer torneo ya en su mochila, la Copa Davis y el Masters 1000 de Madrid ya parecen sueños al alcance: «Siempre es un sueño jugar ese tipo de torneos», admite un Mérida que ya ha empezado a entrar en conversaciones de altura. Eso sí, su discurso sigue siendo comedido. Asegura que el nivel ya está ahí –«yo creo que ahora el nivel lo tengo y estoy preparado»–, pero insiste en que no tiene «prisa para que llegue».

Sobre la Copa Davis, reconoce el tenista madrileño que «es un escenario con el que sueña cualquier chaval cuando empieza jugando al tenis». Representar a su país o disputar el torneo más importante de España encierra un orgullo difícil de medir para un Mérida Aguilar que va «a dar todo en estas semanas que vienen para seguir creciendo e intentar llegar a ese objetivo». Un discurso que no pasará desapercibido para nadie, ni siquiera para figuras como David Ferrer, capitán del equipo español de Copa Davis, que difícilmente pasará por alto el rendimiento de un prospecto que empieza a hacerse notar en el circuito.

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