«Impresionante. Ha cogido una anchura que parece un mar». Así trataba de explicar una veterana mujer a alguien al otro lado del teléfono cómo bajaba este domingo el río a su paso por Tudela de Duero (Valladolid), una de las localidades afectadas, pero no … la única, por una crecida del principal cauce que surca Castilla y León que a media que va avanzando aguas abajo, sigue anegando lo que encuentra su paso, con más de medio centenar de avisos activos. Como quien más quien menos, la mujer se había acercado a ver con sus propios ojos e inmortalizar en fotos y vídeos la estampa. Desde hace días estaban advertidos de que, a tenor de la sucesión de borrascas, la nieve acumulada en lo alto de las montañas derretida por el deshielo y el embalse de Cuerda del Pozo -así como otros que regulan afluentes como el Duratón- en niveles superiores al 90 por ciento y desembalsando, la crecida podía llegar. Carteles repartidos por las calles más próximas al río ya prohibían aparcar en los garajes de esas zonas «inundables». «Pero no esperábamos esto», aseguraban la mayoría, que confiaban en que «como mucho, fuese como otras veces», decían apuntando aguas adentro, hasta una farola que ya casi ni se ve, unos árboles que asoman las copas o unos columpios que apenas se intuyen.

Ya había ido sumando poco a poco altura, comiéndose los parques, tragándose bancos… pero en la madrugada del sábado al domingo, «¡metro y medio ha subido!», aseguraban en una mañana de mucho ajetreo, sobre todo para quienes viven a pie de ribera. E incluso si no, porque «afecta a mucha gente. Personas que conoces, familia…», señalaba Silvia en un parón mientras seguían sacando cosas del trastero, después de que los coches lleven días sin dormir en el garaje: «Es mejor prevenir». «Y nadie hace nada», se quejaba. No se fían de que les digan que no va a llegar. Sobre todo después levantar la persiana por la mañana y, a la luz del día, descubrir «que ha subido mucho». «¡Si está aquí!», exclamaban apuntando a unos metros, donde los pequeños Daniela, Mario e Irene se conformaban lanzando piedras a ver si llegaban al agua, ya que el parque está «en el río, desbordado». Ya habían dormido «con nervios» y ese «¡uy! al irse la luz» varias veces.

Imagen principal - En la localidad vallisoletana de Tudela de Duero ha sido un domingo de nervios, achicar agua y ver la crecida del río como hacía años no presenciaban

Imagen secundaria 1 - En la localidad vallisoletana de Tudela de Duero ha sido un domingo de nervios, achicar agua y ver la crecida del río como hacía años no presenciaban

Imagen secundaria 2 - En la localidad vallisoletana de Tudela de Duero ha sido un domingo de nervios, achicar agua y ver la crecida del río como hacía años no presenciaban

El Duero, a su paso por Tudela
En la localidad vallisoletana de Tudela de Duero ha sido un domingo de nervios, achicar agua y ver la crecida del río como hacía años no presenciaban
RUBÉN ORTEGA

Así estaban también en otro bloque, con el garaje totalmente cubierto de agua. Entró por la mañana. Lo saben porque en un duermevela en tensión «hemos bajado a ratos» a comprobar la evolución. «Ha subido metro y medio», coincidían en este otro punto del pueblo, también asomado al río ahí donde forma un meandro -dentro de la «herradura», como así lo llaman- que prácticamente rodea Tudela de Duero por sus cuatro costados. Entre caras de preocupación y resignación seguían en sus casas. No como los vecinos de la urbanización el Camping, con muchas segundas residencias y ya desalojados desde el sábado y con el agua colándose hasta el fondo de algunas viviendas. «No podemos ni ir al baño» porque rezuman, ni tenían luz, ni calefacción, ni posibilidad de calentar la comida… enumeraban a la espera del «pico» de la crecida y saber hasta qué nivel.

En la ciudad del Pisuerga, la preocupación está en el río Esgueva y en Puente Duero, con viviendas desalojadas

En el Hotel el Arco, ya desde el domingo anterior tenían el ascensor estropeado, cerrado el acceso al garaje, ahora una autentica piscina con el agua a centímetros de tocar el techo o la sala de calderas inutilizada… El gimnasio de al lado, casi ni se ve.

