En un momento extremadamente delicado para la seguridad europea y mientras el resto de los socios comunitarios apartan diferencias y se esfuerzan por mantener una posición de fuerza y unidad, desde la que rehacer la relación trasatlántica, Pedro Sánchez ha abierto en apenas una … hora varias brechas de credibilidad y cohesión en el seno de la UE. Para comenzar, ha dedicado sus cinco minutos de intervención en a Conferencia de Seguridad de Múnich a desmarcarse de la estrategia nuclear, por tratarse de un medio «demasiado costoso y arriesgado». La noche anterior, en la trastienda de la Conferencia y precisamente como signo de fuerza de cara a los aliados estadounidenses, el canciller alemán había acordado con el presidente francés el inicio de conversaciones para un marco de disuasión nuclear europeo. Por eso la frase del presidente español «por favor, paren el rearme nuclear» resultaba particularmente inoportuna en este escenario y, en cuanto pasó a sentarse en el panel sobre «¿A la par? Fortaleciendo las bases de la seguridad transatlántica», fue inmediatamente contestado por sus interlocutores.
Sánchez fue enfrentado con la incoherencia de representar a una de las economías europeas que presenta mejores cifras y estar al final de la fila en el gasto en defensa, en la actual situación. El presidente español se refirió a la presencia de soldados españoles en el frente oriental y al aumento de gasto efectivo, pero subrayó que «lo importante no es el gasto, sino cuánto gastamos juntos y en qué». Dio más importancia al «refuerzo del pilar europeo dentro de la OTAN». Defendió la necesidad de reforzar la capacidad disuasoria europea para contener a Putin, pero insistió en que ese esfuerzo debe realizarse de forma coordinada y controlada desde Bruselas y apostó por avanzar «ya, no dentro de diez años, sino ahora, hacia la creación de un Ejército europeo».
La primera ministra de Dinamarca, la también socialdemócrata Mette Frederiksen, le recordó que «sólo el artículo 5 de la OTAN nos preserva de nuestros enemigos. Putin seguirá atacando, si no en Ucrania será en otra parte, y tenemos que pararlo. Y lo siento Pedro, pero eso costará mucho dinero». Frederiksen advirtió también que Putin se servirá de cualquier forma de ataque. «Veremos que la inmigración será también utilizada por Putin», aludió sin citarla a la política migratoria española, «utilizará las nuevas tecnologías, la IA, el espacio y nuevo flanco en el extremo norte», siguió, «por eso los actuales objetivos de gasto no serán suficientes».
El también miembro del panel, el primer ministro finlandés Alezander Stubb, defendió por su parte que «no volveremos a la energía rusa», por lo que subrayó la necesidad de implementar todos los recursos energéticos propios «y eso incluye, por supuesto, la energía nuclear». Con una frontera con Rusia de más de 1.200 kilómetros de extensión, dejó ver con claridad la necesidad de más gasto en defensa. Frederikssen le reprochó que «necesitamos mucho más gasto, mucho más rápido y mucha más unidad… Cuestionar ahora la relación trasatlántica daña la credibilidad del artículo 5».
La moderadora Hadley Gamble dio a Sánchez, aislado en su planteamiento, la oportunidad de explicarse mejor. El presidente español obtuvo cierta comprensión de sus contertulios cuando aludió a que «también es una realidad el flanco sur y es importante para todos» y que «el concepto estratégico de seguridad de Madrid es de 360 grados». Quizá se refería sin citarlo al hecho de que Marruecos, situado en una posición prioritaria en ese concepto estratégico, ha sido de los primeros países en sumarse al Consejo de Paz, recién fundado por Trump. Acto seguido, afeó a los aliados occidentales falta de unidad y respuesta al «sur global» en otros conflictos, como el de Gaza, y asumió el argumentario ruso al decir incluso que «quizá los europeos le damos la razón a Putin» cuando «no nos comprometemos igual en todos los debates globales». El alcalde de Kiev, Vitali Klichkó, entre el público, se revolvía en su asiento al escuchar estas afirmaciones.
Frederiksen aclaró a Sánchez que la responsabilidad de cada gobierno de la Alianza «no es proteger a mi país, ni siquiera a mi región, sino estar capacitado para proteger a toda la OTAN». Incluso el senador estadounidense Christopher A. Coons se sumó a este coro y le recordó que, cuando el presidente Truman firmó el tratado de la OTAN, advirtió del «gran sacrificio que sería necesario» y explicó que sería «una inversión para construir juntos mejores sociedades y un mejor futuro para todos».