Ariana Geerlings Martínez nació en Granada hace 19 años, pero lleva afincada en Murcia desde que tenía 12, compitiendo para el Murcia Club de Tenis. … Desde septiembre está recuperándose de una grave lesión de rodilla, su segunda rotura de cruzado. Fue campeona de Europa júnior, formó parte de la Academia de Rafa Nadal y el pasado verano ocupaba su mejor puesto en el ránking mundial (posición 308 de la WTA). Ahora que lo peor ha pasado, cuenta en esta entrevista con LA VERDAD cómo está viviendo física y mentalmente este proceso de recuperación.

–¿En qué punto se encuentra de su rehabilitación?

–Ahora mismo estoy recuperándome de una lesión de cruzado, poco a poco. Me operaron a mediados de septiembre y desde entonces estoy rehabilitándome y entrenando mucho, sobre todo la parte física. Ya he empezado también a hacer cosas en pista, así que poco a poco voy avanzando.

–Desgraciadamente, no es la primera vez que se rompe el ligamento cruzado. ¿Es la misma rodilla que la anterior lesión?

–No, es la otra. Hace años (enero de 2021) me rompí el cruzado de la izquierda y ahora ha sido la derecha. Parece que voy equilibrando… (ríe). Pero bueno, por suerte la primera rodilla nunca me volvió a dar problemas. Después de eso fui campeona de varios torneos, así que estoy tranquila, me he vuelto a operar con el mismo doctor en Barcelona.

–¿Mentalmente cómo se lleva pasar por lo mismo dos veces?

–Cuando me dijeron lo que era, se me cayó el mundo encima, sinceramente. Porque ya sabes todo lo que te espera y es muy duro. Aunque cada lesión y cada recuperación son diferentes, conoces los tiempos, el dolor, el trabajo que hay detrás… Y al principio fue complicado, sobre todo mentalmente. Es un proceso muy largo, pero haberlo sufrido ya me ha ayudado a afrontarlo mejor.

El aspecto mental

«Hace un mes empecé con una psicóloga. Siempre aparece el miedo a recaer o a no rendir igual cuando regresas»

–La otra vez le ocurrió viviendo en Manacor. ¿Hay algo que ahora haya sido más fácil?

–Sí, estar en casa ayuda mucho. La otra vez era más pequeña y no entendía bien lo que pasaba. Además, estaba en una academia, lejos de la familia y emocionalmente estaba más sola. Allí la rehabilitación fue muy buena, tenía grandes profesionales y medios, pero era complicado ver a todo el mundo entrenar y competir mientras tú eras la única parada. Ahora voy más al día, con mi equipo, con mi gente.

–Muchos deportistas recurren a psicólogos deportivos en estos procesos. ¿Es su caso?

–Sí, hace un mes empecé con una psicóloga deportiva. No tanto para el día a día, sino pensando en la vuelta a competir. Siempre aparece el miedo a recaer o a no rendir igual. Estamos trabajando eso y también aspectos que quería mejorar cuando compito, para regresar más fuerte mentalmente.

–Nunca una lesión así llega en un buen momento, pero estaba atravesando una buena época de resultados…

–Totalmente, fue el pasado 1 de agosto y venía de ganar un 15.000 en Gran Canaria. La semana siguiente jugué un 100.000 en Maspalomas y fue en ese torneo, en cuartos de final, donde me lesioné. Había conseguido mi mejor puesto en el ránking hasta la fecha, el 90, y quiero volver ahí.

La reaparición

«Me gustaría estar jugando torneos a finales de junio o julio. Empezaría por categorías más bajas»

–¿Lo supo al momento?

–Casi de inmediato. Cuando me caí, noté una sensación muy parecida a la otra vez. No quería creerlo, pero lo sospechaba. Me hicieron las pruebas ese mismo día y se confirmó.

–¿Se ha marcado plazos para volver?

–Me han dicho que alrededor de nueve meses para competir, pero cada cuerpo es distinto. A lo mejor con nueve estoy lista o necesito diez o doce. Prefiero no obsesionarme y escuchar a mi rodilla.

–¿Cómo es su rutina ahora?

–Entreno seis días a la semana. Tres combino pista y gimnasio, con desplazamientos y algo de bola, y los otros días hago más fuerza. Normalmente descanso los domingos. Por las tardes intento mantenerme ocupada: doy clases de inglés a niñas pequeñas, estoy haciendo un curso de nutrición deportiva y estudio cuando puedo. Dejé la universidad porque era imposible compaginarlo todo con el tenis, pero me gusta seguir formándome.

–¿Se plantea volver a competir este verano?

–Ésa es mi idea. Me gustaría estar jugando torneos a finales de junio o julio. Empezaría por categorías más bajas, 15.000 o 35.000, para coger ritmo y también porque he perdido ranking. Poco a poco, según sensaciones.

–Su historia con el tenis viene de familia, ¿nació con la raqueta debajo del brazo?

–Sí, totalmente. Mi padre jugaba, mi abuelo también, mi madre es del Murcia Club de Tenis de toda la vida. Después, mi hermano competía [luego lo dejó y se pasó al ciclismo] y yo lo acompañaba a los torneos por Andalucía, hasta que con seis años dije que yo también quería jugar. Mi primer torneo fue con esa edad y llegué a la final. Desde ahí ya no he parado.

–Nació en Granada, pero se siente murciana. ¿Cómo es eso?

–Porque me fui joven de Granada. Viví en Córdoba y cuando tenía 12 años, destinaron a mi padre a Murcia por motivos laborales y aquí reside ahora mi familia. Yo también he vivido tres años en Manacor, en la academia de Rafa Nadal, y ahora otra vez en Murcia. Al final tengo un acento mezclado de todo (ríe).

–Desde pequeña ha estado vinculada a la Federación Española, ¿qué se siente representando a su país?

–Desde los nueve años me convocan para campeonatos de Europa y del mundo. Representar a España siempre es un honor. Cuanto más mayor eres, más difícil es porque hay muchísimo nivel, pero sigue siendo algo muy especial.

–Y ahora, ¿sueña con esa vuelta a la pista?

–Muchísimo. Visualizo a menudo el día del primer partido. Me imagino jugando, compitiendo y ganando. No sé ni dónde ni en qué superficie, pero esa imagen me motiva.

–¿Cuál es su superficie favorita?

–Tierra batida, sin duda. Es donde más cómoda me siento.

–Muchos deportistas no son capaz de ver partidos cuando están lesionados. ¿Ha seguido el tenis en este proceso?

–Al principio no quería ver nada. Me dolía. Pero ahora sí, estoy viendo torneos como Australia, el circuito femenino y por supuesto seguí a Carlos Alcaraz, que aquí en Murcia es casi religión.

–Después de todo lo que ha pasado, ¿qué se lleva de esta larga etapa lesionada?

–Paciencia. También he aprendido a valorar más las cosas pequeñas. A veces damos por hecho entrenar, competir, viajar y cuando no puedes hacerlo te das cuenta de lo mucho que lo echas de menos. Creo que volveré más fuerte, no solo físicamente, también mentalmente.