Al enterarse de la muerte de Rafael Amador, cincuenta por ciento del dúo Pata Negra, muchos aficionados a la música y al cine español habrán recordado una película y una frase. La película es Bajarse al moro (Fernando Colomo, 1989). Y la frase, tal vez menos solemne de lo que pide la ocasión, reza «¡Es que son unos yeyés de mierda!».
Porque, además de participar en proyectos que cambiaron para siempre la deriva del flamenco y el rock en nuestro país, Rafael y su hermano Raimundo Amador grabaron la música de aquella exitosa comedia, nominada a nueve premios Goya. Y también intervinieron en ella mediante un cameo gracias al cual figuraron junto a Verónica Forqué, Antonio Banderas, Juan Echanove y Chus Lampreave, entre otros.
La historia de Rafael Amador, Pata Negra y ‘Bajarse al moro’
En 1989, los hermanos Amador ya eran una leyenda. Al menos, lo eran para quienes habían estado atentos a su trabajo junto a Kiko Veneno y Camarón de la Isla, además de a una discografía como Pata Negra que, a aquellas alturas, ya había dado cuatro elepés, entre ellos el clásico Blues de la frontera (1987).
Bajarse al moro, por su parte, también era un título célebre antes de llegar al cine. La obra teatral de José Luis Alonso de Santos en el que se basa el filme se había mantenido durante tres años en el Teatro Fuencarral de Madrid tras su estreno en 1985. En 1987, un año después de que ganase el Premio Nacional de Teatro, TVE había emitido un montaje con su reparto original, incluyendo a Forqué, Jesús Bonilla y Maria Luisa Ponte.
Resulta, además, que el director de la obra había sido Gerardo Malla, el padre del músico Coque Malla. Y resulta, también, que Coque y su grupo Los Ronaldos se llevaban muy bien con los Amador, hasta el punto de grabar un cover de su canción Rock del Cayetano en 1988. Un dato que puede darnos pistas sobre por qué Pata Negra acabaron firmando la banda sonora de un filme que les hizo cambiar su amada Sevilla por Madrid, aunque fuese temporalmente.
¿De qué va ‘Bajarse al moro’?
«En Lavapiés sonaba Pata Negra», recordaban en 1989 Fernando Colomo y su coguionista Joaquín Oristrell. Así pues, la música de Rafael Amador venía que ni pintada para contar la historia de Chusa (Forqué), una veinteañera tirando a hippie que vive en el barrio madrileño junto a su primo Jaimito (Echanove), dedicados ambos al menudeo de hachís.
A esta situación se suman ‘pequeños’ detalles como que el novio de Chusa (interpretado por Banderas) sea policía, o la entrada en sus vidas de Elena (Aitana Sánchez-Gijón), una niña pija que aspira a iniciarse en la práctica que da título al filme: realizar expediciones a Marruecos para aprovisionarse de grifa, con el perenne riesgo de caer ir a la cárcel si te pillan los aduaneros.
Además de con una trama principal repleta de ocasiones hilarantes y mala pata, Bajarse al moro cuenta con personajes secundarios de lo más inolvidables. Entre ellos, unos Pata Negra que ensayan a todo volumen en una azotea de Lavapiés, para desesperación de un vecino (Manuel Huete) que acaba tirando a la calle la guitarra de Rafael Amador al grito de «¡Soy sargento retirado de la Guardia Civil!».
Gracias a momentos como este, la versión cinematográfica de Bajarse al moro terminó convirtiéndose en un éxito, y también en una película de culto. En cuanto a Pata Negra, no tardaron en partir peras tras el rodaje: los siguientes discos a su nombre (Inspiración y locura, 1990, y el postrero Como una vara verde, del 94) fueron en realidad trabajos en solitario de un Rafael muy lastrado por sus problemas con las drogas.
Así pues, el fallecimiento del músico vuelve inevitable recordar una película mucho más amarga de lo que parece, a pesar de las risas. Y también trae a la memoria aquella canción firmada por Romero San Juan que Pata Negra incluyeron en su banda sonora: aquella cuyo estribillo reza «pasa la vida / igual que pasa la corriente / cuando el río busca el mar / y yo camino indiferente / a donde me quiera llevar».