Victoriano Suárez Álamo

Miércoles, 25 de febrero 2026, 20:02

| Actualizado 20:35h.

Los especialistas tienen contabilizada la existencia de solo unas 250 piezas de enconchados mexicanos en todo el mundo y seis salen ahora a la luz pública, por primera vez, en la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria, gracias a la generosidad de la colección particular de la familia Manrique de Lara. Se trata de la espectacular serie de cuadros en tabla de gran formato titulada ‘El asedio de Viena’, realizada en torno a 1690 presumiblemente en el taller de Julio González en el Virreinato mexicano del siglo XVII, y que protagoniza la muestra ‘Alma de nácar. Enconchados, la luz de México’, que desde este jueves y hasta el próximo 28 de junio se puede visitar en una de las salas de la Casa de Colón de la capital grancanaria.

Este proyecto expositivo, que se ha cocinado a fuego lento, reconoce Carmen Gloria Rodríguez, directora de la Casa de Colón, es un hito histórico, ya que se trata, seguramente, de la primera vez que se exhiben al público estas piezas originales de gran valor. «El préstamo que ha hecho la familia Manrique de Lara para esta exposición es un gesto de generosidad enorme. Se trata de una colección privada excepcional muy poco conocida», dice Rodríguez, que subraya que esta muestra adelanta la línea por la que quiere que transite este recinto artístico cuando abra sus puertas, previsiblemente a comienzos de 2027, el Museo de Bellas Artes de Gran Canaria (Mubea) en una parte de lo que fue el Hospital de San Martín, en Vegueta.

‘El asedio de Viena’ recrea la defensa de la ciudad frente a las tropas turcas en 1683 en seis paneles de madera de unos 206×103 centímetros cada uno. Estos óleos sobre tabla tienen la peculiaridad de que se elaboraban en América añadiéndoles fragmentos de conchas de nácar, que les dotaban de unos brillos muy especiales, de ahí que se denominen enconchados.

La técnica empleada

Rocío Bruquetas Galán, doctora en Historia del Arte y restauradora, explica que esta técnica parte de la «tradición asiática», sobre todo japonesa, hasta dar lugar a generar «un híbrido entre Europa, Asia y novohispanas».

Bruquetas reconoce que aún queda mucho por descubrir sobre esta elaboración «cercana a las técnicas decorativas nashiji-e propias del arte namban, que tiene una gran complejidad» y que se desarrolló en México entre mediados del siglo XVII y mediados del XVIII.

Esta especialista explica que para esta serie y otros enconchados se utilizaba en muchas ocasiones «incrustaciones de conchas, polvo de oro pulverizado y polvo de plata sobre unos dibujos previos a tinta». De ahí que Rocío Bruquetas defina esta técnica como «tablas de charol, ya que en el siglo XVIII se denominaba charol al brillo, que en estas piezas se alcanzan con la superposición de capas» de nácar que se pulen hasta alcanzar la brillantez con las que tantos siglos después siguen cautivando a quien tiene el placer de contemplarlas.

Distintas imágenes de la inaguración de la exposición, este miércoles.

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Imagen principal - Distintas imágenes de la inaguración de la exposición, este miércoles.

Imagen secundaria 1 - Distintas imágenes de la inaguración de la exposición, este miércoles.

Imagen secundaria 2 - Distintas imágenes de la inaguración de la exposición, este miércoles.

El estudio de los materiales empleados, destaca esta especialista, resulta fundamental para la conservación y posible restauración de los enconchados. En las diferentes capas de la superficie de estos óleos sobre tabla se han empleado una serie de barnices que amarillean, se oxidan con el tiempo, y puede que haya una cierta intencionalidad en la utilización de los mismos que hay que tener en cuenta y que complica mucho la restauración», defiende Bruquetas.

Llegan a comienzos del siglo XX a Gran Canaria

En este proyecto expositivo ha participado el Museo de América de Madrid, que cuenta con una serie de enconchados muy similar a la que ahora se muestra en la Casa de Colón y que integran la principal colección registrada en todo el mundo. Sergio Coca Crespo, conservador de colecciones virreinales de ese museo, apunta que ‘El asedio de Viena’ llegó a Gran Canaria «a comienzos del siglo XX, a través del abuelo del actual propietario» y que por el camino estas magníficas tablas «cambiaron de propietario», aunque el recorrido concreto desde su creación en México está por descubrir.

Detrás de estas piezas de gran valor siempre estaba «un mecenas de la corte o un virrey», subraya Coca Crespo. Y es que el destino de estas obras elaboradas con esta técnica tan vistosa como compleja eran «espacios religiosos, las cortes y los salones de los aristócratas europeos».

Un aspecto diferencial de las seis tablas de ‘El asedio de Viena’ con respecto a las que tiene el Museo de América de Madrid es que llevan la firma en una de ella del taller de Julio González, lo que aclara en parte su procedencia. «Eran talleres u obradores de pintura de México que tenían una forma de trabajo muy gremial, con varios maestros y los aprendices. En ese taller trabajaban varios hermanos González y lo normal es que las piezas pasaran por distintas manos», reconoce Sergio Coca Crespo.

Primera globalización

Las obras de arte que se elaboraron en México mediante la técnica del enconchado son un ejemplo de lo que fue la primera globalización de la historia, apunta Sergio Coca Crespo, en la presentación de la muestra ‘Alma de nácar. Enconchados la luz de México’ en la mañana de este miércoles en la Casa de Colón.

Carmen Gloria Rodríguez, directora de este centro artístico de Vegueta, atribuye también este estatus a las seis piezas que integran ‘El asedio de Viena’.

De izquierda a derecha, Rocío Bruquetas, Guacimara Medina, Carmen Gloria Rodríguez, Sergio Coca, Alicia Bolaños y Ramón Gil, durante la presentación a la prensa de la exposición.

De izquierda a derecha, Rocío Bruquetas, Guacimara Medina, Carmen Gloria Rodríguez, Sergio Coca, Alicia Bolaños y Ramón Gil, durante la presentación a la prensa de la exposición.

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«México en aquel momento era la visagra de las rutas entre el Atlántico y el océano Pacífico», explica el conservador de colecciones virreinales del Museo de América de Madrid.

Algunas de las obras realizadas en los talleres artísticos mexicanos no solo tenían una finalidad puramente decorativa. Es el caso de ‘El asedio de Viena’, que tiene unas claras «connotaciones históricas y políticas», subraya Sergio Coca, debido a la temática que aborda, la feroz resistencia de los Habsburgo ante la invasión turca en 1683.

Las escenas que lo componen se inspiran en los grabados que hizo previamente el holandés Romeyn de Hooghe.

El arte de los enconchados pasó al olvido en las primeras décadas del siglo XVIII. El motivo, según este especialista de la Casa de América fue el cambio de dinastía en la corte madrileña, con el paso de los Austria a los Borbones. «Los Borbones trajeron un nuevo gusto estético y por eso este arte duró tan poco. Cesa la demanda porque cesa la oferta», aclara.

Una vez se clausure esta exposición, ‘El asedio de Viena’, que está en muy buen estado de conservación, volverá a manos de sus propietarios, la familia Manrique de Lara. Carmen Gloria Rodríguez, directora de la Casa de Colón, expresó su deseo de que «en un futuro pasen a formar parte de la colección del Cabildo».

La muestra de la Casa de Colón se completa con un enconchado religioso dedicado a San Miguel Arcángel, un escritorio con incrustaciones de hueso, ébano y carey y una arqueta de carey y plata de la parroquia Matriz de San Lorenzo.


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