El Baskonia lo ha vuelto a hacer. Cuando era tan difícil de creer, sin casi pívots en su plantel, plagado de contratiempos, ha conquistado una … nuevo título que eleva a toda a su plantilla hasta el cielo más alto del santoral azulgrana. La aparición de San Markus, la excelencia de Cabarrot, la maravillosa frescura de Omoruyi, la intimidación de Diakite, y sobre todo, el excelso nivel de Trent Forrest.
Llegó a Vitoria como muchos otros, como una oportunidad de mercado. Sin opciones ya en la NBA. Y sus primeros meses no fueron halagüeños. Le costó adaptarse al baloncesto europeo. Pero lo empezó a hacer ya a mediados de la temporada pasada. Con unos números sensacionales, mejor que las sensaciones. Como si fuera un calcetín, este curso le ha dado la vuelta.
Forrest ha ejercido de timonel absoluto del equipo. El Baskonia le echó en falta durante los dos meses de baja por lesión muscular. Una rutura curada a tiempo. Maduró su recuperación, poco a poco, con mucho trabajo individual, hasta llegar a la Copa del Rey en su esplendor. También con la confianza del equipo. Pura fe de todos. También de Galbiati. Jamás dudó de él y el base estadounidense se lo ha devuelto a lo grande.
22 puntos, 9 rebotes y 11 asistencias en toda una final de Copa, clave en el tramo final. Con un mate sobre Tavares para escinificar que hay montañas que te enseñan quién eres. Forrest es un jugador enorme. MVP de la Copa. El octavo azulgrana. Se siente en la mesa de Elmer Bennett y Pablo Prigioni. De los mejores bases de la historia del Baskonia.