Investigadores de diversos centros alemanes han descubierto que la activación de la proteína DKK3 en queratinocitos tras la irradiación desencadena una cascada profibrótica en la que participan múltiples procesos biológicos, como la producción de especies reactivas del oxígeno y la estimulación de la vía del TGF‑beta, citoquina de reconocida relevancia …
Investigadores de diversos centros alemanes han descubierto que la activación de la proteína DKK3 en queratinocitos tras la irradiación desencadena una cascada profibrótica en la que participan múltiples procesos biológicos, como la producción de especies reactivas del oxígeno y la estimulación de la vía del TGF‑beta, citoquina de reconocida relevancia en la etiología de la fibrosis. En ratones expuestos a una dosis masiva de radiación, la deficiencia genética de DKK3 redujo marcadamente la alopecia, la hiperplasia epidérmica y la deposición de matriz extracelular en la dermis. Aunque tanto estos animales como los del grupo con DKK3 intacto exhibieron un grado similar de infiltración por monocitos y macrófagos en la piel, sólo este último grupo presentó fibrosis, según afirma Roger Sandhoff, científico del Centro Alemán de Investigación Oncológica y codirector del estudio.
El investigador prosigue indicando que los queratinocitos resultaron críticos en el inicio y progresión de las lesiones, ya que la deleción de DKK3 en macrófagos o fibroblastos no ofreció protección. El estudio también establece el mecanismo subyacente a esta toxicidad, demostrando que la irradiación incrementa la expresión de DKK3 en los queratinocitos basales, activa la vía de señalización canónica de Wnt y estimula la proliferación de estas células. Sandhoff señala que la sobreexpresión de DKK3 favorece la polarización de los macrófagos hacia un fenotipo que facilita la producción de colágeno por los fibroblastos.
El científico subraya el valor de los hallazgos indicando que estos fueron validados en muestras irradiadas de tejido humano, así como en patologías fibróticas, en las que se confirmó el incremento de la expresión de DKK3 en los queratinocitos basales, acompañado de hiperplasia y reorganización de la matriz extracelular. La inhibición de DKK3 podría representar un enfoque específico para mitigar la fibrosis sin interferir con las múltiples funciones fisiológicas del TGF‑beta, reduciendo así la toxicidad cutánea de la radioterapia, concluye el investigador.
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