Esperemos que no se nos exija simpatía o condescendencia hacia los bandidos que se apropiaron en Balears de ayudas covid sin justificación. En 2021 se adjudicaron aquí 860 millones, cinco veces más que a toda Cataluña, a empresarios que a veces mediante una simple declaración responsable alegaran una reducción superior al treinta por ciento en sus ingresos durante el primer año de pandemia. Hubo personas honradas que devolvieron el dinero, y otras que justificaron escrupulosamente lo gastado. También hubo quienes se compraron coches de alta gama y chalets.

Recuerde dónde leyó antes que «El Govern contrata a decenas de personas para revisar las ayudas covid». Centenares de millones de euros no se han justificado adecuadamente, los contenciosos que seguirán a las reclamaciones de reintegro colapsarán la sala correspondiente del Tribunal Superior de Justicia de Balears. Se beneficiaron 10.500 empresarios de toda la comunidad, a través de la conselleria de Turismo y Trabajo de Iago Negueruela. No es descabellado afirmar que la mayoría son de dudosa acreditación, tras un informe en 2024 de la Sindicatura de Cuentas.

El Govern del PP no era propicio a una revisión exhaustiva, que le obligaba a reclamar a sus votantes y financiadores. Por fortuna para Mallorca, se interpuso la figura de un jefe de departamento cuya identidad no desvelaremos, porque bastante ha sufrido ya por el sencillo deseo de aspirar a que se cumpla la ley. No era lógico que quedara sin retorno el grito colectivo en el verano de 2021 de los dueños de restaurantes de un puerto deportivo cualquiera de Balears, «vamos a comprarnos un coche de lujo».

No solo se habla aquí de devoluciones administrativas, sino de un fraude con repercusiones más onerosas. Se halla documentado el caso de un empresario que compró un solar con los euros recibidos, donde a continuación levantó un hermoso chalet. Admitamos que hubo beneficiarios que pensaron que los miles de euros se regalaban a fondo perdido, y que un director general a quien se le debería caer la cara de vergüenza emitió un categórico «no os preocupéis». La impunidad prometida agotó hasta el último euro.

Sin embargo, esta atmósfera relajada con la cornucopia de fondos estatales y europeos no justifica al restaurador que se vendió el marisco a sí mismo en junio de 2021. Compra los crustáceos, y pide una primera ayuda para sufragarlos. Los vende al restaurante de su propiedad, con lo cual demanda una segunda cantidad. A continuación se lo coloca al cliente, porque en el verano de 2021 se registró una recuperación. Cobró tres veces, ahora se queja de que le exijan un reintegro.

En medio de los confinamientos que asfixiaban a la población, no solo se enriquecieron los vendedores de mascarillas fraudulentas de la marca PSOE. También se dan casos de empresarios que suscribieron pólizas de crédito con las que pensaban justificar las ayudas covid recibidas. El problema es que llevan una fecha absurdamente fuera de plazo, con lo que simplemente idearon un mecanismo artificial cuando se les recordó que no bastaba con embolsarse la pasta, también había que documentar su destino.

Y como mínimo hay cuatro casos ya detectados de dueños de una empresa que se autoconcedían un presunto crédito sin ningún papel de por medio. A continuación, el único justificante ante el Govern son los ingresos del negocio diario, que el propietario traslada a la empresa. Las ventas se computan como un crédito del propietario. Las soluciones fueron imaginativas, un manual de Rinconete y Cortadillo, una improvisación con el dinero ya en el bolsillo, y destinado a gastos suntuarios. Tampoco tenían que preocuparse de los trabajadores, apacentados por los EROs de Yolanda Díaz.

Por supuesto, es fácil imaginar adónde fue el dinero que no había manera de justificar, en el país de los Koldo/Ábalos. Los coches de lujo y los chalés aportan el escaso dispendio publicable en horario infantil. El único punto sólido de la tramitación se halla en la Agencia Tributaria de Balears, que verificó la caída de ingresos inicial que podía compensarse con una cantidad a justificar, un matiz olvidado en tantos casos. En las empresas que solicitaron ayudas por encima de los sesenta mil euros, el conflicto con la Administración se dirigirá también hacia los gestores que realizaron los informes preceptivos, ahora cuestionados. Enhorabuena a los premiados.

Un día aprendes que el periodismo no consiste en golpear mejor, sino en golpear más veces. Por eso insistimos en nuestra cruzada contra los discos de prohibido aparcar que incluyen el ofensivo «Minusvàlids». Repetimos que se trata de un término inaceptable para Naciones Unidas, a sustituir por «Discapàcitats/Discapacitados». Y como la imagen que hoy nos ilustra es competencia del Consell Castellano de Mallorca de Vox/PP, como mínimo pueden suprimir el texto como ya hemos logrado en Palma. De nada.

Reflexión dominical gastronómica: «Si Melania Trump sirve la cena, Donald Trump aguarda educado a que Barron Trump pruebe el primer bocado».

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