«Lo que piden es saber cuánto va a subir, pero nadie dice nada», reconocía un agente de otro puesto desplazado como refuerzo a Tudela para intentar mantener la calma y que se cumpliera no superar los precintos, sobre los que también desde Protección Civil tenían que «insistir para que se respeten».

El Cega, también desbordado en Viana de Cega (Valladolid)

El Cega, también desbordado en Viana de Cega (Valladolid)

ical

«Estamos con el agua al cuello»

«Estamos con el agua al cuello. A los vecinos, poco se les puede decir salvo que paciencia», asumía a pie de río el alcalde de Viana de Cega (Valladolid), Alberto Collantes, donde el cauce del que bebe su nombre mantiene en vilo al pueblo desde hace días y «se han tomado medidas» para intentar «solucionar» otra avenida mediante un segundo dique. La que cada vez que hay una crecida, llega a las casas más en bajo, por lo que pretenden «evitar que el año que viene pase lo mismo»

«No se puede luchar contra el agua», sentenciaba de fondo una voz con la mirada en el río. «El agua es lista y va a buscar su cauce», apuntaba otro vecino de Tudela, que «de niño» lo vio llegar y llevarse las casas donde ahora también se afanan en el achique. Fue «hace mucho». «El 29 de enero de 1948», cuando «llegó a la iglesia» y causó «grandes penas y destrozos». Eugenia, que entonces vivía en una casa «a la que no llegó» y sirvió durante días de cobijo a otros vecinos, tiene la fecha grabada en la memoria de sus 88 años y la recita entre versos mirando al río.

«¡Está siendo muy fuerte!»

Pero para muchos, «una así, es la primera vez». Ha habido años en el calendario más próximo, apuntan en un baile de guarismo, que también se ha expandido varios metros un río «que yo he llegado a ver seco», señalaba casi incrédula con lo que se está viviendo de nuevo otra mujer mayor que paseaba con su andador echando un ojo al Duero.

Imagen principal - A su paso por Tudela y Puente Duero, el río va ganando metros

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Imagen secundaria 2 - A su paso por Tudela y Puente Duero, el río va ganando metros

El avance del Duero
A su paso por Tudela y Puente Duero, el río va ganando metros
RUBÉN ORTEGA

«¡Es una pasada! ¡Está siendo muy fuerte!», comentaban un grupo en el que unos amigos les ofrecían a guardar trastos en su casa. Porque la solidaridad es lo que también aflora con la crecida. Familia, vecinos, conocidos… haciendo cemento que sin tiempo para fraguar pretende servir de parapeto a uno de los garajes de una de las viviendas más asomadas al cauce, donde entre bombas de extracción y cubos achicaban lo que podían. «Yo tengo más sacos», ofrecía otro a una cara de prisa y angustia por contener como podían a ese Duero que «nunca había visto así». Es la expresión de la mayoría en Tudela, una localidad de unos cerca de 9.000 habitantes a apenas 20 kilómetros de la capital, donde este domingo casi era una romería de gente hacia el cauce y un único tema de conversación: «¡Qué tremendo!». Ni los patos se atrevían a meterse y aguardaban en las orillas de asfalto.

Y si en Tudela de Duero contenían la respiración, en otros puntos unidos por el río como San Esteban de Gormaz (Soria), tras un tenso sábado, al menos podía reabrir el tráfico por la N-110 a la altura del puente medieval y parecía que situación «ha mejorado». Aunque «hay que ser precavidos», asumía el regidor, Daniel García. También en Valladolid, el barrio de Puente Duero, treinta viviendas están desalojadas aguardando el pico de la crecida, que en la ciudad tiene el punto de atención en el río Esgueva, con el riesgo de que salte los puentes. Y kilómetros aguas abajo rumbo a la desembocadura, a su paso por Zamora capital o Toro, también en alerta. Lo mismo que en Puente Duero,