Pisotear el escudo. Eso es lo que hizo el Real Valladolid en Granada. Un equipo al que no es capaz de insuflarle un chute de energía ni una cálida despedida de los empleados, ni que haya 100 aficionados viendo a su equipo en Los Cármenes, ni los más de 13.000 que van al José Zorrilla… toda la gente que quiera al Pucela no se merece una falta de respeto de tal calibre como la vivida sobre el césped nazarí. Cuando calificas caer ante un Tercera RFEF como accidente, normalizas que un equipo que hace nada estaba en 1ª RFEF (donde puede caer el Valladolid ahora mismo) te meta cuatro en casa o recibir goleadas jornada tras jornada en Segunda pues llegas a la situación blanquivioleta: en lo más profundo del subsuelo.

El ex blanquivioleta Alcaraz marca el segundo gol del Granada, con Guilherme clavado en la portería y ante la mirada de Federico.

Es indecente e inadmisible una charlotada como la perpetrada por el Pucela… que un equipo que solo te sacaba un punto y que ha estado 19 jornadas en descenso te golee, con esa sensación de que si el Granada necesitaba hacer 10 tantos los haría. Solo la compasión de un rival que no ha querido hacer más sangre ha salvado al Valladolid de un bochorno aún mayor. La humillación no te la quita nadie.

Y lo peor es que gran parte de los jugadores (quitando los vallisoletanos y poco más) ni sienten ni padecen, parece que les da igual. Por no hablar de Luis García Tevenet, que ha durado siete partidos al frente del equipo y ha pronunciado sus últimas palabras como entrenador blanquivioleta… o debería, porque con este Club nunca se sabe, las decisiones inverosímiles están a la orden del día.

El partido no da ni para análisis, un equipo ha hecho el ridículo y otro ha comparecido, con eso ha bastado a los de Pacheta para pasar por encima del Pucela, que según su entrenador no da ni el mínimo exigible: «En el fútbol profesional hay que dar unos mínimos. Estamos muy lejos de lo que la categoría demanda y este escudo exige. Pedir perdón a la afición que seguro que está viviendo un momento muy duro»

El entrenador es consciente de que su cese es más que una probabilidad y asume lo que pueda venir: «Fallamos todos, el entrenador el primero. En el descanso no ha bajado el presidente y al final del partido sí, él lo está sintiendo y padeciendo como todos. Soy un hombre de fútbol y puedo entender cualquier decisión que se tome». El que lo sustituya tiene la difícil tarea de resucitar a un equipo muerto en todos los aspectos (de actitud, mentalidad, fútbol y una larga lista de males…)

Juric: «Es un error solo de los jugadores»

«Siento vergüenza. Perdón a toda la afición. Hay que trabajar más y hablar menos. No sé que pasa, tenemos que seguir, cambiar la cabeza e intentar darle la vuelta y encontrar una solución. Es un error de jugadores, sólo eso, la responsabilidad es nuestra»