Cristina González Oliva

Domingo, 22 de febrero 2026, 06:20

Hay artistas que llegan a los museos y otros que se quedan en las calles, en los bares, en las plazas y en las paredes. Ernesto García, que firma sus creaciones Ernesto G., pertenece a este segundo grupo, el de los creadores silenciosos que, sin grandes focos ni exposiciones, han ido dejando huella en la vida cotidiana de pueblos, como Agüimes, y ahora también de Lanzarote.

Su historia no empieza en una escuela de Bellas Artes, sino entre bandejas y fogones. Durante décadas se dedicó a la hostelería, un oficio exigente que, como él mismo reconoce, «te quita tiempo y energía». Sin embargo, el dibujo siempre estuvo ahí. Desde niño. «Antes de caminar ya estaba haciendo dibujitos», recuerda. Una vocación innata que fue resistiendo al paso del tiempo y a las obligaciones laborales.

La pintura nunca se fue del todo. Poco a poco, empezó a decorar los bares que regentaba, especialmente en Agüimes, su municipio natal. Uno de los más recordados es El Populacho, que abrió a mediados de los años 90, donde tanto el exterior como el interior lucen murales pintados por él y que aún se conservan. A partir de ahí, el boca a boca hizo el resto.

Llegaron trabajos en otros locales emblemáticos: Villa Rosa, Pancho Corrales o La Tabaiba, además de bares de Sardina, Maspalomas o una cafetería junto a la GC-1, a la altura del polígono de Arinaga, donde todavía hay un gran mural visible desde la autovía. En Agüimes, calcula que hay al menos ocho pinturas suyas, convirtiéndose en el municipio donde más obra ha dejado plasmada en sus paredes, aunque algunas ya no existen o están deterioradas por el paso del tiempo.

«No son personas reales, pero tampoco son inventadas del todo», explica. Sus personajes nacen de anécdotas, recuerdos y escenas de la vida cotidiana, inspiradas en la historia del pueblo y de la isla. Escenas costumbristas que conectan de inmediato con el que las ve.

Fotos antiguas

Uno de los rasgos más reconocibles de su trabajo es la reinterpretación de fotografías antiguas. Imágenes en blanco y negro que transforma en color, devolviéndoles vida, emoción y cercanía. «Me gusta rescatar fotos con historia», dice. Esa técnica se aprecia especialmente en sus murales de Lanzarote, como los cinco que decoran el restaurante Mar Azul, en El Golfo, o en El Amanecer, en Arrieta, donde plasmó un gran paisaje del entorno.

Su estilo es difícil de encasillar: costumbrismo, realismo popular, memoria visual. «No sabría ponerle una etiqueta», admite. Trabaja con acrílicos y óleos, sobre cualquier soporte que tenga a mano, y se mueve con la misma naturalidad entre un retrato por encargo y un mural de gran formato.

Aunque su formación es básicamente autodidacta, Ernesto García no es un caso aislado en la familia. El arte le viene de casa, de sangre. Su padre, Orlando García, fue un músico muy conocido en Gran Canaria, y por parte materna también hubo afición a la pintura. «Siempre tuve un lápiz en la mano», resume.

Hoy, a sus 55 años, compagina su trabajo en la hostelería en Lanzarote con encargos artísticos que van llegando casi sin buscarlos. Retratos, cuadros y murales en bares y casas particulares. «Poco a poco, sin darme cuenta, esto se va convirtiendo en algo más que una afición», reconoce, aunque admite que vivir solo del arte sigue siendo complicado.

Rescatar la memoria

Más allá de técnicas o estilos, lo que define su obra es su vocación de memoria. Paisajes canarios, amaneceres, escenas del pasado o personajes anónimos. Obras pensadas para ser vistas y vividas. Por eso, desde Insula Signa, asociación dedicada a la defensa y puesta en valor del patrimonio gráfico, han querido destacar su trabajo con una publicación en su web de una amplia representación de los murales que decoran o decoraban el casco de Agüimes.

Quien quiera encontrar a este artista puede hacerlo en redes sociales, bajo su nombre completo, Ernesto García Suárez, donde comparte parte de su trabajo y recibe encargos, casi siempre gracias al boca a boca. Porque, como sus murales, Ernesto es de esos artistas que no necesitan grandes escaparates, sus pinturas hablan por él y lo seguirán haciendo.

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