A la 01:20 de la madrugada del 24 de febrero de 1981 se produjo una conversación telefónica decisiva entre Juan Carlos I y el teniente general Jaime Milans del Bosch. Desde el Palacio de la Zarzuela, el Rey le dio una orden inequívoca: retirar … las tropas desplegadas y poner fin al golpe de Estado. Fue entonces cuando el padre de Felipe VI pronunció una de las frases más contundentes del 23-F: «Juro que ni abdicaré la Corona, ni abandonaré España».
Esa llamada se produjo minutos después de que millones de españoles vieran al Rey en televisión defendiendo el orden constitucional. Según el documento desclasificado ‘Sucinto relato de los sucesos de los días 23 de febrero de 1981 y 24 a raíz del asalto al Congreso de los Diputados según fueron conocidos en el Palacio de la Zarzuela’, Don Juan Carlos transmitió a Milans un mensaje claro:
«Te hago saber con toda claridad lo siguiente:
1.- Afirmo mi rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás.
2.- Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra El Rey.
3.- Hoy más que nunca, estoy dispuesto a cumplir el juramento a la Bandera. Por ello, muy conscientemente y pensando únicamente en España te ordeno que retires todas las Unidades que hayas movido.
4.-Te ordeno que digas a Tejero que deponga inmediatamente su actitud,
5.- Juro que ni abdicaré la Corona, ni abandonaré España. Quien se subleve, está dispuesto a provocar Y será responsable de ello, una nueva guerra civil.
6.- No dudo del amor a España de Mis Generales. Por España primero, y por la Corona, después, te ordeno que cumplas cuanto te he dicho.»
Milans respondió que cumpliría las órdenes, aunque advirtió de que Tejero ya no le obedecía. Pasadas las 06:10 de la madrugada comenzaron a llegar noticias de que el teniente coronel accedía a rendirse bajo determinadas condiciones.
La llamada del Rey a Milans fue el desenlace de horas de tensión vividas en Zarzuela desde la tarde anterior, cuando el asalto al Congreso de los Diputados mantuvo en vilo a las instituciones democráticas. Desde las 17:00 horas, el personal de la Casa del Rey seguía por radio la sesión de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo cuando, a las 18:22, escucharon en directo la irrupción de los guardias civiles en el hemiciclo. El Rey ordenó inmediatamente activar contactos para conocer la situación.
Las comunicaciones telefónicas se multiplicaron. Se contactó con capitanías generales, mandos militares y responsables civiles, mientras el personal que no se encontraba en Zarzuela se incorporaba desde sus domicilios. Entre las 18:30 y las 19:00, el general Alfonso Armada telefoneó al Rey con la intención de acudir al Palacio. Don Juan Carlos le indicó que no lo hiciera y que permaneciera en su puesto, una decisión que marcaría el curso posterior de los acontecimientos.
Poco después, el general Juste preguntó si Armada se encontraba en Zarzuela. Al saber que no, señaló que esa circunstancia «cambiaba totalmente la situación». El Rey tomó entonces varias decisiones: no autorizar la presencia de Armada en Zarzuela, encomendar a la Junta de Jefes de Estado Mayor la dirección militar de la respuesta y establecer contacto directo con las regiones militares para conocer su posición. Paralelamente, se activó la coordinación civil a través de Francisco Laína, director general de Seguridad del Estado, para garantizar el funcionamiento del Estado mientras el Gobierno permanecía retenido en el Congreso.
A medida que avanzaba la tarde, el Rey decidió dirigirse a la Nación por televisión para mandar un mensaje de tranquilidad y desvincular a la Corona de la asonada. Las gestiones no fueron inmediatas: Televisión Española estaba ocupada por una unidad militar que no aceptaba órdenes externas. Tras diversas gestiones, la unidad se retiró y se envió un equipo de grabación a Zarzuela.
Más sobre la desclasificación del 23-F
Mientras tanto, el Secretario General de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo, logró hablar con Tejero y le instó a terminar con el golpe. El teniente coronel respondió que solo obedecía órdenes de Milans y colgó.
Entre las 20:00 y las 21:00, el Rey mantuvo un diálogo con Armada descrito como «muy tenso». Juan Carlos I reafirmó entonces su posición y ordenó el envío de un télex a los mandos militares en el que disponía mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente y someter cualquier medida militar a la aprobación de la Junta de Jefes de Estado Mayor.
A medianoche, el Rey entró en su despacho con uniforme de capitán general de las Fuerzas Armadas para grabar el mensaje televisado que se emitiría a la 01:12 del 24 de febrero. Ocho minutos más tarde, telefoneó a Milans para reiterarle que, tras ese mensaje, no se volvería atrás.
-U66614451085VOS-366x256@diario_abc.jpg)