La Fundació Miró Mallorca mantiene viva la chispa de Joan Miró con su nueva exposición, que es una especie de continuación de la que ha albergado durante meses con motivo de Paysage Miró. Se trata de Retrobar Miró: la guspira màgica, en la que el visitante podrá disfrutar desde hoy mismo y hasta el próximo 17 de enero de 2027 de estas ‘chispas’ (guspires) que encendían la mecha creativa del catalán. Son objetos encontrados y recogidos en sus paseos, accidentes fortuitos como una mancha de aceite que cae en un lienzo o una pieza ya creada hace tiempo en un formato que crece hasta ser una escultura monumental de bronce.
El regidor de Cultura de Cort, Javier Bonet, acompañado por el director de Arts Visuals del Ajuntament de Palma, Fernando Gómez de la Cuesta, fueron recibidos por la directora de la Fundació, Antònia Maria Perelló, y la comisaria e investigadora del centro, Patricia Juncosa, quienes explicaron a los políticos y la prensa los detalles más interesantes de esta muestra que se conforma de 240 objetos que provienen tanto de la colección de la propia Fundació como de Successió Miró, Es Baluard Museu d’Art Contemporani o el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC).
Patricia Juncosa, Javier Bonet, Antònia Maria Perelló y Fernando Gómez de la Cuesta. Fotos: PILAR PELLICER
Las obras van desde cuadros y pinturas, a esculturas, documentación, fotografías, cartas y escritos del propio Miró, prototipos de obras y objetos hallados por el propio artista durante sus paseos y que, como explicó Juncosa, «le hablaban» para ser trascendidos del plano terrenal y superficial a las profundidades del mundo artístico.
Entre las piezas más interesantes se halla una primera versión en bronce del Oiseau Lunaire, de no más de 30 cm de altura, y cuya versión en tamaño monumental se ha podido ver hasta hace unas semanas en sa Llonja de Palma. Curiosamente, una versión en madera de esta misma pieza, creada en 1945 y firmada por el artista en la base, se encontraba en la colección de obras que Jeffrey Epstein y Leon Black usaron como garantías para sus negocios opacos y líneas de crédito con el Banco de América. Así pues, la muestra, que se inaugura esta misma tarde, permite una aproximación a un Miró más arriesgado, un Miró que «revisa todas sus obras», las ya realizadas incluso décadas atrás, y se reinventa, busca nuevas maneras de crear y, por lo tanto, se redescubre a sí mismo. A lo largo del recorrido se encuentran unas notas que se nutren de frases del propio artista que de alguna manera contextualizan y comentan lo que el espectador verá en las diferentes salas que ocupa la exposición y que suponen casi un acompañamiento del propio Joan MIró. Así pues, nos encontramos ante una propuesta de los últimos años de trabajo del catalán que permite trazar una línea a lo largo de su evolución final, en la que era capaz de quemar cuadros, rajarlos, pintar sobre superficies poco convencionales o incluso sobre otras pinturas ya hechas, y todo ello a través de las chispas que inspiran y encienden la creatividad del catalán. Como curiosidad, una de las vitrinas contiene piezas diminutas que no son de Miró, sino de sus nietos, que las crearon cuando eran niños y realizaron una exposición en casa a la que Miró acudió y, sorprendido por lo que habían hecho sus familiares, decidió comprar la muestra. Ahora, los entrañables objetos se exponen junto a los de su abuelo.