Jaume Ponsarnau (Tàrrega, 54 años) atiende a EL CORREO antes de volar rumbo a Salónica, donde el Surne Bilbao ganó el miércoles al PAOK en … la última jornada de la segunda fase de grupos de la Europe Cup (87-88). Pero la conversación nada tiene que ver con la andadura continental de los hombres de negro, sino con una efeméride hecha disculpa perfecta para hablar de vida y baloncesto. El entrenador de los vizcaínos cumplirá en el derbi del domingo (18 horas) ante el Baskonia 500 partidos en la ACB, 122 de ellos como técnico de los MiB. Abre el baúl de los recuerdos del que sale la figura de su mujer, profesora y también entrenadora, y las de sus tres hijos, jugadores de basket y técnicos al igual que sus padres.
– Medio millar de partidos en la Liga Endesa. ¿Qué se siente?
– Lo primero es la sorpresa de ver este número. Miro al pasado y veo un proceso en el que he tenido momentos bonitos y duros. He contado con gente que me ha ayudado muchísimo y he entrenado a jugadores fantásticos. He estado en diferentes sitios y de todos me he llevado cosas positivas, y alguna negativa.
– ¿Recuerda su primer partido en la ACB? ¿Cómo fue?
– Contra el Menorca en casa, en Manresa. Curiosamente, el entrenador del Menorca era Ricard Casas, de quien fui ayudante en mi primera experiencia en la ACB. Era el tercer entrenador del Manresa. Ganamos (87-79).
– El alumno superó al maestro.
– Sí. Empezamos bien la temporada, luego tuvimos un bache de seis derrotas consecutivas que logramos superar y acabamos jugando muy bien.
– Antes de sentarse en los banquillos habrá intentado ser jugador de élite. ¿Soñaba con meter canastas decisivas?
– ¡Sí! El amor a este deporte me llegó por jugarlo. Gestionaba mucha frustración por dedicarle muchas horas y no ser bueno.
Encantado con su vestuario
«Me iría a la guerra con los 12 jugadores del Bilbao Basket»
– No avanzaba.
– No. Lo que me ha formado en mi proceso de jugador fue la superación, hasta que descubrí que entrenar me hacía sentir más realizado que jugar.
– ¿Cuándo ocurrió?
– En mi primer partido federado perdimos 104-8. Para no perder de más, el entrenador me hizo jugar solo ocho minutos. Jugaba de todo, sobre todo de alero. En todo este proceso de formación acabé siendo de los buenos del equipo. Hubo un momento importantísimo: me fui a jugar a un pueblo de al lado, Bellpuig, donde había tradición de baloncesto, entrenadores que preparaban bien las sesiones, que tenían sentido, y vi un método. Lo descubrí.
– Le gustó.
– Sí. Me saqué el título de entrenador. Había vuelto a jugar en mi pueblo, Tàrrega, pero tenía muchos problemas de espalda y no lo hacía nada bien. Así que cogí a un equipo cadete, con 21 años, y fue una experiencia fantástica.
Ser uno mismo y no imitar
«Un impostor puede convencer a corto plazo, pero no a medio»
– Le llenó.
– Mucho. Venía del mundo de los ‘scouts’ que compaginaba con el del basket y encontré dos cosas que me gustaron mucho: ayudar a niños y niñas a crecer a través de un deporte tan maravilloso como el baloncesto y con los valores del escultismo.
– ¿Pensaba jugadas y las apuntaba cuando estaba solo?
– ¡Sí! Conducía mucho por los estudios y el trabajo y pensaba en el baloncesto. Iba a comer con mi mujer, que también era entrenadora, y los amigos, y en los papeles del restaurante (servilletas) apuntábamos muchas cosas.
– ¿Quiénes fueron sus maestros?
– Soy muy poco idólatra. Cuando empecé a entrenar hubo una persona que me llevaba a todos los ‘clinics’ y me forzaba a ir a los campus. Era Josep María Sanfeliu, un médico que ahora vuelve a entrenar en Tàrrega. Ir a Manresa y tener a Ricard Casas y a Xavi García, su segundo entonces, era importante.
De la pista al banquillo
«El amor al basket me llegó por jugarlo. Gestionaba mucha frustración por dedicarle horas y no ser bueno»
– Pedro Martínez suele usar halagos cuando habla de usted.
– Y yo lo hago con él. Tuve la suerte de trabajar con Pedro Martínez en el Valencia y ser su ayudante. Venía de ser el primer entrenador durante muchos años y aquello fue un soplo de aire fresco para mí, de cómo regenerar el amor por este deporte desde la perspectiva de entrenar.
– ¿Lo había perdido?
– Estaba la frustración de mi primer despido, de ver que costaba encontrar oportunidades en el mercado, pero ir a un club tan importante como el Valencia y trabajar con Pedro fue fantástico. Me hizo crecer un montón. Siempre se lo agradeceré.
