Iker Elduayen


Paula Dalla Fontana

Domingo, 22 de febrero 2026, 00:01

| Actualizado 12:41h.

Fueron diez minutos de ovación. Algo nada habitual y menos aún en la Berlinale, un festival contenido, acostumbrado a medir el entusiasmo. Una niña observa una colmena, formula una pregunta incómoda para el mundo adulto y, sin su-brayados ni proclamas, lo desmonta todo. La sala aplaude y se pone en pie mientras aparecen los títulos de crédito de ‘20.000 especies de abejas’. A los días, Sofía Otero (8 años) recogió el Oso de Plata a la mejor interpretación protagonista. Es el primer gran triunfo en Alemania para un título rodado en euskera, un idioma que, como subrayó entonces su directora Estíbaliz Urresola, «aporta un valor narrativo a la película». Aquello ocurrió hace ya tres años.

Ha pasado el tiempo justo para que aquel aplauso deje de leerse como un hito aislado y sea algo más que un inédito titular. Desde entonces, el camino ha sido constante. En los dos últimos años, 242 películas vascas han sido seleccionadas en festivales internacionales y lo mejor de todo es que han regresado a casa con nada menos que 410 premios. Porque si 2023 fue un punto de inflexión simbólico, 2025 ha terminado de certificar el mejor momento del cine vasco.

películas vascas han sido nominadas en festivales internacionales en dos años.

millones de espectadores internacionales para producciones vascas.

Fotograma de ‘20.000 especies de abejas’.

películas vascas han sido nominadas en festivales internacionales en dos años.

Fotograma de ‘20.000 especies de abejas’.

millones de espectadores internacionales para producciones vascas.

películas vascas han sido nominadas en festivales internacionales en dos años.

millones de espectadores internacionales para producciones vascas.

películas vascas han sido nominadas en festivales internacionales en dos años.

millones de espectadores internacionales para producciones vascas.

No era, en cualquier caso, la primera vez que una película en euskera se asomaba al escaparate internacional. El cine vasco ha ido ganando presencia año tras año, sumando y multiplicando producciones, atrayendo rodajes locales o extranjeros a Euskadi y logrando reconocimientos en los festivales más importantes.

Hace 11 años, ‘Loreak’ (2014), dirigida por Jon Garaño y Jose Mari Goenaga, abrió una grieta que entonces parecía excepcional. Fue la primera cinta rodada íntegramente en euskera nominada al Goya a mejor película. En esa gala se fue de vacío, pero consiguió traspasar fronteras y que los académicos la eligieran para representar a España en los Oscar. Se quedó en la última criba hollywoodiense, pero demostró que el idioma no era un límite y que el cine vasco podía dialogar de tú a tú con el resto de la industria cinematográfica.

A partir de entonces, las cifras hablan de reconocimiento sostenido. La Academia ha tomado nota y dos de las películas más nominadas a los Goya, que se entregarán el próximo sábado día 28 en Barcelona, son vascas. Entre todas, logran un récord de 45 candidaturas en las 23 categorías. Títulos y trabajos que dibujan una pluralidad de temáticas, de género, de formas de trabajo…

Encabezan la lista ‘Los domingos’, de Alauda Ruiz de Azúa con 13 nominaciones, y ‘Maspalomas’, dirigida por Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga, con 9. La historia de la adolescente que se enfrenta a su familia por la decisión de querer ingresar en un convento de clausura y la de Vicente, un homosexual de 76 años al que la vida sorprende encerrándole de nuevo en el armario, no reciben solo el reconocimiento de la Academia y la crítica, también han obtenido el mejor premio, el respaldo del público. Ambas superan ampliamente las cinco cifras en recaudación en taquilla y asistencia a salas –en un momento complicado para ellas–, una barrera que durante años parecía infranqueable y que confirma que el prestigio de los expertos en cine y el éxito comercial han dejado de ir por separado.

La directora Alauda Ruiz de Azúa con la Concha de Oro en sus manos.

Jose Ramon Soroiz recibe la Concha de Plata.

La directora Alauda Ruiz de Azúa con la Concha de Oro en sus manos.

Jose Ramon Soroiz recibe la Concha de Plata.

La directora Alauda Ruiz de Azúa con la Concha de Oro en sus manos.

Jose Ramon Soroiz recibe la Concha de Plata.

La directora Alauda Ruiz de Azúa con la Concha de Oro en sus manos.

Jose Ramon Soroiz recibe la Concha de Plata.

