Los gigantes tecnológicos dan el salto a los mercados europeos en busca de apoyo para financiar sus ingentes inversiones en Inteligencia Artificial (IA). Hasta ahora, … los denominados ‘hiperescaladores’ (Google, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle) habían financiado su ‘capex’ (gasto de capital) gracias a unos enormes flujos de caja libre y al capital privado. Pero la dinámica está cambiando a pasos agigantados, al igual que lo hace la propia tecnología. Ahora, esas empresas buscan financiación en los mercados de deuda, con emisiones históricas tanto por volúmenes como por plazos. Y ya no solo lo hacen en el mercado americano: Europa será este 2026 su tablero de juego para encontrar nuevos inversores.

Alphabet abrió el camino hace unos días con una histórica emisión de 32.000 millones de dólares, entre los que había un tramo a 100 años en libras esterlinas que recibió una demanda diez veces superior a la oferta. Una operación bastante inusual por el plazo de vencimiento y que ha activado las alarmas por un posible ‘empacho’ en el mercado estadounidense, donde los inversores han empezado a exigir más rentabilidad para comprar los bonos de estas empresas. JP Morgan estima que el 14% del mercado de deuda con grado de inversión americano está ya vinculado a la IA, así que el paso lógico parece ser desviar las nuevas emisiones a Europa. «Los hiperescaladores ya anticipan más de 700.000 millones en gasto de capital, niveles históricos. La pregunta es quién financiará ese gasto extraordinario y la respuesta son los mercados de capitales», explica Dom Rizzo, gestor de T. Rowe Price.

700.000
millones de dólares se estima que invertirán los grandes hiperescaladores en el desarrollo de la IA en 2026

La situación se produce en medio de los recientes temores a una burbuja en el sector, que lleva ya mucho recorrido en Bolsa y tiene que hacer frente a las dudas sobre cómo será capaz de monetizar toda esta ola de inversiones. «Lo cierto es que estas compañías están desafiando la ley de la gravedad en cuanto a valor de mercado, con algunas de ellas que capitalizan dos, tres o cuatro billones de dólares, pero que al tiempo son capaces de generar ganancias de 100.000 millones», señala David Cano, socio director de Afi.

Para el experto, esta situación y el apetito por su deuda se puede asemejar a lo que se denomina ‘efecto Fomo’. Es decir, el miedo a perderse algo en lo que todos participan. Ha pasado en la Bolsa y ahora también en estas emisiones de bonos. «Uno no puede quedarse fuera de operaciones que pesan tanto en el mercado, así que básicamente te ves obligado a comprar estos bonos, solo que ahora exigimos mayor prima», apuntaba Cano esta semana en un encuentro financiero organizado por Funcas.

Efecto expulsión

La demanda de estos bonos se desborda y amenaza con expulsar del mercado a otros emisores

A estas compañías no les queda otra. «El rápido crecimiento de los centros de datos optimizados para la IA pone de relieve la gran inversión que necesitan estas empresas para mantenerse al día en la carrera», señala Mark Munro, director de renta fija de Aberdeen Investments en un reciente análisis. Los expertos de Renta 4 Banco esperan, de hecho, que los cuatro grandes hiperescaladores inviertan en 2026 más de 600.000 millones de dólares (unos 504.000 millones de euros) para el desarrollo de esta tecnología, lo que supone un incremento interanual del 70%. «Morgan Stanley cree que la financiación total de los centros de datos alcanzará los 3 billones de dólares en 2028, mientras que JP Morgan y McKinsey sitúan la cifra entre 5 y 7 billones en 2030», añade Munro.

¿Quién paga la fiesta?

El baile de cifras no esconde que estos volúmenes son, cuanto menos, una experiencia prácticamente inédita en los mercados financieros y bancarios. «No tengo tan claro que la banca sepa el riesgo de financiar este ‘capex’ que tiene muchísimo de intangible», señala Cano. El experto coincide en que los mercados de deuda serán la vía que exploten con más intensidad a partir de ahora estas compañías para obtener recursos de cara a los próximos años. Ya lo están haciendo. Y la situación está provocando, a su juicio, cierto efecto expulsión de otros jugadores. «Le pasa a algunos Tesoros, que cuando acuden a pedir financiación al mercado, los inversores prefieren deuda de estas grandes tecnológicas», señala. Y el riesgo es que este empacho llegue a suponer un auténtico riesgo para el sistema. Algunas voces se plantean ya incluso si estas compañías deben ser consideradas también como sistémicas, como ya se hizo tras la crisis financiera con los gigantes bancarios cuya quiebra provocaría un caos en la economía.

En este punto, Cano también muestra sus dudas sobre hasta qué punto tiene sentido comprar un bono a 30 años o a 100 -como en el caso del emitido por Alphabet- que servirá para financiar un proyecto que «parece difícil que vaya a durar ese tiempo por pura obsolescencia tecnológica». «Hay una brecha enorme entre la vida del bono y la vida útil del proyecto que va a financiarse», insiste.

El tiempo, el mayor desafío para el sector

Más allá del capital, que en principio no será un problema para el sector, los expertos de Ibercaja Gestión señalan que el verdadero desafío para estas firmas reside en el tiempo. Y apuntan a tres factores clave que justifican la urgencia de la carrera inversora. El primero, que para gigantes como Google, la IA pone en riesgo su dominio en búsquedas, obligando a estas empresas a actuar rápidamente. El segundo, la demanda de los usuarios, que crece a un ritmo sin precedentes. Sin ir más lejos, OpenAI pasó de 100 millones de usuarios semanales en 2023 a más de 800 millones en octubre de 2025. Por último, la escasez de recursos. «Asegurar el suministro de GPUs (dominadas por Nvidia) es vital, pues los nuevos modelos requieren una potencia de cómputo mayor», recuerdan los analistas.