El sistema inmune es el elemento determinante en la evolución de la infección por virus del papiloma humano (VPH). Así se puso de manifiesto en una sesión de las XXIII Jornadas Nacionales en Ginecología y Obstetricia HM Gabinete en la que participaron Carmen Pingarrón Santofimia, del Hospital Quirónsalud San José (Madrid), y Laura Cortés Laguna, de …
El sistema inmune es el elemento determinante en la
evolución de la infección por virus del papiloma humano (VPH). Así se
puso de manifiesto en una sesión de las
XXIII Jornadas Nacionales en Ginecología y Obstetricia HM Gabinete en la que participaron Carmen Pingarrón
Santofimia, del Hospital Quirónsalud San José (Madrid), y Laura
Cortés Laguna, de Women’s y Clínica Planas (Barcelona), quienes
defendieron la vacunación como herramienta imprescindible de prevención.
La debilidad del sistema inmunitario constituye uno de
los factores más relevantes en la progresión y persistencia del VPH. El
tabaquismo, una nutrición inadecuada, la disbiosis intestinal o el estrés
crónico pueden alterar la respuesta defensiva del organismo. Desde esta
perspectiva, el abordaje del paciente debe ser integral y contemplar una
visión 360 grados que incluya hábitos de vida, estado metabólico y salud
intestinal.
El sistema inmunológico se compone de una respuesta innata,
inmediata, y una adaptativa, más específica. Todas las células inmunes
derivan de la médula ósea y requieren un adecuado funcionamiento
mitocondrial para disponer de la energía necesaria. En el control de
infecciones virales persistentes como el VPH resulta especialmente relevante la
respuesta de tipo Th1. Sin embargo, su activación puede verse influida por
múltiples factores, incluidos otros microorganismos intracelulares y
determinantes metabólicos como la obesidad, el consumo elevado de grasas
saturadas o determinados contextos inflamatorios.
En este equilibrio inmunológico, los estrógenos
desempeñan un papel modulador clave. Su influencia sobre la inmunidad
innata y adaptativa no es uniforme, ya que depende de los niveles hormonales,
la edad y el contexto fisiológico. Niveles elevados pueden asociarse a mayor
tolerancia inmunológica, mientras que niveles bajos se relacionan con un
entorno más inflamatorio. Esta interacción resulta especialmente relevante en
ginecología, al condicionar la respuesta frente a infecciones persistentes, la
inflamación crónica y la evolución de lesiones cervicales asociadas al VPH.
El apoyo al sistema inmune puede realizarse por vía
sistémica y local. El abordaje oral permite actuar también sobre otras
localizaciones y sobre el varón, mientras que a nivel vaginal determinadas
formulaciones tópicas actúan como coadyuvantes en la modulación del
microambiente cervical.
En este sentido, combinaciones como carboximetil
β-glucano y policarbófilo favorecen la activación del sistema
inmunitario local y la reparación tisular, además de promover un efecto
prebiótico que estimula el crecimiento de bacterias beneficiosas. El
policarbófilo, por su parte, forma una película mucoadhesiva protectora y contribuye
a disminuir el pH vaginal, creando un entorno menos favorable para la
persistencia viral.
En las conclusiones apuntaron que la mejora de la
inmunidad, tanto vaginal como sistémica, favorece el control de la infección
por VPH, facilita la negativización de genotipos de alto riesgo y puede
contribuir a la regresión de lesiones asociadas. Este enfoque adquiere igualmente
una dimensión poblacional, al poner el foco en el papel del varón en la
transmisión y en la carga global de la enfermedad, lo que refuerza la necesidad
de estrategias preventivas y terapéuticas que incluyan a ambos miembros de la
pareja.
SEGUIR LEYENDO