La relación de Alejandro Cobo con las abejas comenzó casi antes de saber lo que era una explotación apícola. De niño, acompañaba a su bisabuela, … que tenía colmenas para autoconsumo en balcones y jardines. «Con menos de diez años ya andaba enredando con enjambres», recuerda. Un curso con el veterano apicultor Manuel Barquín terminó de despertar una vocación que, tras un paréntesis dedicado al ciclismo, retomó con 23 años a partir de una única colmena superviviente.

Hoy, al frente de Apícola Cobo Diego, gestiona junto a su hermano, su madre y un trabajador una estructura profesionalizada que suma alrededor de 1.200 colmenas madre, además de otros tantos enjambres en época de reproducción. El crecimiento ha sido progresivo y prudente. «Al principio fabricábamos nosotros mismos gran parte del material y apenas producíamos miel; nos centramos en la venta de abeja, que requiere menos infraestructura», explica. En 2021 dieron el salto definitivo con la construcción de una nave con obrador y almacén.

Las colmenas se reparten en asentamientos de entre 50 y 100 unidades, distribuidos por la costa de Cantabria –entre Ribamontán al Mar y Laredo– y zonas interiores durante el invierno y la primavera. En verano practican trashumancia hacia la Cordillera Cantábrica y el norte de Castilla y León, en busca de floraciones y, en ocasiones, para esquivar la presión de la avispa asiática.

Cuatro variedades de miel

Producen cuatro variedades de miel: eucalipto en la costa; brezo en la franja que va de Soba a Valderredible; miel de bosque en áreas próximas a la montaña palentina; y milflores en la meseta norte. El brezo sigue siendo la más demandada por tradición, pero el eucalipto –una miel de invierno que depende de condiciones muy concretas de temperatura y viento sur– conquista a quien la prueba, aunque hay campañas en las que apenas dura dos meses en el mercado.

El negocio se reparte prácticamente al 50% entre la producción de miel y la venta de enjambres y colmenas a otros apicultores, tanto nacionales como internacionales. «Entregamos medias colmenas listas para pasar a producción en 15 o 20 días», detalla. El precio de un enjambre oscila entre 80 y 110 euros, según la época y las características de la reina.

Collados del Asón

La comercialización de la miel, bajo la marca Collados del Asón, se realiza principalmente de forma directa, en pequeños comercios, tiendas especializadas y algunos puntos de venta en Cantabria y zonas limítrofes. El kilo se mueve entre 11 y 14 euros, en función del establecimiento. Cobo defiende la necesidad de reforzar el control frente al fraude: «La propia Unión Europea reconoce que una parte importante de la miel que se vende no es miel». A nivel regional, considera que hacen falta más inspecciones para proteger a quienes cumplen con todos los requisitos sanitarios y de trazabilidad.

Y requisitos no faltan. Como ganaderos, deben comunicar movimientos a decenas de ayuntamientos y a distintas comunidades autónomas cuando realizan trashumancia, además de mantener actualizados los libros de registro. «Somos ganaderos, pero también biólogos, veterinarios, administrativos y mecánicos», resume.

Entre las amenazas, destaca por encima de todas la varroa, un ácaro parásito que debilita las colonias. «Es el mayor problema de la apicultura ahora mismo», subraya, alertando además de la posible llegada de otro parásito aún más agresivo. A ello se suman la presión de la avispa asiática, el impacto del cambio climático en las floraciones y la expansión del oso en determinadas zonas de montaña, donde este año han sufrido la pérdida de 33 colmenas.

De cara al futuro, Alejandro Cobo apuesta por mantener el equilibrio entre producción de miel de calidad y venta de abeja. «Es más cómodo centrarse solo en producir miel, pero estás a merced del clima. Diversificar nos da estabilidad».