La mano de Manuel Pellegrini está detrás del cambio que ha dado el Betis en estas semanas. Se demandaba del técnico chileno, el más cualificado posible para el conjunto verdiblanco ahora y en toda su historia, este golpe de timón para corregir lo … que se veía venir antes incluso desde el 0-5 ante el Atlético. Aquella fue la gota que colmó el vaso verdiblanco después de jornadas inquietantes como las de Oviedo y Vitoria y con una irregularidad impropia de un equipo con recursos que mantenía sus aspiraciones vigentes pero que se veía lejos de la posición lógica en LaLiga y apartado de ese paso adelante que se pretendía este curso, donde no se imponía la obligación de entrar en Champions pero sí de caminar hasta el final más cerca que en otras campañas. Ahora, la foto es bien diferente muy poco después: quinto pero a cuatro puntos del tercero (Villarreal) y del cuarto (Atlético) y con una ventaja de seis con el sexto (Espanyol) y siete con el séptimo (Celta). Todo esto tiene un germen. La reflexión por la debacle en la Copa motivó un cambio. Pellegrini habló con sus jugadores y ahí se notó la mano del entrenador.

Desde 2020, el conjunto verdiblanco ha jugado de manera constante con un sistema 4-2-3-1 que mutaba en 4-4-2 en determinados momentos. La clave estaba en la primera línea de presión, que la realizaban los dos jugadores en punta. Uno con perfil más de nueve y otro, de mediapunta. Las combinaciones fueron variadas en este tiempo: Fekir y Borja Iglesias, Isco y Willian José, Lo Celso y Vitor Roque, Fornals y Cucho, Isco y Bakambu… El creativo se movía más en punta para alternarse con el nueve la insistencia hacia los dos centrales o ir tapando al pivote rival. Un juego de poleas tras la que quedaban pendientes los jugadores del centro del campo para ver si daban un paso más.

Esa idea ha tenido éxito en el Betis en este tiempo hasta que los rivales fueron cogiéndole el truco. Los huecos entonces empezaron a aparecer, y fueron extremadamente llamativos en esta campaña. Equipos como el Oviedo o el Alavés generaron enormes superioridades por dentro al hacer caer a sus extremos o delanteros hacia la medular y dejar al doble pivote expuesto con la primera línea ya superada. Aitor preguntaba muchas veces al banquillo en el Tartiere qué tenía que hacer con lo que estaba pasando a su espalda, por ejemplo. Esa desesperación se notaba y hacía mucho daño. Las llegadas a la frontal y las aperturas a las bandas en ventaja de los oponentes perjudicaban mucho al balance defensivo.

Tras el 0-5, donde todo eso se evidenció de forma palmaria, Pellegrini reunió a los suyos tras consultas con sus colaboradores Fernando y Cousillas e hizo el retoque que ha cambiado el curso del equipo. Parece muy sencillo al consistir en retrasar a Fornals a la posición de interior y aprovechar la incorporación de Fidalgo. Marc Roca se queda de ancla, ya no hay doble pivote, y entre los tres, con los interiores en sus perfiles, los saltos se coordinan. Bakambu queda arriba y los extremos trabajan sólo abiertos. Ahí cada uno tiene su espacio, las líneas se juntan y se aprovecha la velocidad en la respuesta para las salidas al contragolpe, que con lanzadores de buen pie y ejecutores rapidísimos como Abde y Antony no hay equipo que sea capaz de frenarlo por mucho que se ensaye, como dijo Arrasate que había hecho con los suyos.

Fue el mismo once y el mismo sistema que empleó contra el Atlético y le salió bien tanto en el Metropolitano como en Son Moix. Ya veremos este sábado ante el Rayo si repite en la Cartuja donde quizás se pueda esperar que tenga más balón. Y es que este nuevo sistema del Betis requiere que el equipo haya renunciado en parte a acaparar la posesión. Tanto ante el Atlético como contra el Mallorca tuvo la pelota sólo un 35 por ciento del tiempo. Es verdad que en los últimos tiempos el equipo de Pellegrini había descendido en su dominio del esférico en los partidos, no en vano en la temporada su media es del 50 por ciento. Es decir, no juega ya avasallando en esta línea como en años anteriores. Es una seña de identidad que ha cambiado debido a la conformación de la plantilla. Con Abde y Antony es natural, futbolistas que corren y pegan. Y sin Isco, que requiere de pelota para brillar. Un Betis más de bloque bajo que no forzaba al conjunto a jugar como antes a pesar de las bajas, sino que está más adaptado a los recursos disponibles.

Pellegrini y el cambio para jugar ahora en casa

El cambio de sistema está por ver ahora si se sostiene en los dos partidos en casa ante el Rayo y el Sevilla, pero lo que evidencia es que el Betis de Pellegrini no sólo tiene un plan sino varios. Y es la mejor noticia de todas. No es nuevo el 4-3-3 para el técnico chileno, que ya lo empleó en el Real Madrid y que a Isco puede venirle estupendamente cuando regrese. En verdiblanco ensayó en varias ocasiones en verano con un 4-1-4-1, que ha empleado puntualmente en fases de encuentros, sobre todo en casa. Uno de los grandes beneficiados es Marc Roca, que no ha de cubrir tanto espacio y que como ancla disfruta más haciendo coberturas y sin tener que depender tanto el equipo de su salida de pelota, donde los rivales le cercaban y generaban problemas. Ahora tiene más variantes el grupo y eso lo agradece un equipo que es capaz de generar muchas ocasiones (más allá de los goles, mano a mano de Riquelme ante Oblak u oportunidades de Abde, Fornals y Antony en Mallorca) y que se lleva los partidos con mayor fiabilidad que antes.

En definitiva, un cambio que se demandaba y que Pellegrini ha sabido obrar con su maestría habitual. El chileno es el mejor entrenador que puede tener el Betis no sólo en este tiempo, sino en toda su historia como es indiscutible en sus datos objetivos. El club pedía que tuviera cintura para cambiar lo que se veía que iba mal en Oviedo y Vitoria y que tocó fondo ante el Atlético en la Copa para enorme decepción del personal. Lo ha hecho con esta modificación de sistema que beneficia al grupo por interpretar la nueva idea adaptada a los recursos de los que dispone. Ahora volverán Cucho, Chimy y Bellerín, que aumentarán las variantes en un momento clave de la temporada, cuando el equipo puede prepararse mejor con semanas limpias y acumular puntos con un calendario propicio ante Rayo y Sevilla en casa antes de la exigencia que se viene en marzo con Getafe, Celta y Athletic además de las eliminatorias de octavos de final de la Europa League.