Llenas de misterio y de ambigüedad, ante las esculturas de Juan Muñoz uno siente extrañeza. Hay algo en ellas que incomoda. Pero lo complicado es … dejar de mirar. «Han colocado las piezas pensando mucho en quien las observa, porque para Muñoz el espectador era fundamental», explica la artista Iara Solano (Vitoria, 1985) mientras recorre las obras instaladas en el Museo del Prado, donde dialogan con pinturas clásicas que inspiraron al escultor.

Este fin de semana Solano conduce un taller en la pinacoteca más visitada de España. Una nueva pista sobre su talento y sobre la gran labor pedagógica que desarrolla desde hace años. El encuentro está dirigido a jóvenes de entre 18 y 25 años que trabajan en disciplinas tan diversas como el teatro, la danza, las artes plásticas y visuales, el cine o la música. La invitación es clara. Que piensen, se inspiren y desarrollen ideas confrontándolas con el legado de Muñoz y con referencias históricas como ‘Las meninas’.

«La obra de Juan Muñoz (Madrid, 1953-Ibiza, 2001) tiene que ver con el cuerpo, es una obra muy coreográfica», señala Solano. «En estos talleres puedo traer herramientas de la creación escénica al ámbito de las artes expositivas de la escultura». Reconocida sobre todo por sus propuestas escénicas rompedoras, como ‘Bautismo’, que se desarrollaba en un jacuzzi, Solano acompaña ahora a grupos de jóvenes que recorren distintas salas del museo, atentos a sus indicaciones entre las obras. ¿El objetivo de la formación? «La idea es que culmine este domingo (hoy) con un manual de prácticas, que cada participante cree una práctica que luego pueda ser replicable por otras personas, en una muestra final».

La actividad lleva el título de ‘A solas con Juan Muñoz’ y está impulsada por el departamento de Educación del Prado, que nació en 1983 para conectar las colecciones con la sociedad. «Muñoz siempre decía que el espectador completa la obra. Es un mantra que yo también comparto. Siento que mis obras no tienen sentido si no las activa quien las mira. Por eso nos desplazamos por el resto del museo», explica Solano, que en la actualidad reside entre Madrid y Valencia. Eso sí, siempre tiene presente sus orígenes. De hecho, el pasado octubre puso en marcha el festival Festival Itinerante de Arte Relacional de Álava (FIAR), que acercaban propuestas escénicas que no entran en los circuitos habituales de la provincia. Se nota su cariño también cuando habla de ‘Broken Noses Carrying a Bottle nº 2’ (1999), una de sus esculturas tardías. «Es una obra cedida por el Artium y me ha hecho ilusión encontrarla», cuenta Solano, que dirigió durante años el festival de artes vivas, danza y teatro contemporáneo Intacto en el museo vitoriano.

«No existe el genio original»

Muñoz afirmaba que robaba todo lo que podía de la historia del arte. «Me interesa mucho transmitir esa idea: no existe el genio original que crea desde la nada. Estamos todo el rato atravesadas por estímulos externos». El montaje de esta exposición, inaugurada en noviembre en el Prado, llama la atención porque varias piezas se han colocado en los pasillos en lugar de concentrarse en una única sala temporal. Entre ellas se encuentra ‘Sara en mesa de billar’, instalada frente a ‘Las meninas’, donde la figura parece contemplar la obra maestra de Diego Velázquez. «Hay unas cuantas figuras repartidas que, si miras de refilón, casi se camuflan entre los propios visitantes».

La propuesta conecta con su propia biografía. «Imagínate, siendo hija de escultor. Es una maravilla poder diseñar un taller que responda a unas esculturas de bronce, que es un material con el que me he criado desde pequeña», dice en referencia a su padre, Casto Solano, autor de numerosas piezas, entre ellas ‘El torero’ –título original ‘Reflexión del minotauro’–, situada en plena calle Dato de Vitoria. «También está pensada para que te puedas sentar a su lado y eso me interesa de la escultura. Que se preste a que puedas relacionarte con ella, no solo admirarla».

La incursión de Solano en una de las grandes instituciones del arte europeo para preparar estos talleres también le ha inspirado. «Me he sentido muy interpelada y con una nostalgia muy fuerte», confiesa. De hecho, ya piensa en tomarse un tiempo para desarrollar un nuevo proyecto artístico.