El primer gran fracaso televisivo de 2026 parece llevar el nombre de Decomasters. El programa de reformas y competición con presencia de famosos, presentado por Patricia Montero y producido por Shine Iberia (MasterChef) para La 1 de RTVE, comenzó con un estreno que marcó un 11,2 % de share, lo que ya generó ciertas dudas sobre su capacidad para atraer al público en prime time.

La semana siguiente logró un repunte hasta el 11,8 %, un incremento pequeño que parecía dar aire a la cadena. Sin embargo, la realidad del pasado lunes dejó claro que el formato no lograba conectar con la audiencia y se desplomó hasta un mínimo de temporada del 8,6 %, confirmando que la apuesta por Mar Flores, su hijo ex presidiario, Isa Pantoja (hija de ex presidiaria) y demás frikis del cuché folclórico no le funciona a José Pablo López, a quien creíamos escarmentado del famoseo tras el estrepitoso fracaso de La familia de la tele.

Este retroceso coloca a RTVE en una situación incómoda, ya que el programa supuso un desembolso de 7.290.662 euros y refleja una tendencia de programación que se ha ido consolidando en los últimos años bajo la presidencia de José Pablo López. El modelo de televisión adoptado por RTVE consiste en incorporar a su parrilla concursos y realities con presencia de celebridades, muchos de ellos procedentes del ecosistema de la prensa rosa y de otras cadenas privadas, y presentarlos en prime time con un despliegue de producción que busca competir directamente con la televisión comercial, despreciando sin disimulo el carácter de servicio público que justifica la existencia misma de RTVE.

En este contexto, la incorporación de Mar Flores y su hijo, Carlo Costanzia, al programa se enmarca en una estrategia más amplia que se ha mantenido durante varias temporadas: trasladar rostros conocidos de otras plataformas a La 1, generar expectación mediática y aumentar el consumo de contenidos a costa de un presupuesto elevado financiado con dinero de los contribuyentes.

La presencia de famosos no es nueva en RTVE, pero se ha intensificado hasta convertirse en uno de los ejes centrales de la programación, incluso cuando los datos de audiencia no acompañan. Ya ocurrió con La familia de la tele. Sus productores, los mismos que lanzaron Cuentos chinos o Sálvame en Telecinco, ficharon como contertulia a Isa Pantoja, «robándosela» a Mediaset. La hija de la célebre tonadillera dejó su labor en El programa de Ana Rosa para fichar por TVE, pero el fracaso de La familia de la tele la dejó en paro y ahora José Pablo López parece haberla compensado con este show.

Competencia

El 8,6 % del tercer capítulo fue superado ampliamente por Casados a primera vista, que en Telecinco alcanzó un 14,2 % de share. Incluso la serie turca Renacer, en Antena 3, subió al 10,7 %, lo que demuestra que la audiencia estaba disponible para otros contenidos y que el famoseo por sí solo no garantiza el éxito. Estos datos ponen de relieve que la apuesta de RTVE se basa más en un modelo de espectáculo que en una programación diferenciada que cumpla con su función de servicio público.

El coste de estos programas es elevado y ha sido parte de la polémica desde su anuncio. Shine Iberia se ha convertido en el proveedor estrella de RTVE para este tipo de contenidos y la corporación ha destinado millones de euros a programas similares, como MasterChef Celebrity y Maestros de la Costura Celebrity. Decomasters supuso más de 7,2 millones, y otros programas de entretenimiento con famosos alcanzan cifras similares.

Esta estrategia ha dejado menos espacio en la parrilla para otros géneros propios de la televisión pública, como ficción de calidad, documentales, programas culturales o de divulgación, que han quedado relegados a horarios secundarios o a una presencia testimonial. La acumulación de formatos similares en prime time ha creado una identidad reconocible para La 1, pero también cuestiona el uso de los recursos públicos y la diferencia que debería mantener RTVE frente a las cadenas privadas, que ofrecen contenidos similares sin coste para el erario público.

El famoseo, además, se ha consolidado como un elemento central de la programación. La presencia de celebridades responde a un patrón en el que RTVE busca atraer a La 1 rostros conocidos de otros espacios televisivos para generar expectación y audiencia. Este mismo patrón será utilizado con el nuevo Top Chef, que llega este domingo a La 1 con Belén Esteban encabezando el reparto de celebridades.

El debate

La estrategia de RTVE refleja una tensión constante entre competir como televisión comercial y cumplir con un mandato público. Bajo la presidencia de José Pablo López, la corporación ha buscado mantener su relevancia a través de formatos de gran presupuesto con celebridades, mientras que otros géneros de servicio público han quedado relegados. Esta situación plantea interrogantes sobre la idoneidad de concentrar buena parte del prime time en realities y concursos similares, y sobre si la inversión de más de siete millones de euros en un solo programa puede justificarse en términos de servicio público cuando los resultados de audiencia no acompañan.

Decomasters, aunque cuenta con una producción profesional, participantes conocidos y un amplio despliegue técnico, se centra en la competición y en el relato emocional en torno a los famosos. Estos guiñoles hablan de sus vivencias durante el desarrollo del espacio, salpimentando con cotilleos la competición en sí.

La integración de estos programas en la parrilla deja menos espacio para géneros que históricamente caracterizaban a RTVE y genera un patrón en el que la corporación actúa más como una televisión privada que como un servicio público financiado por todos los ciudadanos. El patrón se repite con otros formatos de Shine Iberia. MasterChef Celebrity, Maestros de la Costura Celebrity y MasterChef Senior, u otros como los de hacer bollos (en sus distintos formatos), bailar o recorrer el mundo (con personajes de portada del cuché, como Belén Esteban o Rocío Carrasco) han recibido inversiones millonarias, consolidando un modelo que depende del cotilleo y de la competición para atraer la atención.

La externalización de gran parte del prime time refuerza la sensación de que la corporación delega su núcleo creativo y depende de un modelo que prioriza el espectáculo y la emoción por encima del contenido de interés público.

Decomasters marca un precedente para el año y plantea interrogantes sobre el futuro de la televisión pública que propone José Pablo López, quien considera un triunfo elevar la audiencia aunque sea engordando las cuentas corrientes de Mar Flores y su familia, de Rocío Carrasco, de Isa Pantoja o de otras figuras más propias de la portada de un semanario del cuore o de un espacio de cotilleo de Telecinco que de un servicio público. La corporación apuesta, sin embargo, por formatos de gran presupuesto con famosos, relegando otros géneros a un segundo plano y manteniendo un modelo que reproduce la lógica de las cadenas privadas, pero con presupuestos que sobrepasan los 100 millones de euros al mes.

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