Es una garantía de independencia, de autonomía personal y, además, una sensación que le hace disfrutar. Sátur Álvarez, que cumplirá 86 años en abril, es … un apasionado del volante, desde que en 1966, con casi 26 años, obtuvo el permiso de conducir y cambió la moto por el coche. Por motivos laborales durante gran parte de su vida y hoy por placer, calcula que ha superado ya el millón y medio de kilómetros, un registro que está dispuesto a ampliar si la salud se lo permite.

«Tardé en sacármelo, tenía ya 25 o 26 años, no tuve prisa porque hasta entonces no me había hecho falta, vivía en Fuenmayor e iba a todos los sitios en moto. Solo después de casarme me hizo falta el coche y fue cuando me saqué el permiso de conducir», explica nada más descender de su coche, un Toyota Yaris granate metalizado, cuidado con mimo y sin un rasguño en su carrocería.

A finales de este año tendrá que acudir de nuevo al centro médico acreditado por la Dirección General de Tráfico para renovar la autorización. «Me lo dieron por dos años y ahora, en unos meses, me toca otra vez ir, y lo haré, claro que sí porque a mí me encanta conducir. De momento no tengo ningún impedimento y paso las pruebas sin problema, así que espero que me lo renueven por otros dos años», asegura con un guiño.

«Durante mi vida habré recorrido casi millón y medio de kilómetros, sobre todo por trabajo»

Está tranquilo, su cuerpo y sus sentidos no le han dado susto alguno. «No tengo ningún problema para conducir, ni siquiera de noche, pero bueno, cuando vea que ya no puedo bien, pues lo dejaré por mí mismo. No va a hacer ni falta que me tengan que decir nada, el día que tenga la mínima dificultad decidiré yo mismo renunciar, eso lo tengo clarísimo, aunque sé que me dará mucha rabia porque, ya te digo, me encanta conducir».

No a diario, pero sí muy a menudo se sienta al volante. «Sí, sigo conduciendo de forma habitual, como mínimo dos o tres días a la semana y disfruto muchísimo conduciendo. Me ha encantado toda la vida. Yo estuve varios años trabajando fuera, era informático, y trabajé en Bilbao, en Pamplona, en Vitoria, pero iba todos los días y volvía otra vez aquí a Logroño. Después, cuando monté mi empresa de informática dedicada a aplicaciones hospitalarias, me hacía cada año entre 75.000 y 80.000 kilómetros, así que calcula, habré hecho como millón y medio de kilómetros al volante», explica satisfecho de que su naturaleza le permita gozar de una autonomía a la que otros de su edad se han visto obligados a renunciar: « Ahora ya no es una obligación coger el coche, pero me gusta y como me veo bien pues lo hago. Me encanta subir al pueblo, a Fuenmayor, los jueves quedo a comer con los amigos, y lo uso también para cualquier cosa que necesite, porque sobre todo disponer de un vehículo te da la libertad de moverte sin depender de nadie, pero eso, lo que sí tengo muy claro es que solo lo haré mientras esté bien», concluye Sátur Álvarez entre sonrisas.