Francisco J. Amaro Gahete (Fuente Obejuna, Córdoba, 5-5-1991) es un curioso nato (en el mejor sentido de la palabra, de quienes se pregunta … todo). Un «preguntón». Dice de él mismo. Profesor titular del departamento de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada (UGR) e investigador del Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud, ha recibido el premio Young Investigator Award otorgado por la revista científica internacional Nutrients. El mejor investigador joven en nutrición y salud.

Estudió en Granada la licenciatura en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y también el grado de Medicina, doctorándose en Biomedicina con la máxima calificación. Ha recibido distintos premios científicos, entre ellos el PhD Academy Award a la mejor tesis internacional en Medicina del Deporte o el premio extraordinario de doctorado. Ahora ha llegado un nuevo reconocimiento.

En su trayectoria, cuenta que han sido determinantes mentores como los doctores Manuel Castillo, Ángel Gutiérrez y Jonatan Ruiz, quienes le transmitieron una forma de entender la ciencia que «va más allá de publicar o acumular proyectos». De ellos aprendió la importancia de formular preguntas que realmente importen, de sostener el trabajo con constancia y honestidad, y de mantener la ilusión y la alegría incluso cuando los resultados no acompañan. También le enseñaron, según expresa que «la excelencia científica debe ir siempre unida a la generosidad y al compromiso con el equipo».

Por otra parte, la docencia, lejos de ser una obligación académica, forma parte de su identidad profesional. Comenzó casi de manera intuitiva en la adolescencia, dando clases particulares a compañeros de instituto, y desde entonces no ha dejado de enseñar. Considera que explicar obliga a ordenar el pensamiento y a detectar las propias lagunas. «Los estudiantes no solo reciben conocimiento: plantean preguntas exigentes y le recuerdan cada día la responsabilidad que implica contribuir a la formación de los médicos que mañana estarán al frente de las decisiones clínicas», reflexiona.

–¿Qué es lo más difícil de ser científico joven?

–Probablemente aprender a convivir con el rechazo sin perder ambición. En ciencia te dicen «no» muchas veces: proyectos, becas y artículos. Lo importante es analizar cada negativa, entenderla y volver más fuerte. La exigencia es alta, pero también lo es el crecimiento profesional y personal.

–¿Siempre quiso ser investigador?

–Siempre he sido tremendamente curioso, hasta el punto de resultar «preguntón» y no caer especialmente en gracia a algunos profesores. Cuando no entiendo algo siento casi obsesión por descubrirlo. El ejercicio lo veía funcionar en la práctica, pero había preguntas sin responder científicamente. La academia me ofrecía justo eso: un lugar donde convertir la curiosidad en conocimiento.

–¿Con el paso de los años y pasando lo que ha pasado, volvería a elegir el camino de la ciencia?

–Sin ninguna duda. Es un camino exigente, pero me permite hacer lo que más me gusta: aprender cada día y hacerme preguntas nuevas. Si algo me caracteriza es que lo hago todo al 100%, y la ciencia encaja muy bien con esa forma de vivir. Disfruto del proceso tanto como de los resultados.

–Mejor investigador en nutrición y salud por su excelencia ¿En la investigación no cabe la mediocridad?

–Trabajamos con conocimiento que puede afectar a la salud de personas en su día a día, así que el rigor y la exigencia es innegociable. No se trata de competir por métricas, sino de hacer las cosas bien. Nosotros intentamos que cada estudio responda a una pregunta relevante y tenga aplicabilidad real. La exigencia empieza por uno mismo.

–Le reconocen su proyección científica. ¿Cuál es la meta en su investigación?

–Más que acumular reconocimientos, nuestra ambición es que la nutrición y el ejercicio tengan el lugar que merecen en la práctica clínica. Siempre digo que me tomo mi «pastilla» diaria de ejercicio a las seis de la mañana. Ojalá llegue el día en que esa prescripción esté tan protocolizada como cualquier fármaco.

–¿Cómo le hace sentir ayudar a gente con enfermedades como el cáncer?

–Es difícil explicarlo en pocas palabras. Cuando vemos que pacientes operados de cáncer de colon reducen varios días su estancia hospitalaria o sufren menos complicaciones quirúrgicas gracias a un programa de ejercicio y nutrición, la sensación es espectacular. A veces la relevancia clínica va más allá de la significación estadística. Sentir que estamos mejorando vidas compensa todo el esfuerzo que realizamos.

–¿Cómo la nutrición y el ejercicio físico pueden integrarse como herramientas preventivas y terapéuticas en patologías crónicas?

–No como complementos, sino como parte estructural del tratamiento. Sabemos que modulan inflamación, metabolismo, composición corporal y largo etc., pero aún falta integración en el sistema sanitario. La clave es el trabajo multidisciplinar y la conexión entre academia y práctica clínica. Ahí tenemos mucho margen de mejora.

–¿Es la gente cada vez más consciente de la influencia del ejercicio físico en la salud?

–Sí hay mayor conciencia, pero todavía existe una brecha entre saberlo y aplicarlo. El ejercicio sigue viéndose como algo opcional cuando en realidad es medicina. Nosotros lo vivimos así cada día. El reto es convertir esa evidencia en cultura sanitaria.

–¿Cuál es el siguiente premio que le gustaría recibir?

–Los premios, claro que ilusionan, y sería ingenuo decir lo contrario. Pero los que de verdad permanecen son los cotidianos: construir proyectos con compañeros excepcionales, ver crecer a estudiantes con criterio propio y sentir el apoyo incondicional de mi mujer y mi familia en cada etapa. Si mantenemos esa coherencia y ese entusiasmo por lo que hacemos, los reconocimientos llegan como consecuencia, no como objetivo.

–¿Qué nota le da al momento de la ciencia en el ámbito UGR y nacional?

–El talento no es el problema; es extraordinario. Lo que necesitamos es más continuidad estructural, menos burocracia y una integración más fluida con la clínica. La Universidad de Granada tiene un nivel muy alto y me siento muy orgulloso de pertenecer a esta institución. Si consolidamos las bases, el potencial es enorme.