El diagnóstico del cáncer oral continúa dependiendo, en gran medida, de la sospecha clínica y la confirmación histológica. Sin embargo, en paralelo a los avances en oncología de precisión, una herramienta despierta un creciente interés en el ámbito científico: la biopsia líquida. La posibilidad de detectar marcadores tumorales en sangre o saliva, incluso antes de que exista una lesión visible, plantea un horizonte de cambio en el abordaje de estos tumores. Pero, por el momento, su uso está lejos de generalizarse en la práctica asistencial.

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Javier González Martín-Moro, cirujano oral y maxilofacial del Hospital Universitario La Paz, advierte en una entrevista concedida a Dentalia que la biopsia líquida en el cáncer de cavidad oral “es una técnica que no se emplea en práctica clínica habitual, estando limitada al ámbito de la investigación”. A pesar de su potencial, su desarrollo se enfrenta todavía a importantes obstáculos científicos y técnicos.

Uno de los principales retos radica en la propia naturaleza de lo que se intenta detectar. “La detección de partículas muy pequeñas y en muy baja concentración, ya sea en sangre o en saliva, supone un desafío tecnológico importante”, explica el especialista. Esta dificultad técnica se suma a otros problemas que frenan su incorporación clínica. Entre las barreras más relevantes, el Dr. González Martín-Moro destaca “la falta de estandarización de las técnicas de recogida y procesamiento de las muestras, la variabilidad de parámetros y la falta de potencia en la interpretación de los datos”. 

“La detección de partículas muy pequeñas y en muy baja concentración, ya sea en sangre o en saliva, supone un desafío tecnológico importante” 

No obstante, el experto considera que su aplicación podría aportar valor añadido en diferentes fases del proceso asistencial. En primer lugar, como estrategia de cribado en población de riesgo. Según detalla, podría utilizarse “como técnica de screening, en la detección de tumores en población de riesgo de desarrollar este tipo de tumores (principalmente fumadores y consumidores de alcohol)”. Este enfoque cobra especial relevancia en una patología que con frecuencia se diagnostica en fases avanzadas, con las consecuencias que eso tiene en la supervivencia del paciente. 

Asimismo, la biopsia líquida podría desempeñar un papel en el diagnóstico precoz de pacientes con lesiones premalignas, así como en la evaluación de la respuesta terapéutica. El especialista apunta su utilidad “para comprobar la erradicación del tumor tras el tratamiento con intención curativa, ya sea quirúrgico o con quimio-radioterapia”. En este sentido, permitiría detectar la enfermedad residual mínima que no siempre es visible mediante exploración clínica o pruebas de imagen convencionales.

El seguimiento de los pacientes tratados constituye otro de los escenarios en los que esta herramienta podría marcar la diferencia. El Dr. González Martín-Moro subraya su potencial “en el seguimiento de dichos pacientes, para detectar la recurrencia de forma precoz en el caso de que vuelva a aparecer”. La posibilidad de anticiparse a una recidiva mediante un test no invasivo abriría la puerta a intervenciones más tempranas y menos agresivas.

“La aplicación de la biopsia líquida es interesante para el seguimiento de los pacientes, para detectar la recurrencia de forma precoz en el caso de que vuelva a aparecer” 

Además, la información molecular obtenida a través de la biopsia líquida podría contribuir a afinar el pronóstico y avanzar hacia una medicina más personalizada. Según explica, permitiría “estableciendo un pronóstico para cada paciente, dependiendo del perfil molecular del tumor” y facilitaría “una medicina personalizada en función de las características de la lesión”. Este enfoque encaja con la tendencia creciente hacia tratamientos individualizados basados en biomarcadores.

EL PAPEL “VITAL” DEL ODONTÓLOGO 

En este escenario, el papel del odontólogo adquiere una dimensión estratégica. El Dr. González Martín-Moro recuerda que “es fundamental el papel del odontólogo en el diagnóstico precoz de dichos tumores”. Más de la mitad de los carcinomas de cavidad oral se diagnostican en estadios avanzados, pese a que una parte importante se desarrollan sobre lesiones premalignas previamente existentes. La incorporación de una prueba no invasiva basada en saliva podría reforzar el cribado en consultas de Atención Primaria y odontología general.

“La posibilidad de detectar de forma precoz, a través de una prueba no invasiva como es la toma de una muestra en saliva, permitiría el diagnóstico temprano de estos tumores reduciendo considerablemente la complejidad de la cirugía, la necesidad de tratamientos complementarios (radioterapia), mejorando la calidad de vida de nuestros pacientes y reduciendo el gasto sanitario”, afirma. Aunque todavía circunscrita al ámbito investigador, la biopsia líquida dibuja así un futuro en el que el cáncer oral podría detectarse antes, tratarse mejor y seguirse con mayor precisión.

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