El asfalto de las carreteras francesas se derrite bajo el sol de julio mientras los ciclistas avanzan en silencio, con la mirada fija en la … rueda del rival y el cuerpo convertido en un motor llevado al límite. Desde las cunetas, los aficionados les ofrecen bidones de agua y gritan sus nombres como si de una bocanada de aire se tratara, pero el verdadero adversario de estos superhéroes no lleva dorsal: es el calor. Esta es la imagen de muchas de las etapas -no sólo de montaña- que se viven en el Tour de Francia desde hace varios años. La carrera ciclista por etapas por excelencia, ha logrado esquivar durante décadas las peores olas de calor del verano europeo. Sin embargo, la ciencia advierte de que esa tregua podría estar llegando a su fin y poner en peligro la disputa de la ronda gala.
Un estudio publicado en la revista Scientific Reports, basado en más de 50 años de datos climáticos, concluye que el riesgo de estrés térmico durante el Tour de Francia ha aumentado de forma sostenida desde 1974. La investigación, liderada por el French National Research Institute for Sustainable Development y que ha contado con la colaboración de, entre otras instituciones, la London School of Hygiene & Tropical Medicine y el Instituto de Salud Global de Barcelona, centro impulsado por Fundación la Caixa, revela que el Tour ha evitado por poco condiciones potencialmente peligrosas para la salud de los ciclistas, en algunos casos por cuestión de días o décimas de grado.
El estudio muestra que París, por ejemplo, ha superado desde 1974 el umbral de riesgo alto por calor en cinco ocasiones -cuatro de ellas desde 2014-. Además, otras ciudades analizadas también han registrado muchos días de calor extremo en julio, pero, afortunadamente, nunca coincidiendo con la fecha de una etapa del Tour de Francia. «Podemos decir que el Tour ha sido extremadamente afortunado», explica Ivana Cvijanovic, primera autora del estudio. «Pero con olas de calor récord cada vez más frecuentes, parece solo cuestión de tiempo que coincidan con la carrera», poniendo a prueba los protocolos de seguridad actuales.
Una amenaza que crece
El análisis reconstruye las condiciones meteorológicas de 12 ciudades y regiones francesas habituales del recorrido desde 1974 hasta la edición de 2023. El resultado claro que julio, el mes en el que se disputa el Tour de Francia, es hoy más caluroso y peligroso que hace medio siglo. París, tradicional meta final de la carrera, ha superado el umbral de alto riesgo por calor en cinco ocasiones durante el mes de julio, cuatro de ellas en la última década.
Pero no es algo exclusivo de la capital gala. Otras zonas especialmente vulnerables por aumento de las temperaturas son Toulouse, Pau y Burdeos, en el suroeste del país, o Nimes y Perpiñán, en el sureste. Allí, los episodios de calor extremo son cada vez más frecuentes, convirtiéndose en nuevos focos de estrés térmico, aunque hasta ahora no han coincidido exactamente con el paso de la carrera. «Debe extremarse la precaución a la hora de planificar etapas en estas regiones», señala Desislava Petrova, investigadora de ISGlobal y coautora del estudio.

