Dos mil piezas de vidrio de borosilicato colocadas cuidadosamente cubren casi todo el suelo del Espacio Zero de la Fundació Miró, en Palma. Conforman «una topografía frágil: una alfombra líquida, un archipiélago de medusas», explica la comisaria de arte Cristina Anglada en la hoja de sala. Inconfundible Stella Rahola Matutes (Ibiza, 1980), una de las artistas de Balears más brillantes de su generación. La instalación ‘La Biblioteca’ se enmarca de hecho en un nuevo ciclo dedicado a artistas emergentes impulsado por Antònia Maria Perelló, y convive a escasos metros con las obras de Miró y los objetos que fue reuniendo y le inspiraron su particular universo, expuestos bajo el título ‘Retrobar Miró. La guspira màgica’, que abrió el pasado 12 de febrero.
Rahola compone su biblioteca con piezas de descarte, rotas o con defectos, de objetos de laboratorio hechos de vidrio de borosilicato, «cuya finalidad es el conocimiento científico, aunque solo puede ser trabajado con las manos», según explicó la artista ibicenca en la inauguración de la instalación, en septiembre. Cosas rotas que ya no sirven para su cometido original, la investigación científica, hechas de un material que no se puede reciclar, se transforman con la intervención de la artista y adquieren un nuevo significado y una nueva estética, cargada de poesía y delicada belleza, ante las que el espectador deja vagar su mirada de forma aleatoria, pues no hay ni principio ni final pero sí un patrón evidente en el que la forma y el tamaño marcan una pauta. Rahola nos sitúa frente a la fragilidad del conocimiento y la tremenda dificultad de alcanzarlo, pues el borosilicato, un material muy resistente utilizado en los laboratorios, sólo se puede trabajar de forma manual. Y no se puede reciclar industrialmente porque su punto de fusión es muy superior al del vidrio común. «Su recolección, transformada en gesto artístico, se convierte aquí en archivo material y arqueología del presente», apunta Anglada. Y así es, pues la artista recuperó las piezas desechadas en talleres de Cataluña: matraces, probetas, ampollas, lámparas, tubos, alambiques, frascos, utensilios diversos «se organizan como si fueran especímenes, libros o instrumentos. Cada objeto encarna un conocimiento corporal y subraya la inteligencia de las manos frente a la abstracción de la ciencia. La instalación invierte la jerarquía del saber: para alcanzar la teoría, hay que pasar por la piel», prosigue la comisaria y gestora cultural.
Las piezas se ordenan según un código que solo conoce la autora, pero el espectador tiene la sensación de que nada está colocado al azar. Se podría decir que el conocimiento se extiende ante quien observa como una superficie transparente pero, paradójicamente, no puede acceder a él porque le faltan las claves para descifrar ese lenguaje. También resulta chocante la constatación de que sin ruptura no hay conocimiento: la fractura genera una nueva realidad, más trascendente y reveladora. Como en la propia vida.
Tres cajas de luz en las que el vidrio se visualiza, como extrañas y desconcertantes radiografías, completan ‘La Biblioteca’ de Rahola, obra de 2023 que pertenece a la colección del Museu d’Art Contemporani de Barcelona (Macba) y que ha adaptado al espacio de la Fundació Joan y Pilar Miró.
Piezas que adquieren otro significado
Esta labor de recolección de la artista ibicenca de piezas desechadas para resignificarlas y transformarlas, guarda paralelismo con la que durante toda su vida alentó la creación artística de Joan Miró. Rahola tiene solo tres años cuando el genio catalán muere a los 90 años: sus mundos son totalmente distintos (tanto el externo que les envuelve como el interior, el personal) pero el motor, el mecanismo del acto creativo, se desencadena de la misma manera. Una búsqueda, un hallazgo casual, un estímulo que enciende la chispa (la guspira mágica del título de la exposición); la transformación y la creación de un lenguaje, de una comunicación, de imaginarios únicos a partir de objetos vulgares, descartados, intranscendentes, invisibles para los demás, insignificantes.
La exposición ‘Retrobar Miró. La guspira màgica’ permite sumergirse en el universo del artista a partir de los objetos de todo tipo (conchas, piedras, palos, máscaras tribales, recortes de publicaciones, dibujos, calabazas… cosas de lo más diverso) que recogía y guardaba en su taller, y que le servían de inspiración: disparaban el proceso creativo que llenó su obra de seres fantásticos.
La investigación artística de Stella Rahola parte de su formación en Arquitectura, de ahí su interés por el espacio, la capacidad de transformación, resistencia y límites de los materiales, y la construcción de estructuras que caracteriza su obra. Las instalaciones, escultóricas, recrean lugares y «encuentros situacionales» que, como en ‘La Biblioteca’, rescatan materiales de desecho.
La artista ibicenca ha sido finalista del Premio Ciudad de Mallorca (2025), y ha ganado el Premio Arts Libris Banc Sabadell (2024), el Bienal de Artes Visuales Ricard Camí (2022), A-FAD al reconocimiento de su trayectoria (2021), el Cube Cultura Prize en México y el de Escultura de la Fundación VilaCasas (2021), entre otros. Su obra se expone en el Museo de Arte Contemporáneo de Ibiza, entre otros centros. En la actualidad, es artista residente en Hangar (2023-2025), y desde 2016 es docente del MEATS (Master in Ephemeral Architecture and Temporary Spaces) en la Facultad de Elisava de Barcelona. La instalación de la Fundació Miró de Palma se puede visitar hasta el 23 de marzo y es, sin duda, una oportunidad única para sumergirse en su obra y reencontrarse con Miró desde otra perspectiva.
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