Fueron 18 los aprendizajes que Iñaki Urdangarin se llevó de todas las etapas de su vida. Los que recibió de sus padres, del deporte -que le dio tantas alegrías- y de las «personas excepcionales que han marcado mi camino. Soy el resultado de todas ellas». Pero fue «entre las paredes desnudas» de su celda, en la cárcel de Brieva (Ávila), donde todo cambió por completo y para siempre.
Su ingreso en una celda le obligó a parar, a mirar hacia dentro. En esas noches que se hacían eternas, en esa soledad que, al principio, le aterraba, tuvo mucho tiempo de hacerse preguntas. Y, poco a poco, «comenzó algo distinto. Algo inesperado. Algo que no fue inmediato ni heroico ni lineal…» y no podía imaginar que terminaría convirtiéndose «en el motor de una transformación profunda» y decisiva.
Ha sobrevivido a un naufragio, del que «he renacido con más conciencia, más humildad y más gratitud». En la devastación, nació otro Iñaki, y de todos esos «tesoros», como él mismo los define, que encontró en la oscuridad –y que recoge en su libro Todo lo vivido. Triunfos, derrotas y aprendizajes (Editorial Grijalbo)– hemos escogido 5 que quiere compartir con sus lectores.
© FERNANDO JUNCOHace unas semanas, Iñaki Urdangarin nos recibía en Vitoria para concedernos una entrevista
1. Todas las emociones son maestras, sobre todo, las que duelen
Reconoce que su etapa más difícil fue, sin embargo, la que más aprendizajes «terminó por regalarme». Uno de ellos, vital. «Las emociones que percibimos como negativas no son un fallo del sistema (…) Aprendí que el verdadero bienestar no llega cuando todo está bien fuera, sino cuando uno se hace responsable de su mundo interior».
2. Actitud de guerrero, humildad y resiliencia
De su mundo, el deporte, entendió que hay que «jugar como si fuera el último partido» y que siempre hay que reconocer los errores, «aprender de ellos para poder corregirlos, buscar la forma de mejorar, de evolucionar. Los éxitos son del equipo, las responsabilidades son personales. Las lesiones me enseñaron que, cuando te caes, te levantas. Que lo que se rompe, puede ser tu parte más fuerte una vez la reparas. Que resistir y no rendirse, convierte cualquier final en un principio».
3. Los hijos no necesitan unos padres perfectos
Cuando salió de la cárcel y volvió a Suiza, descubrió que todo había cambiado. Se sentía un «visitante ocasional» en la que había sido su casa y tuvo que hacer frente a esa dolorosa realidad, «muy difícil de gestionar». Había dejado a cuatro adolescentes que se habían convertido en unos jóvenes preadultos, y no podía recuperar el tiempo perdido, pero sí enfocarse en el presente.
Y fue ahí cuando se dio cuenta de que Juan, Pablo, Miguel e Irene no necesitaban unos padres perfectos, sino presentes «sin invadir, sin controlar, ofreciendo nuestro apoyo, comprensión y guía cuando ellos lo crean oportuno (…) La familia como espacio de seguridad y sostén es la influencia decisiva que cualquier joven necesita para afrontar con fortaleza mental los retos personales y profesionales en la vida».
© FERNANDO JUNCO
4. Nunca es tarde para reinventarse, para vivir con flow
El flow, esa palabra que ha tomado un sentido clave en todo su camino. Una fuerza que «fluye clara y diáfana cuando tus valores personales y tu propósito están perfectamente alineados con los de tu entorno, cuando el equipo de personas que te rodea está en una sintonía casi mágica con tu visión de la vida…». Le acompañaba en aquellos años en los que conseguía todo -más de cincuenta títulos, entre ellos, seis Copas de Europa- con su dream team, aunque, entonces, no lo llamaba así; y tuvo que vivir sin él demasiados años -«lo he echado mucho de menos»-.
Pero si hay algo que la vida le ha enseñado es que siempre hay tiempo para «dar un golpe de timón a tu vida, para decidir explorar otros caminos, para poner patas arriba la que creías tu escala de valores». No hay que mirar con nostalgia el pasado, y el tiempo no se ha perdido. «Mantén siempre tu mente concentrada en disfrutar el presente y la ilusión proyectada en el futuro. Y aprende a fluir de nuevo con tu verdadera esencia».
5. Mantener la esencia
«Cuando todo te sonríe -el éxito, los elogios, las oportunidades- es fácil alejarse de tu verdadero centro, de tus valores, de tus principios. Desnaturalizarse». A él, le pasó. Olvidó la máxima que le había dejado su padre, que antes que obispo, hay que ser fraile.
«Hoy sé la importancia de no perder nunca de vista quién eres. De no olvidar el placer de las alegrías sencillas. De rodearte de quienes te ayudan a recordar lo esencial, de aquellos capaces de decirte una verdad dolorosa a tiempo».