El último desacato de Javier Ortega Smith ha acabado por partir en dos un grupo municipal que ya hacía aguas. Su resistencia a cumplir con la orden de la Ejecutiva nacional de entregarle la portavocía a la concejala Arantxa Cabello ha generado dos bandos en … el seno local de Vox que, según vaticinan los más militantes, acabará por resolverse con la expulsión de los orteguistas.

Unos se atrincheran en el silencio y dibujan a un líder «tranquilo, pero dolido»; otros, en cambio, alzan la voz y exigen rendiciones de cuentas a un ‘jefe’ que «nunca» aclaró cómo pasó de ser uno de los fundadores de Vox y amigo personal de Santiago Abascal —hasta el punto de ser padrino de una de sus hijas—, a ser cesado paulatinamente de cada uno de sus cargos. «Nos debe una explicación», apuntan a ABC aquellos que advierten de que Ortega Smith «sigue en sus trece» con retar a la dirección nacional para así mantener su último bastión político. «Algo habrá hecho mal para que su relación con Abascal se deteriore», asumen fuentes internas que se niegan a cerrar filas en torno a un portavoz que ha permitido que sus redecillas personales «arrastren a todos».

La crisis interna se desencadenó a inicios de semana, cuando la dirección nacional envió un mail a los cinco concejales informándoles de la decisión de que la portavocía pasaba a Cabello. En consecuencia, la edil convocó al grupo municipal a una reunión en la mañana del martes para oficializar que asumía el encargo. No obstante, esta no llegó a celebrarse. Pues ni Ortega Smith ni Carla Toscano ni Ignacio Ansaldo se presentaron en aras de exhibir su rechazo a la decisión.

Así fue como los dos únicos concejales presentes, Cabello y Fernando Martínez-Vidal, firmaron un acta explicando a la Ejecutiva los motivos por los que no se había llevado a cabo la reunión. Fue al día siguiente cuando Vox hacía pública su decisión de suspender de militancia a Javier Ortega Smith de forma temporal tras no acatar la orden de entregar la portavocía en el Palacio de Cibeles.

No obstante, Ortega Smith volvía a retar a Abascal en la mañana del jueves. Primero, en público, al presentarse en la Junta de Portavoces —con aspecto «tenso» pero sin criticar a su partido, como indican los presentes— para reivindicar su puesto. Segundo, a nivel interno, durante una reunión anterior. A primera hora de ese jueves, el grupo municipal se veía por primera vez las caras desde que estallase esta crisis.

Los bandos ya eran palpables: a un lado, Arantxa Cabello, que se levantaba de la mesa tras defender su nuevo encargo y avisar a Ortega Smith de que no le reconoce como portavoz, y Fernando Martínez-Vidal, quien también le reprochaba haber tirado piedras contra Vox en los últimos días de campaña de Aragón; al otro lado de la mesa, los dos concejales fieles al actual portavoz, se mantenían callados. Es por esto, y por el acta que se firmó el pasado martes ante su desplante, que desde Vox se sobreentiende que la destitución de Ortega Smith conllevará también la de Toscano y la de Ansaldo.

Ello despejaría el camino a la dirección nacional que, por mucha orden que dé sobre el cambio de portavocía, esta depende de la decisión del grupo municipal y del reglamento del Pleno del Ayuntamiento de Madrid. La situación administrativa y legal de Ortega Smith, queda en todo caso en manos del Pleno de Cibeles, que estudia su futuro desde que este jueves recibiera el escrito oficial del secretario general de Vox, Ignacio Garriga, ante la Secretaría General del Pleno del Ayuntamiento de Madrid indicando el procedimiento sancionador hacia el concejal.

