Desde que el expresidente Felipe González comenzó a hacer audibles sus críticas por la estrategia llevada a cabo por Pedro Sánchez tanto en La … Moncloa como al frente del PSOE, la actual dirección del partido ha basculado entre evitar polemizar con él en público y salir al paso de su reprobadora evaluación. Bajo la convicción de que sus reproches encuentran eco en la opinión pública pero que no hacen mella en el liderazgo sin apenas disidencias internas del vigente jefe del Ejecutivo, los socialistas han optado por no dejar pasar este martes el balón de los pronunciamientos efectuados por González, después de que la formación que encabezó haya encadenado dos sonoras derrotas en Extremadura y en Aragón en el nuevo ciclo electoral y con la legislatura en permanente alero. Un González que ha confirmado lo que ya había ido anticipando -que votará en blanco en las generales si su sucesor vuelve a presentarse-; que ha dicho preferir, a malas, los pactos con Vox a los forjados por los suyos con Bildu; y que ha despachado lo que interpreta con una falta absoluta de debate de puertas hacia dentro con un «para que haya un ‘puto amo’ [el elogio que dispensó el ministro Puente a Sánchez] tiene que haber gente con actitud de siervo».
Esta vez, el PSOE se ha decantado por responder. Y no a través de una reacción anónima o de segunda fila, sino con alguien que comparte biografía personal con el expresidente, como lo han hecho históricamente, en términos políticos, el viejo socialismo andaluz con el vasco. González era uno de los dirigentes del PSOE que ganaba terreno airoso en el paso de la dictadura a la democracia que visitaba la casa en la localidad vizcaína de Portugalete del represaliado Eduardo López Albizo, ‘Lalo’, el padre, emblema para aquella izquierda, del ex lehendakari y hoy portavoz de los de Sánchez en el Congreso.
«Me da mucha pena», ha aseverado López, constatando la distancia abisal que se ha abierto entre el líder que más tiempo -14 años- ha tenido el PSOE pilotando el Gobierno del país y el sanchismo que ahora lo dirige. El portavoz parlamentario ha negado que González sea ya «una referencia» para los socialistas y ha situado su ámbito de influencia en «la derecha». Una muestra de desdén que López ha acompañado de la ironía que le supone que «Dios ataque al puto amo». «Me parece que no hay por dónde cogerlo», ha rematado, en una alusión, también, con reminiscencias de antiguos lazos políticos y afectivos. Porque la descripción como «Dios» de Felipe González proviene del ya fallecido Txiki Benegas, uno de los dirigentes -también vasco- que acompañó al expresidente en sus años en el poder y que cayó en desgracia como secretario de Organización del PSOE tras destapar la Ser unas conversaciones en las que se refería con ese apelativo a su entonces jefe de filas.