El respaldo de los espectadores se apoya en una transformación profunda del tejido audiovisual. 2025 marca el máximo histórico de producción en Euskadi, con 53 proyectos, más del doble que hace apenas un lustro. En 2020 y 2021 se contabilizaron cada año 25;y en 2022 se alcanzaron las 32, según datos del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco. Y, tras dos años con cifras similares, el salto hasta ahora ha sido del 112%. Una «brillante» respuesta con la que el sector audiovisual en el País Vasco genera anualmente 472 millones de euros de valor añadido y 28.500 empleos, con una inversión directa del Ejecutivo vasco que ronda los 22 millones de euros.

Evolución de las producciones vascas

‘La isla de los Faisanes’.

Evolución de las producciones vascas

‘La isla de los Faisanes’.

Evolución de las producciones vascas

‘La isla de los Faisanes’.

Evolución de las producciones vascas

‘La isla de los Faisanes’.

Dentro de ese incremento de producciones, la creación y el talento local se propaga en diversos formatos. Según esos datos oficiales, los cortometrajes siguen siendo el laboratorio creativo de todo emprendedor, con nada menos que 19 producciones en 2025 con participación institucional. Supone un incremento del 90% en un lustro. Muchos de los cortos son impulsados por cineastas que luego darán el salto al largo.

Los documentales, otro de los géneros en auge, crecen un 114%, y los largometrajes de ficción registran un aumento del 175%. De los 53 proyectos producidos este último año en Euskadi, 35 están rodados además en euskera, un 66% del total de la producción. Un impulso a preservar y difundir el idioma, que lejos de convertirse en frontera, se ha integrado como una capa más del relato y como una herramienta expresiva plenamente asumida y valorada dentro y fuera de la CAV.

Hablar de cine vasco no ha sido nunca sencillo. Qué lo define, dónde empieza y dónde termina, si es una cuestión de lengua, de territorio o de mirada, sigue aún siendo objeto de debate. Ha sido cosa de décadas. Ya en 1985 llevó al mismísimo Imanol Uribe a pedir que se dejara «respirar al feto». Porque el cine vasco necesitaba espacio para desarrollarse y sobrevivir.

La historia arranca pronto. Prácticamente desde los cimientos de la industria, años 20, donde ya hubo cine mudo en el País Vasco, muy condicionado por el clima político del primer tercio de siglo. Los documentales etnográficos de Manuel de Ynchausti, ‘Eusko ikusgayak’, realizados por encargo de Eusko Ikaskuntza se proyectaban con carteles explicativos e intertítulos en euskera. Una rareza en la época que hoy adquiere un gran valor. Más aún con el salto al sonoro, que fue prematuro. ‘Au pays des basques’, producción francesa dirigida por Marcel Champreaux, es considerada la primera película sonora en lengua vasca.

La Guerra Civil y la posterior dictadura franquista truncaron un impulso que prometía haber dado grandes obras, pero la represión, el exilio y la censura provocaron una larga ausencia de producción desde Euskadi, una travesía del desierto que marcó a varias generaciones. Muchos cineastas vascos se vieron obligados a trabajar fuera o a abandonar el cine. Otros resistieron desde los márgenes. Así forjaron sus carreras, gracias a sus primeros cortos, Javier Aguirre con ‘Declive’, rodado en 8 milímetros y recordado, entre otras cosas, por ser la primera aparición en pantalla de Alfredo Landa. O las de los inquietos Juan Ignacio de Blas, Elías Querejeta o Antxon Eceiza con la fundación de sus respectivas productoras.

Eceiza, donostiarra, llegó a competir en Cannes con ‘Último encuentro’ (1967) al igual que, décadas después, lo haría Julio Medem con su arada ‘Tierra’ (1996) y fue uno de los teóricos más firmes del cine vasco: «Sin euskera no hay cine vasco», defendía, convencido de que la lengua era la condición misma del relato. Esa idea vertebró las Jornadas de Cine Vasco de 1976 y cristalizó poco después en la serie Ikuska (1978–1984), veinte cortometrajes firmados por distintos cineastas que constituyen uno de los primeros proyectos colectivos con conciencia de cinematografía. Suya fue la primera película en euskera que competía en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, ‘Ke arteko egunak’ (1989).

El gran hito de aquella etapa no fue, sin embargo, una ficción, sino un documental. ‘Ama Lur’ (1968) dirigido por Néstor Basterretxea y Fernando Larruquert, se convirtió en una excepción luminosa en medio de la escasez. Mientras tanto, algunos cineastas encontraron su espacio lejos de Euskadi. Antonio Mercero, Pedro Olea, Eloy de la Iglesia o Iván Zulueta formaron parte del Nuevo Cine Español desde Madrid en los estertores del franquismo.