– ¿Ha tenido que trabajar su personalidad para encajar en un mundo en el que gestiona egos?
– Fui al Manresa a ser el tercer técnico y a entrenar a los junior. Estaba a las órdenes de Ricard Casas, un técnico con carisma. Aprendí mucho de él, pero comprendí que no podía imitarle. Uno tiene que ser uno mismo. En Manresa decían: ‘Qué raro que no tengas ningún tick de Ricard’. Tenía claro que llegaría donde mi forma de ser me permitiese llegar. En el momento en el que empiezas a interpretar, duras poco.
– ¿Porque no eres tú?
– Exacto. Eres una falsedad, un impostor. Un impostor puede convencer a corto plazo, pero no a medio. Me sirvieron de experiencia mis años como entrenador de chicas, cuando empecé a creer que podía llegar a ser profesional. Llevé a mi equipo de Tàrrega siete años y subimos cuatro categorías, hasta la liga dos. Si no era coherente con ellas, con cómo soy yo, no me hubiesen creído.
– Ni grita ni chilla, entrena y manda desde la educación y el respeto. ¿No se siente un bicho raro entre tanto aspaviento?
– Creo que estamos en una tendencia contraria, la de entrenadores que intentan dirigir desde la educación.
– ¿Se abandona el histrionismo?
– En la NBA es la tendencia que domina. Pero cada uno es como es y busca su camino. Hay que tener mucho carácter para que cuando estás muy enfadado…
– … no explotar.
– Y no transmitirlo. ¿Por qué? Porque crees que en ese momento no ayudaría al equipo.
– Es difícil encontrar jugadores que hablen mal de Jaume Ponsarnau. Krampelj dice que es el «padre» de todos y Hilliard le atribuye los éxitos del equipo.
– Han exagerado un poquito (risas). Siempre intento estar bien con la gente con la que trabajo, y los jugadores lo son. Procuro tratarles con coherencia. Pero también ha habido alguno enfadado por no haberle dado minutos que probablemente se ha merecido.
Doellman, Llull, Alzamora…
– ¿Cuál es el jugador más talentoso que ha entrenado?
– Estaría entre Sergi Llull e Ibaka. Pero tengo un recuerdo de talento-calidad de uno que me desbordaba y era Justin Doellman.
– ¿El más duro?
– No diré a nadie de los que tenemos este año.
– Podría ser Normantas.
– Podría. Ese valor suyo está ayudando mucho al equipo. Un jugador que me ganó por esa dureza era Alfons Alzamora. Ponía la cara donde estaba el codo.
– ¿El de mayor inteligencia para interpretar el juego?
– En el Valencia tuve a muchos, como en Bilbao. Para no mojarme con lo cercano, vuelvo al pasado. El jugador más importante que he entrenado ha sido Javi Rodríguez. Estuvo aquí también. Fue mi base cuando yo empezaba en la élite. Tuvimos una conjunción fantástica en la pista.
– ¿Con el que iría a la guerra?
– Con los 12 del Bilbao Basket.
– En Bilbao ya son 121 partidos en la ACB repartidos en cuatro temporadas. ¿Puede hablarse de su segunda casa?
– Sin duda. Manresa es mi sitio, donde tengo mi casa, y fueron seis temporadas en la ACB más las anteriores. En Valencia estuve cinco años y tengo un recuerdo buenísimo. En Bilbao me siento bien, con cómo es la gente.
– ¿Qué le han enseñado el éxito y el fracaso?
– Que hay una gran distancia externa entre los dos, pero son detalles los que los separan. El fracaso puede llegar después de haber hecho un muy buen trabajo.
– Frustra.
– Es lo más frustrante que hay. Tienes que ser consciente de que nadie de tu alrededor lo reconocerá (el trabajo bien hecho), pero de forma interna tienes que tener la capacidad de objetivar lo que ha pasado; y también aprender de lo que has hecho mal. Es lo que me ha ayudado a llegar a esta efeméride de 500 partidos.
– Manresa, Gipuzkoa, Valencia, Zaragoza y Bilbao. Suma 208 victorias y 291 derrotas. ¿Le gusta cómo está la balanza?
– No, me gustaría haber ganado más partidos. Los 500.
– Sus equipos no lo permitían.
– No. En muchos de estos partidos estaba en equipos con el presupuesto más bajo, o el segundo, o el tercero, o el cuarto. Cuando tuve la oportunidad de llevar un presupuesto más alto…
– Ganó la EuroCup.
– Con el Valencia. Ahora, en Bilbao, estamos en un muy buen momento. Hemos conjugado calidad y talento en un sitio en el que había ganas de que esto pasara.
– ¿Dónde le gustaría cumplir su partido 600 en la ACB?
– Ojalá en Bilbao. Estoy muy bien y me siento a gusto trabajando aquí. Todas las circunstancias tienen que llevar a esto, y la primordial es que te quieran.