La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) engloba, fundamentalmente, dos afecciones crónicas, la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, que causan inflamación a largo plazo en el tracto digestivo. Los afectados tienen más probabilidades de desarrollar cáncer colorrectal. Así lo señala un reciente estudio publicado en ‘Clinical Gastroenterology and Hepatology’. Según el equipo investigador, perteneciente …
La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) engloba,
fundamentalmente, dos afecciones crónicas, la colitis ulcerosa y la enfermedad
de Crohn, que causan inflamación a largo plazo en el tracto digestivo. Los
afectados tienen más probabilidades de desarrollar cáncer colorrectal.
Así lo señala un reciente estudio publicado en ‘Clinical
Gastroenterology and Hepatology’. Según el equipo investigador, perteneciente a
la Facultad de Medicina de la Universidad de Langone de Nueva York
(EEUU), el nivel de riesgo de cáncer va a depender, sobre todo, del grado
inicial de las lesiones precancerosas, o lo que es lo mismo, displasia, de ahí
la necesidad de un seguimiento regular, según subrayan.
En concreto, la investigación reveló que, durante un período
de casi 15 años, los pacientes con lesiones colorrectales precancerosas de bajo
grado tenían 3,5 veces más probabilidades de desarrollar displasia avanzada o
cáncer colorrectal que aquellos sin dichas lesiones. En el caso de quienes
presentaron el hallazgo inicial más grave, displasia de alto grado, el 40 %
desarrolló cáncer colorrectal.
«Si bien sabemos
desde hace tiempo que la displasia aumenta el riesgo de cáncer en la EII, no se
ha aclarado el nivel exacto de peligro para cada grado», según el autor
principal, el Dr. Jordan Axelrad, profesor asociado del Departamento de
Medicina de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York y
codirector del Centro de Enfermedad Inflamatoria Intestinal Langone de la
Universidad de Nueva York. «Nuestro trabajo proporciona datos sólidos y a largo
plazo que pueden ayudar a médicos y pacientes a tomar decisiones más informadas
sobre la frecuencia de las pruebas de detección del cáncer y las posibles
intervenciones», agregó.
Para el estudio, el equipo de investigación analizó datos de
un registro nacional en Suecia. Esto les permitió monitorear la salud de más de
54,000 personas diagnosticadas con EII. Este enfoque nacional proporciona una
visión más completa que los estudios realizados en un solo hospital, que pueden
presentar sesgos relacionados con su población específica de pacientes.
Los investigadores utilizaron informes patológicos, que describen
muestras de tejido examinadas al microscopio, para agrupar a los pacientes
según el hallazgo inicial de displasia. Los grupos incluyeron pacientes sin
displasia, con displasia indefinida, con displasia de bajo grado y con
displasia de alto grado. Posteriormente, el equipo realizó un seguimiento de
cada grupo durante una mediana de casi 15 años para determinar quiénes
desarrollaron displasia más avanzada o cáncer colorrectal.
Mediante modelos
estadísticos, el equipo calculó el riesgo de progresión a lesiones
precancerosas avanzadas o cáncer para cada grupo. El análisis tuvo en cuenta
otros factores de riesgo conocidos, como el sexo, la edad, la extensión de la
EII y otras afecciones médicas relacionadas del paciente. Esto ayudó a aislar
el riesgo que representaban únicamente los diferentes grados de displasia.
Los hallazgos subrayan la importancia de seguir un programa
de colonoscopias recomendado por el gastroenterólogo lo que permite a los
médicos detectar y extirpar células precancerosas de forma temprana.
«Nuestro próximo
objetivo es ver si podemos crear una calculadora de riesgo personalizada basada
en estos hallazgos. Esta herramienta podría ayudar a los médicos a adaptar
mejor los planes de vigilancia de colonoscopias a cada paciente, detectando
potencialmente cambios peligrosos de forma temprana y evitando procedimientos
innecesarios en pacientes con menor riesgo», concluyó el Dr. Axelrad.