La Transición reabrió el debate identitario, pero fue el Estatuto de 1979 el que permitió, por primera vez, una política pública de apoyo al cine desde Euskadi. A partir de 1984, las subvenciones del Gobierno Vasco, sumadas a la llegada de Pilar Miró a la Dirección General de Cinematografía, de la Ley de Cinematografía vasca en 1983 y de la creación de Euskal Telebista favorecieron con medios económicos el nacimiento de otra generación de cineastas, con Imanol Uribe y Montxo Armendáriz, que por primera vez podían hacer cine en su tierra. Tras ellos, que acabaron marchándose a Madrid, nació una segunda, con Enrique Urbizu o Álex de la Iglesia, que se encontró con similares problemas y siguió el mismo camino.

Hubo que esperar al siglo XXI para que una tercera ola de cineastas encontrara herramientas suficientes para poder poder crear desde Euskadi. El programa Kimuak, de promoción y difusión del cortometraje, fue decisivo. De ahí emergieron cineastas como Asier Altuna y Telmo Esnal, autores de ‘Aupa Etxebeste!’ (2005) la primera gran comedia en euskera, que gozó de éxito de público y crítica y ha dado alas creativas a sus creadores;o los Moriarti, que debutaron en el largometraje hace ya dieciséis años con ’80 egunean’ y que siguen acumulando éxitos título tras título. A la lista se han sumado ya creadoras como Alauda Ruiz de Azúa, Estíbaliz Urresola o Jaione Camborda, reflejo de una presencia femenina cada vez más determinante. Las tres han pasado por el Zinemaldia, uno de los escaparates que más ha impulsado al cine vasco en los últimos años, y dos de ellas se llevaron la Concha de Oro.

Esta progresión hasta ahora no se explica solo por el talento creativo ni por la acumulación de premios. Hay también una infraestructura sólida que ha ido creciendo en paralelo a la ambición y le talento artístico. Euskadi ha reforzado, mediante la fiscalidad, su atractivo para los rodajes, locales o foráneos. Y los datos de Gipuzkoa evidencian el resultado.

En el último año, 34 producciones se desarrollaron con el apoyo de la San Sebastián Gipuzkoa Film Commission lo que generó un impacto económico de 14,5 millones de euros. Este último dato es el más relevante, ya que el número de rodajes se incrementa ligeramente, pero la «envergadura» de los mismos, por días de estancia, empleos que genera y participación de empresas locales, se multiplica. En 2022 se registraron 68 filmaciones, pero su impacto económico fue de 13 millones, y en 2024, año en el que entraron en vigor los incentivos fiscales, los rodajes se redujeron a la mitad, 33 producciones, pero su impacto en el territorio llegó a los 18 millones.

Con un impacto económico de aproximadamente 14.500.000€.

El director italiano Nanni Moretti, en el rodaje de ‘Sucederá esta noche’ en San Sebastián.

 

Algunos proyectos han rodado de forma puntual y otros durante varias semanas.

Director e intérpretes de ‘Azken agurra’, rodando en Araso.

Maxi Iglesias junto a Margarida Corceiro en una imagen promocioanl del rodaje de la película ‘Todo lo que nunca fuimos’ en Zumaia.

Con un impacto económico de aproximadamente 14.500.000€.

El director italiano Nanni Moretti, en el rodaje de ‘Sucederá esta noche’ en San Sebastián.

 

Algunos proyectos han rodado de forma puntual y otros durante varias semanas.

Maxi Iglesias junto a Margarida Corceiro en una imagen promocioanl del rodaje de la película ‘Todo lo que nunca fuimos’ en Zumaia.

Director e intérpretes de ‘Azken agurra’, rodando en Araso.

Con un impacto económico de aproximadamente 14.500.000€.

Algunos proyectos han rodado de forma puntual y otros durante varias semanas.

Maxi Iglesias junto a Margarida Corceiro en una imagen promocioanl del rodaje de la película ‘Todo lo que nunca fuimos’ en Zumaia.

Director e intérpretes de ‘Azken agurra’, rodando en Araso.

Con un impacto económico de aproximadamente 14.500.000€.

Algunos proyectos han rodado de forma puntual y otros durante varias semanas.

Maxi Iglesias junto a Margarida Corceiro en una imagen promocioanl del rodaje de la película ‘Todo lo que nunca fuimos’ en Zumaia.

Director e intérpretes de ‘Azken agurra’, rodando en Araso.

La última película de Arantxa Echevarría ‘Cada día nace un listo’, el largometraje en el que el director italiano Nanni Moretti rodó escenas en el concierto de Springsteen y en varias localizaciones de Donostia –’Sucederá esta noche’– o la adaptación de la novela ‘Todo lo que nunca fuimos’, con Maxi Iglesias y Margarida Corceiro mostrarán escenarios guipuzcoanos en la pantalla grande.

Un plano secuencia, con muchos elementos, que han permitido que el cine vasco llegue a 2026 con voz propia, con un diálogo de tú a tú con el resto de la industria y sin perder su acento.

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