Ni Ortega Smith reconoce a Arantxa Cabello como portavoz ni la edil a él, pero la decisión está en manos la Secretaría del Pleno

De este modo, la Secretaría del Pleno y del presidente del hemiciclo, Borja Fanjul, son quienes tienen que ver el contenido del escrito y determinar cuál es la situación que se pueda producir. Un caso complejo dado que Ortega Smith cuenta con la peculiaridad de que ha sido dado de baja de las siglas de forma temporal y que, además, aún puede recurrir la decisión. Fruto de ello, quedan incógnitas sobre qué hará con su escaño. Podría bien irse al grupo de no adscritos, bien permanecer en Vox como independiente o renunciar al acta. Esto es lo que exigen las voces más leales al partido, que defienden que si no está de acuerdo con las órdenes existen dos opciones: irse o cumplir. «Lo que no puede uno es declararse en rebeldía».

En todo caso, no es la primera vez que esta situación sucede en el Pleno de Cibeles. Sin ir más lejos existe un precedente en la pasada legislatura. En aquel caso se trató de cuatro concejales de Más Madrid que decidieron abandonar la formación al entender que la estructura no era la misma que la que se había presentado a las elecciones. Bajo este pretexto, los llamados carmenistas por su cercanía a la exalcaldesa de Madrid y exlíder de la plataforma de izquierdas, decidieron agruparse como Grupo Mixto, ya que le daban más ventajas políticas y financieras. Entonces, el Pleno de Cibeles presidido por el PP les autorizó la creación de Recupera Madrid.

No obstante, tanto Más Madrid como Vox recurrieron esta decisión y lograron que los tribunales les obligaran a pasar al grupo de no adscritos. Aun así, los votos de estos cuatro concejales —después pasaron a ser tres— fueron decisivos, hasta el punto de que el alcalde José Luis Martínez-Almeida sacó sus terceros Presupuestos gracias a un acuerdo con ellos. Eso sí, nunca volvieron a figurar en unas listas electorales.

Más tranquilos sin Monasterio de portavoz

En la Asamblea de Madrid, los diputados de Vox creen que el paso que ha dado el Comité Ejecutivo Nacional de Vox al suspender de militancia de forma cautelar a Javier Ortega Smith es lógico y obedece a las reglas internas que se han dado en el partido. En declaraciones a los medios de comunicación en el Parlamento autonómico, la portavoz del Grupo parlamentario de Vox, Isabel Pérez Moñino, se ha negado a hablar de crisis en el grupo municipal de su partido en el Ayuntamiento de Madrid y ha enmarcado la medida contra el que fuera uno de los fundadores de Vox dentro de la «normalidad». En todas las organizaciones, ha subrayado, se producen «cambios naturales». Pérez Moñino ha destacado que en el caso de la Asamblea el grupo de Vox está perfectamente cohesionado y en plena sintonía con la dirección nacional.

Fuentes de Vox reconocen que desde el punto de vista personal les duele lo que está pasando con Ortega Smith, quien se negó a acatar la decisión de la dirección nacional de relevarle en la portavocía del partido en Cibeles. En ese plano, confiesan que «evidentemente» les da pena. Pero desde el punto de vista política e interno, en Vox impera la disciplina y la jerarquía en el partido, algo que tienen como un punto fundamental de esta formación.

Estas mismas fuentes explican que Vox es todo lo contrario a los «personalismos» y a mantener una línea que se aparte de la marcada desde la dirección nacional. «A veces se toman decisiones que nos afectan y nos apartan de un puesto, pero hay que acatarlo», advierten. Aquí, subraya, ha habido un problema de «disciplina» y por eso se suspende ahora a Ortega Smith.

En los pasillos de la Asamblea, desde Vox se subraya que su fuerza radica en tener un solo discurso nacional, que es válido en todas las instituciones. Es un mensaje marcado desde el Comité Ejecutivo Nacional y en el Parlamento nacional se sigue a rajatabla. Por eso en los 11 escaños de este partido en Vallecas se respira ahora mismo tranquilidad, sin tensiones internas, con un grupo unido, aunque sus diputados puedan mantener discrepancias en temas concretos. En cualquier caso, reconocen que el grupo vive ahora más tranquilo que cuando tenían a Rocío Monasterio como portavoz, y se debe sobre todo a esa coordinación y sintonía con la dirección nacional.