Una nueva revisión científica ha analizado cómo debe abordarse el diagnóstico de las crisis epilépticas en gatos, aportando consejos prácticos en este ámbito. En general, los autores insisten en la necesidad de seguir un protocolo estructurado que permita identificar la causa subyacente y diferenciar entre epilepsia estructural, reactiva o de origen desconocido.

La edad y la raza del animal pueden orientar el diagnóstico diferencial. Así, subrayan que en pacientes juveniles deben contemplarse causas anómalas, metabólicas y enfermedades genéticas, y se han descrito malformaciones cerebrales como hidrocefalia, porencefalia o lisencefalia.

Por otra parte, en gatos adultos, el inicio de crisis epilépticas a partir de los 7 años se ha asociado con un aumento de la probabilidad de una epilepsia estructural. Además, los gatos de raza muestran una mayor probabilidad de presentar una causa estructural subyacente.

De la misma forma, la investigación señala que la historia clínica detallada constituye uno de los pilares del proceso diagnóstico. En este sentido, el artículo subraya que es fundamental determinar si los episodios descritos corresponden realmente a crisis epilépticas o a otros eventos paroxísticos, como síncope, enfermedad vestibular o discinesias paroxísticas. En este sentido, recomiendan el uso de vídeos aportados por los propietarios.

Por otra parte, determinadas características del episodio pueden orientar el diagnóstico: la salivación durante la crisis se ha asociado con epilepsia idiopática, mientras que la vocalización se ha relacionado con epilepsia estructural.

CLAVES EN LA EXPLORACIÓN Y LAS PRUEBAS COMPLEMENTARIAS

El trabajo también destaca la relevancia de los cambios conductuales entre crisis, como alteraciones en la interacción con personas u otros animales, modificaciones en la vocalización, disminución del acicalamiento, eliminación inadecuada, presión de la cabeza o movimientos repetitivos. Estos signos pueden sugerir enfermedad del prosencéfalo.

Además, antecedentes como pérdida de peso, signos gastrointestinales, alteraciones del apetito, poliuria o polidipsia pueden indicar enfermedad sistémica de origen metabólico, infeccioso o neoplásico.

El posible acceso a toxinas, traumatismos craneales previos, deficiencias nutricionales, incluida la deficiencia de tiamina asociada a determinadas dietas, así como el estado vacunal y la historia de viajes, también deben formar parte de la evaluación inicial.

La revisión incide en que todo gato con crisis epilépticas debe someterse a un examen físico y neurológico completo. La exploración debe incluir la valoración del estado mental, comportamiento, postura, marcha, propiocepción, reflejos espinales y nervios craneales, además de la medición de la presión arterial para descartar hipertensión.

Por otro lado, la exploración del fondo de ojo puede aportar información sobre enfermedades infecciosas, degenerativas o hemorragias asociadas a hipertensión.

Asimismo, los autores señalan que alteraciones neurológicas detectadas en el periodo interictal se han asociado con epilepsia estructural, aunque advierten que los cambios postictales transitorios pueden modificar temporalmente los hallazgos clínicos.

LA IMPORTANCIA DE LAS PRUEBAS LABORATORIALES

En las fases iniciales del estudio diagnóstico se recomienda realizar pruebas laboratoriales para descartar causas metabólicas. El hemograma y la bioquímica sérica permiten investigar encefalopatía hepática o renal, alteraciones lipídicas, policitemia o anemia grave.

También se aconseja la determinación de ácidos biliares, amonio, teniendo en cuenta que puede aumentar transitoriamente tras una crisis, hormonas tiroideas y electrolitos. En este sentido, apuntan que la intoxicación se describe como la causa más frecuente de crisis reactivas en gatos, incluso cuando las pruebas sanguíneas resultan normales.

Una vez descartadas causas reactivas, el artículo señala que deben considerarse pruebas de imagen avanzadas para investigar posibles lesiones intracraneales. La tomografía computarizada puede ser útil en determinados contextos, como traumatismos o sospecha de algunas neoplasias, pero la resonancia magnética se considera la técnica de elección por su mayor resolución y capacidad para identificar tanto causas estructurales como cambios compatibles con enfermedades metabólicas o neurodegenerativas.

El análisis del líquido cefalorraquídeo puede estar indicado en función de los hallazgos en imagen avanzada, especialmente ante sospecha de enfermedad inflamatoria o infecciosa. Aunque puede aportar información relevante, los resultados pueden ser inespecíficos y el procedimiento conlleva riesgos, por lo que su indicación debe valorarse cuidadosamente. Asimismo, se describen pruebas específicas para enfermedades infecciosas mediante técnicas como cultivo o PCR en líquido cefalorraquídeo, así como la utilidad de pruebas serológicas en determinados casos.

También se recomienda comprobar el estatus frente a virus de la leucemia felina y virus de la inmunodeficiencia felina, dada su asociación con inmunosupresión y con el desarrollo de linfoma que puede afectar al sistema nervioso central. En pacientes juveniles de determinadas razas, el test genético para enfermedades de almacenamiento lisosomal puede resultar de utilidad como parte del estudio etiológico.

La revisión concluye que la epilepsia de origen desconocido es una causa frecuente de crisis epilépticas en gatos. Según los autores, este diagnóstico solo debe establecerse tras haber descartado de forma sistemática causas reactivas y estructurales mediante una historia clínica detallada, una exploración completa y la realización de las pruebas complementarias indicadas en cada caso.

SOLUCIONES PARA LA EPILEPSIA EN GATOS

La epilepsia es la enfermedad neurológica más frecuente entre animales de compañía que se manifiesta a través de convulsiones. En este sentido, Dômes Pharma dispone de soluciones para ayudar al tratamiento de esta enfermedad en gatos.

Así, cuentan con Ziapam, una solución inyectable intravenosa para perros y gatos que contiene diazepam, un derivado de las benzodiazepinas. El diazepam reduce la actividad en niveles subcorticales del sistema nervioso central, especialmente en áreas como el sistema límbico, el tálamo y el hipotálamo.

A través de la reducción de la actividad del sistema nervioso central, el diazepam produce efectos ansiolíticos, sedantes, relajantes musculares y anticonvulsivos. Ziapam se presenta en una caja con 6 ampollas de vidrio incoloro de tipo I de 2 ml, y desde Dômes Pharma recomiendan conservarlo en el embalaje original y protegerlo de la luz.

“La solución que quede en la ampolla después de extraer la dosis requerida deberá desecharse. No debe mezclarse con otros medicamentos veterinarios. Vida útil: 4 años, uso inmediato una vez abierto”, apuntan desde Dômes Pharma.