Cuando un interior refleja con precisión la manera de vivir y de crear de su autora, incluso un espacio reducido puede adquirir profundidad y carácter. La interiorista Yulia Golavskaya, buscaba un lugar íntimo y concentrado, que pudiese acompañar su trabajo creativo. Así llegó este estudio de 44 m², ubicado en el antiguo edificio de una fábrica textil de 1860, hoy reconvertido en un singular complejo de lofts y apartamentos.
Situada en la planta baja y con salida a un pequeño patio ajardinado, la vivienda se concibió como un espacio profundamente personal. La diseñadora dio forma a una planta abierta, con las funcionalidades domésticas cuidadosamente veladas y un marcado carácter de galería. La zonificación se resolvió separando los ambientes con cortinas y una pantalla ligera: la entrada queda separada del área principal por una cortina de lana gris, mientras que la zona de descanso, situada tras la librería, se delimita con un visillo más ligero de algodón blanco. La pequeña cocina se integró dentro de un armario y, con las puertas cerradas, queda oculta por completo.
«Como también me dedico a la música, con el tiempo me di cuenta de que, en lugar de poner sofás, quería que un piano ocupase el centro del espacio», explica la autora del proyecto. El instrumento alemán, de mediados del siglo XX y en perfecto estado de conservación, se ha convertido en una de las piezas protagonistas del estudio.
Nathalie Gertz
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El interior cuenta con una única y gran ventana que ocupa casi toda una pared. La paleta cromática prolonga de forma natural el paisaje exterior y el carácter del edificio: la fachada blanca, las carpinterías en gris oscuro y el suelo de cerámica de un intenso tono rojo terracota, utilizado tanto en el exterior como en el interior. Las vigas metálicas del techo se pintaron en un tono ligeramente más oscuro que el de las paredes. Uno de los elementos más expresivos es la pared forrada de espejos con la puerta del cuarto de baño integrada, que amplía visualmente el espacio gracias a los reflejos. Con el tiempo, la propietaria ha ido reuniendo una pequeña colección de espejos en los que se reflectan las luminarias suspendidas con cables vistos, dando lugar a unas delicadas líneas gráficas.
La mayor parte del mobiliario se realizó a medida según los bocetos de la autora del proyecto: el armario de servicio de la entrada, la cocina integrada en un mueble, el escritorio, la librería, la pantalla textil, la consola y la mesa auxiliar. A estas piezas se suman objetos procedentes de la anterior casa-estudio de la interiorista y elementos creados para exposiciones. «Conmigo se mudaron pinturas y esculturas, y de forma muy natural encontraron su lugar las grandes lámparas con pantallas almidonadas, ejecutadas según mis propios diseños», cuenta Golavskaya. Las sillas vienesas también llegaron del espacio anterior, acompañadas por una butaca de IKEA de aire vintage, una chaise longue de Innovation Living y una pequeña mesa diseñada por Gaetano Pesce.
El resultado es un estudio sereno y equilibrado, pensado para trabajar con calma y concentración, donde cada decisión responde a una visión personal y el interior se convierte en una expresión directa de la idea de belleza de su autora.

Nathalie Gertz
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