Ha pasado casi un mes desde que el 18 de enero dos trenes de alta velocidad descarrilaron y chocaron a la altura de Adamuz (Córdoba) segando la vida de 46 personas. Dos días después, un accidente en Gélida (Barcelona) se cobró otra víctima mortal. Por … fin, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha dado explicaciones este martes en el Congreso de los Diputados. Lo había hecho ya el ministro de Transportes, Óscar Puente, en el Senado y en la Cámara Baja, pero la oposición miraba más arriba. Y es que con un Ejecutivo preso de su fragilidad parlamentaria, sin presupuestos, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal imputan a su jefe responsabilidades penales por una tragedia que veían evitable.
El líder de la oposición, muy duro, ha recomendado a Sánchez que vaya buscando abogados porque él y su Gobierno, ha dicho, se sentarán «en el banquillo» por esto. Su homólogo de Vox, directamente, ha aseverado que en Adamuz no se produjo un accidente sino un «crimen». Y la derecha nacional ya ha encontrado culpable. El presidente ha comparecido en la Cámara Baja durante algo más de seis horas. En el orden del día figuraban las últimas cumbres internacionales a las que ha asistido y los siniestros y el caos ferroviario que marcaron la agenda mediática en enero. El PP, para evitar tentaciones del PSOE, retiró hace semanas el resto de peticiones de comparecencia que había registrado para citar al jefe del Ejecutivo, como su posición sobre Venezuela o los últimos coletazos de la corrupción socialista, pero ni siquiera eso ha evitado que la sesión se convierta en un ‘totum revolutum’ en el que cada cual hablaba de su libro.
Precisamente, alertado por los augurios previos de la oposición, Sánchez fue el único que limitó su intervención inicial, mucho más corta de lo habitual, de algo más de media hora, al accidente de Adamuz. Algo que pilló inicialmente a contrapié a los presidentes de PP y Vox, con Feijóo acusándolo faltar el respeto a las víctimas con un «cajón de sastre» y Abascal centrando el grueso de su primer turno de palabra en la escena internacional, el plan de Sánchez de «censurar» las redes sociales a los menores de 16 años y su intención de regularizar a medio millón de inmigrantes. No obstante, nada de lo que se dijese podía quitarle el foco a los fallecidos en un accidente que parece estar provocado por el mal estado de la vía, según la principal hipótesis, y del que el Gobierno, de quien depende directamente la red ferroviaria, se lava las manos.
Sánchez se ha sacudido las responsabilidades y ha limitado su autocrítica a señalar que se habían cumplido todas las normas de prevención, ergo estas son insuficientes. En otras palabras, el Ejecutivo hizo todo bien, antes y después del accidente, pero aun así hay cosas que mejorar para evitar que se repitan este tipo de siniestros en el futuro. El presidente ha hablado solo de Adamuz en su primera intervención y después, en una larga réplica a los grupos parlamentarios, de una hora y 42 minutos, se ha dedicado a desmontar los supuestos «bulos» de PP y Vox y ha culpado del cambio climático —como Puente— al accidente de Adamuz. «Van ocho borrascas en Cataluña en lo que va de año», se ha quejado, impotente.
Limitaciones de velocidad
«Si no asume ninguna responsabilidad, ¿qué hace aquí?», preguntaba retóricamente Feijóo, quien no daba crédito a que Puente, el mismo día del funeral por las víctimas celebrado en Huelva, saliese a decir públicamente que el Gobierno había hecho las cosas «muy bien». «Deberían usted y el ministro marcharse, señoría, irse de una vez. Son pura soberbia», ha clamado, antes de remarcar que después de los accidentes que terminaron con la vida de 47 personas ha habido mil limitaciones de velocidad en la red ferroviaria. No hacía falta hacer la pregunta. ¿Por qué no antes? Feijóo blandió la carta que enviaron los maquinistas en agosto reclamando reducciones en tramos con baches, y ha añadido que no solo se lo advirtieron ellos, sino también usuarios y hasta ocho instituciones, entre ellas la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), la Comisión Europea y el Banco Europeo de Inversiones.
«Encargue a sus abogados que lo vayan mirando todo, que les va a hacer falta. Su Gobierno se sentará en el banquillo»
Alberto Núñez Feijóo
Presidente del PP
«Ninguno de los 47 españoles fallecidos y de los 126 heridos merecían un Gobierno como este», ha sentenciado Abascal. Pero Sánchez, tras una primera intervención mucho más contenida, se ha remangado para autoerigirse en dique de lo que está por venir: una alternativa de la derecha y la ultraderecha a la que su Ejecutivo, en sus palabras, está haciendo frente con medidas y leyes. El presidente y la oposición se han acusado mutuamente de mentir —incluido el supuesto salario de Kiko Méndez-Monasterio, el asesor áulico de Abascal—, pero con el jefe del Ejecutivo mucho más enfático en la réplica, tras la que los grupos solo disponen de cinco minutos, y no veinte, para contestar.
«Es una vergüenza y una irresponsabilidad. No hay derecho a que usted haga una oposición tan destructiva y falsaria», le ha espetado al líder del PP, acusándole de hacer política abonado a la «desinformación y la crispación». «¿Por qué quieren meter miedo a la gente?», ha criticado. Sánchez también se ha presentado como un buen gestor, también en las tragedias, frente a un PP que, si le hubiera tocado estar al frente del Gobierno, «hubiera hecho lo de siempre, llegar tarde y mal». «Hubieran mentido a la opinión pública, estigmatizado a las familias y ocultado información», ha aseverado. Precisamente, la confrontación de modelos en la gestión, uno de los puntales de la campaña del PSOE en este ciclo electoral, ha quedado ciertamente tocada tras producirse el accidente.
«Afirmo con toda claridad que Adamuz fue un crimen y no un accidente»
Santiago Abascal
Presidente de Vox
Todas estas invectivas, para desviar el foco de la autocrítica y la asunción de responsabilidades por el siniestro. Se ha limitado a deslizar que «los protocolos no son infalibles», porque desde el Gobierno se había cumplido toda la normativa. «Normalmente dedica más tiempo a hablar de mí. Que lo haya hecho hoy con 47 muertos por delante me parece repugnante», se desquitaba Feijóo. Tanto él como el líder de Vox, en un debate paralelo, han criticado al portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, por actuar a su juicio de «salvavidas» de Sánchez. Abascal ha dicho que llegó a la Cámara Baja para romper España y que ahora se dedica a unir a la izquierda española, mientras que Feijóo le ha echado en cara que se haya convertido en el «adjunto» del socialista Patxi López. «Mejor adjunto de López que siervo de Ayuso», se ha revuelto el interpelado.
Rufián, antes, había defendido la reacción de Puente en comparación a la de Carlos Mazón en la dana: «A las tres horas, Puente estaba dando explicaciones y Mazón estaba con la tercera copa». En un casi monográfico sobre Adamuz —con la situación geopolítica en un segundo plano este martes—, Verónica Martínez Barbero (Sumar) ha dedicado la mitad de su tiempo a hablar de vivienda, Míriam Nogueras (Junts) ha vuelto a exigir el traspaso del servicio de Cercanías a Ferrocarriles de Cataluña y Mertxe Aizpurua (Bildu) ha salido en defensa del presidente por las «injerencias» de Telegram y X en las políticas gubernamentales. Solo Maribel Vaquero, del PNV, se ha ceñido íntegramente a la cuestión, en una tierra de nadie en la que ha dicho que ni se puede hablar de «colapso» ni tampoco de «incidentes aislados». Sánchez ha concluido con una apelación a la acción de la Justicia «si fuera necesario y procedente». PP y Vox así lo creen.