La incógnita del entrenador está a punto de despejarse. El Casademont tiene previsto cerrar la contratación del nuevo técnico en las próximas horas, como muy tarde a lo largo de este martes, que tendrá un perfil muy definido: contará, obligatoriamente, con un extenso recorrido en el baloncesto profesional que contemple, al mismo tiempo, un amplio número de partidos acumulados en la la Liga Endesa. Nada ver con anteriores apuestas como Martin Schiller o el propio Jesús Ramírez, quienes, aunque provistos de un futuro prometedor, acabaron siendo devorados por su inexperiencia, su bisoñez y su impericia en el torneo doméstico español.

En este sentido, el Casademont ya tiene diferentes nombres sobre la mesa. Entre las características que busca la entidad, encajan perfectamente las trayectorias de Joan Plaza y Carles Durán, entre otras opciones, mientras que la incorporación de Fotis Katsikaris no se ha contemplado. Si el club, finalmente, no consumara la llegada de un nuevo entrenador, entonces serían Gonzalo García de Vitoria y Rodrigo San Miguel, los dos ayudantes de Ramírez, quienes asumirían la dirección del equipo hasta el final de la presente temporada.

La intención, en cualquier caso, es cerrar la incorporación de un nuevo entrenador con la mayor prontitud. Y tendría ahora tres semanas seguidas para intentar imponer su ideario, ya que, debido al parón por la Copa del Rey, primero, y por los compromisos internacionales, después, el próximo encuentro del Casademont está programado para el 7 de marzo, en la pista del Andorra. 

Siete días más tarde, el cuadro aragonés volverá a jugar fuera de casa –en el Martín Carpena de Málaga, ante el Unicaja–, mientras que el primer compromiso en el pabellón Príncipe Felipe será el día 21, contra el San Pablo Burgos, en la vigésimo tercera jornada.

El Burgos visita Zaragoza

Ese duelo ante los burgaleses está marcado en rojo en el calendario, al tratarse de un rival directo en la lucha por la salvación. El conjunto de Porfirio Fisac permanece en la penúltima posición de la tabla, pero ha recuperado el pulso en las últimas jornadas y ahora compite ante cualquier rival y en cualquier escenario. 

Y se ha situado con sólo dos triunfos de desventaja con respecto al Casademont, que sigue en caída libre tras encadenar hasta seis derrotas consecutivas en el torneo doméstico: cayó en los desplazamientos a Valencia (115-73), Murcia (90-84) y Madrid (99-78), además de claudicar también, en en el pabellón Príncipe Felipe, contra el Girona (90-94), el Bilbao Basket (82-84) y el Joventut de Badalona (67-79).

Si no se concreta ninguna de las operaciones ahora mismo abiertas, entonces será el turno de Gonzalo García de Vitoria y de Rodrigo San Miguel. El zaragozano ya ocupó el banquillo del Casademont el pasado curso, tras la destitución de Porfirio Fisac. Fue a partir del 1 de mayo, y lo hizo de manera interina para los cinco últimos partidos de la competición. Heredó un equipo roto, desnortado, inconstante, con importantes problemas de índole estructural y especialmente quebradizo en defensa –los mismos desequilibrios que en la actualidad–. Demasiadas carencias para ser resueltas en un espacio de tiempo tan reducido.

Pese a todo, con San Miguel la principal mácula del cuadro aragonés atendió al partido ante el Covirán Granada, cuando los andaluces asaltaron el pabellón Príncipe Felipe (88-95). En el resto de sus actuaciones, el Casademont sí compitió con solvencia, aunque solamente en Bilbao obtuvo el premio de la victoria (104-111). 

Así, además la derrota ante el Covirán Granada, cerró el curso cediendo contra el Baskonia (90-84), el Joventut de Badalona (89-79) y el Real Madrid (89-104). De San Miguel gustan su trabajo, su coherencia y sus acertadas lecturas, al margen de contar con el respaldo y el respeto de la plantilla. Su inexperiencia, en este sentido, queda contrarrestada por una rutilante trayectoria como jugador que abarcó hasta 21 temporadas en la élite.

Respecto a García de Vitoria, se incorporó al Casademont el pasado verano, después de haber dirigido al Real Betis Baloncesto en la Primera FEB. Los andaluces alcanzaron el ascenso a la máxima categoría nacional, pero finalmente no pudieron competir en la Liga Endesa tras no haber sido admitida su inscripción.