Unciclista hace de aguador para el resto de compañeros.
Afp

En contraste, las grandes etapas de montaña, como el Tourmalet o Alpe d’Huez, se han mantenido dentro de los umbrales de riesgo bajo y moderado por estrés térmico, sin que se hayan registrado episodios de calor extremo durante el periodo analizado. Este hecho las sitúa dentro de márgenes más seguros, convirtiendo las etapas de altura en un refugio climático relativo. Un margen que se estrecha dependiendo de las horas en las que se lleven a cabo las etapas. Aunque las horas más seguras siguen siendo las primeras de la mañana, como demuestra el estudio, en el momento en el que los ciclistas ruedan por las carreteras es cuando se produce el mayor estrés térmico, que puede prolongarse hasta última hora de la tarde. Una situación que complica la planificación de etapas largas, exigentes y seguras para la salud de los ciclistas.
Más que una cuestión de rendimiento
Estos episodios de calor no solo ralentiza el ritmo del pelotón, sino que también puede poner en riesgo la vida de los corredores. El estrés térmico ocurre cuando el cuerpo es incapaz de disipar el calor generado por el esfuerzo físico. La deshidratación, el golpe de calor o el colapso circulatorio son algunos de sus efectos más graves.
Muchos de los protocolos de seguridad frente al calor utilizados por las federaciones deportivas internacionales se basan en un índice conocido como Wet Bulb Globe Temperature (WBGT o Temperatura de Globo y Bulbo Húmedo), que combina diversas variables meteorológicas -como la temperatura del aire, la humedad relativa, la radiación solar y el viento- para estimar el riesgo del calor para la salud. Según los protocolos de la Unión Ciclista Internacional, valores superiores a 28 °C WBGT se consideran de alto riesgo.

Cómo afecta el calor a los atletas
Enfermedades
causadas por
el calor
Sed,
sudoración abundante,
fatiga
Piel pálida
y fría,
debilidad
Náuseas,
escalofríos o piel
de gallina,
sensación de sudor,
desmayos o mareos
Pulso acelerado
y fuerte,
piel caliente y
seca, confusión
Fuente: Climate Central y
Universidad de Portsmouth

Cómo afecta el calor a los atletas
Enfermedades
causadas por
el calor
Sed,
sudoración abundante,
fatiga
Piel pálida
y fría,
debilidad
Náuseas,
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de gallina,
sensación de sudor,
desmayos o mareos
Pulso acelerado
y fuerte,
piel caliente y
seca, confusión
Fuente: Climate Central y Universidad de Portsmouth

Cómo afecta el calor a los atletas
Enfermedades
causadas por
el calor
Sed,
sudoración abundante,
fatiga
Piel pálida y fría,
debilidad
Náuseas,
escalofríos o piel de gallina,
sensación de sudor,
desmayos o mareos
Pulso acelerado y fuerte,
piel caliente y seca,
confusión
Fuente: Climate Central y Universidad de Portsmouth
Sin embargo, los expertos advierten de que estos umbrales son todavía imperfectos. «La ciencia aún tiene preguntas sin resolver sobre cómo responde el cuerpo humano al calor, especialmente en deportistas de élite», señala James Begg, coautor del estudio. El acceso a datos fisiológicos anonimizados permitiría ajustar mejor los protocolos de seguridad.
Un desafío para el deporte
El Tour de Francia es solo un ejemplo visible de un fenómeno global que invita a replantearse los eventos deportivos dependiendo de la situación climática. Las federaciones deportivas llevan años adaptándose a un planeta más cálido y en algunos deportes como el fútbol, se han introducido pausas de hidratación en competiciones internacionales o nacionales cuando se supera una determinada temperatura.
Lo que hasta ahora ha sido una coincidencia favorable -que las olas de calor más intensas no coincidieran con el Tour- podría convertirse pronto en una excepción. De momento, el pelotón seguirá rodando cada verano, como lo ha hecho desde 1903. Pero cada año lo hará bajo un calor más abrasador, donde la victoria ya no dependerá solo de la estrategia o la fuerza, sino también de un factor cada vez más imprevisible: la capacidad para soportar la temperatura.
La Vuelta 2026 desafía el calor
La Vuelta a España se sumerge en el verano andaluz en la edición de este año. Más de la mitad de las etapas de la ronda española, que sale de Mónaco el 22 de agosto, se correrán al sur del paralelo 39, 10 de ellas en Andalucía, para acabar en la Alhambra, En Andalucía se desarrollarán 10 de las 21 etapas de la ronda española, incluida la última al pie de la Alhambra. En 2024, la temperatura llegó a los 40 grados en alguna etapa, lo que provocó que los equipos necesiataran en cada etapa 200 bidones de agua y 80 kilos de hielo, casi el doble de la cantidad habitual.