Conserva esa sonrisa que da buen rollo. Debajo de sus inseparables gafas hoy aparece una frondosa barba que además de dotarle de un cierto aire … interesante también oculta sus pómulos, otrora tan marcados por la acumulación de kilómetros y esfuerzos. Ángel Madrazo (Santander, 1988) hace casi tres años que no es ciclista profesional. Un enorme socavón en la carretera de Miera a Liérganes le descabalgó llevándose por delante la ilusión por su trabajo y deteniendo «de repente y sin querer» una carrera de quince años en la élite y muchos más dando pedales. Desde entonces lucha por acostumbrarse a una nueva vida, con la justicia para que le reconozcan lo que es suyo y con el destino y la medicina para que su brazo se parezca al de antes del accidente de aquel 23 de julio de 2023.
-¿Qué tal está? ¿Cómo le va?
-Sigo con buen talante y tratando de ser positivo. Siempre he sido así y ahora no queda otra, más que nunca, que ser así. Hay que tirar para delante como se pueda y esperar que todo mejore un poco.
-Es difícil referirse a usted como exprofesional, ¿cómo lo lleva?
-Si dijera que bien estaría mintiendo. Ahora un poco mejor, lógicamente, pero ha sido muy duro y lo está siendo. Dejé de ser ciclista profesional de repente y sin querer. Un día el mal estado de la carretera provoca que tenga un accidente y de la noche a la mañana pierdo mi trabajo y el brazo me queda fatal. El cambio de vida que he sufrido ha sido muy duro, pero toca seguir. Siempre he sido así, nunca me he rendido y es lo que trató de enseñar también a mis hijos. No he vuelto a montar en bicicleta desde el accidente. El brazo me ha quedado muy mal y entre operaciones, rehabilitaciones y juicios, no he podido volver a hacerlo.
-Su accidente entrenando provocó su retirada forzosa. ¿Qué ha ocurrido todo este tiempo?
-Ha sido muy difícil. Después de la caída fui operado de urgencia. Socorrí a mi compañero, que en ese momento estaba peor que yo, y me trasladaron al Hospital Valdecilla porque había perdido mucha sangre. Después ha sido muy duro, porque era difícil adaptarse a lo que me tocaba vivir. Los primeros meses mentalmente fueron muy duros y gracias a mi familia logré cambiar el chip, pero realmente siempre pensé que iba a ser más fácil. Luego vinieron otra operación, otra más en Madrid y muchos problemas, porque los médicos me decían una cosa pero no terminaba de ocurrir. Veía que el tiempo pasaba, no mejoraba y el brazo seguía igual. Tampoco la batalla legal por demostrar que existen responsables de que las carreteras estén en buen estado y que si no lo están deben acarrear con sus responsabilidad tampoco tenía final. Para soportarlo hay que ser fuerte y estar mentalmente preparado.
-El brazo, pese a las tres operaciones no le ha quedado bien.
-Así es. No puedo coger nada pesado, no puedo agarrar las cosas y tengo que tirar del otro brazo. Apenas lo puedo doblar un 50%. No es nada sencillo verte así. Siento dolor y he tenido rehabilitaciones muy dolorosas después de cada operación. Me ha quedado como una puerta vieja que roza en el suelo cada vez que la abres. Hace unos días fui al médico. Tenía miedo porque hay veces que no lo siento.
-¿Las secuelas del accidente fueron la causa de su retirada?
-Claro. Yo tenía apalabrada mi renovación con Burgos-BH, pero lógicamente al final no pudo firmarse porque los médicos no me aseguraban que pudiera volver a ser ciclista profesional. No puedo coger el manillar con garantías. Me quedé sin trabajo.
-Además del estado de salud, mantiene usted un litigio legal. ¿Contra quién y cómo se encuentra?
-Contra los responsables de las carreteras. Donde el accidente los vecinos me dijeron que ya lo habían advertido varias veces. Es curioso, pero yo me caí y a los dos días vinieron a taparlo. Hace unas semanas nos han contestado en el Tribunal de Justicia de Cantabria que la culpa es al 50%. Es decir, dicen que el 50% es culpa de los que deben mantener las carreteras en buen estado y el otro 50% mío, que debería haberlo esquivado. ¿Cómo se entiende eso? Me dicen que debería haberlo visto. La verdad es que no lo entiendo. Así que nada, a la espera de que salga el juicio. Yo solo quiero que se demuestre la verdad y que no pase más. No puede ser que por su dejadez yo haya perdido mi trabajo.
-No ha quedado apto para desempeñar su trabajo ¿no deberían reconocerle una prestación?
-Sí. Eso es algo que también estoy en proceso, pero realmente lo primero que quiero es que el brazo me quede lo mejor posible y luego ya veremos.
-¿Ha tenido ayuda psicológica?
-Sí. Me han ayudado los psicólogos de la Seguridad Social, a quienes agradezco su apoyo. Desde aquí hago un llamamiento para quien esté pasando un problema, que no tenga miedo. Yo lo necesité porque no entendía que tuviera que dejar de hacer lo que quería, mi trabajo, mi pasión. No asimilaba que el final fuera así y no dejándolo cuando quisiera y de modo voluntario. Jugaron un papel vital mi mujer, Asun, y mis hijos, Paul, Lucas y Joel, además de mi familia. Sin ellos no hubiese sido posible.
-Mientras todo se soluciona, ¿a qué se dedica?
-Echo una mano a las escuelas de ciclismo de Piélagos. Me gusta estar con la juventud y devolver al ciclismo parte de lo que me dio. Corren mis hijos y me gusta verlos y los ayudo. Me hace sentirme bien. Ahora veo algo de ciclismo por la tele, que antes me era imposible.