La semana pasada, el programa Horizonte, de Iker Jiménez, contó con un invitado inesperado, el cineasta Juanma Bajo Ulloa, autor de películas como La madre muerta, Alas de Mariposa o Airbag. El programa de Cuatro no suele llevar a cineastas a su mesa, pero en esta ocasión, el director acudió para, supuestamente, contar cómo su recién estrenada película, El mal, era víctima de la dictadura “woke” que, según él, impide que películas que no responden a la ideología progresista del Gobierno puedan tener ayudas o triunfar en salas y en la taquilla.
Las palabras de Bajo Ulloa han sido celebradas con fuegos artificiales por la derecha mediática y por los habituales haters del cine español, que han dado por ley lo que ha contado el director. Lo que ha hecho Bajo Ulloa es básicamente un popurrí de viejos falsos mantras del cine español, mezclado con una crítica a las políticas feministas e identitarias del Gobierno y, en concreto, del Ministerio de Cultura, y coger partes de la Ley del cine y las medidas en defensa de la paridad para tergiversarlas.