Es el cáncer de la desigualdad y, en gran medida, una enfermedad prevenible. Los datos del Global Cancer Observatory sitúan el impacto del virus del papiloma humano (VPH) en torno a 730.000 casos anuales de cáncer en todo el mundo. El cáncer de cuello uterino concentra la mayor carga en incidencia y mortalidad, aunque …
Es el cáncer de la desigualdad y, en gran medida, una
enfermedad prevenible. Los datos del Global Cancer Observatory sitúan el
impacto del virus del papiloma humano (VPH) en torno a 730.000 casos
anuales de cáncer en todo el mundo. El cáncer de cuello uterino concentra
la mayor carga en incidencia y mortalidad, aunque el virus también está
implicado en tumores de orofaringe, ano, vulva, pene y vagina, lo que evidencia
que se trata de un problema de salud pública que trasciende el ámbito
ginecológico y afecta a ambos sexos.
Sobre esta realidad giró la conferencia VPH sin dudas:
lo que todo ginecólogo debe saber sobre la vacunación, impartida por María
Pilar Cano Facenda, del Servicio de Ginecología y Obstetricia del
Hospital Universitario Santa Cristina (Madrid), en el marco de las XXIII
Jornadas Nacionales en Ginecología y Obstetricia HM Gabinete Velázquez.
La especialista incidió en que la efectividad de las
vacunas se mantiene en el tiempo y recalcó que el elemento determinante es
alcanzar coberturas elevadas. La evidencia poblacional respalda este
planteamiento. Un amplio estudio de cohortes realizado en Suecia, con más de
857.000 niñas y mujeres nacidas entre 1985 y 2000, muestra que los programas
escolares con coberturas superiores al 80 % se asocian a una reducción
significativa de las lesiones cervicales intraepiteliales de alto grado (HSIL),
incluso entre mujeres no vacunadas.
En áreas con elevada inmunización se observa hasta un 47 %
menos de HSIL en mujeres no vacunadas en comparación con regiones con bajas
tasas, un claro efecto rebaño que aparece de forma temprana y se mantiene en el
tiempo. Sin embargo, aunque el 80 % de los países ya han incorporado la
vacuna frente al VPH, solo el 31 % de las niñas la han recibido, lo que
refleja una importante brecha de cobertura.
La evidencia también refuerza el papel de la vacunación
en mujeres ya tratadas por patología cervical. Diversos estudios indican
que la vacuna nonavalente reduce de forma significativa la aparición de nuevas
lesiones tras la conización, con mayor beneficio cuando se administra antes del
procedimiento, aunque mantiene eficacia preventiva incluso después del
tratamiento. Este efecto se explica principalmente por la prevención de nuevas
infecciones, especialmente en mujeres negativas para los genotipos vacunales al
inicio.
El beneficio se optimiza con el cumplimiento completo de la
pauta y resulta especialmente relevante en pacientes con antecedentes de CIN 2
o superior, grupo que mantiene un riesgo aumentado de recurrencias. La
inmunización aporta, por tanto, un valor añadido en la prevención secundaria.
Subrayó que la vacunación siempre merece la pena y
apuntó la necesidad de seguir generando datos a largo plazo, también en
pacientes que ya han desarrollado cáncer, para consolidar la evidencia y
reforzar las estrategias de salud pública.
La vacunación frente al VPH en la población adulta dispone
de argumentos sólidos que avalan su recomendación clínica más allá de la edad
pediátrica. A lo largo de la vida persiste un riesgo relevante de adquirir
la infección y una parte significativa de los adultos no ha estado expuesta
a todos los genotipos incluidos en las vacunas, lo que mantiene un margen real
de prevención.
Los ensayos clínicos y los estudios en práctica real
muestran protección también en adultos, con reducción del riesgo de recurrencia
de lesiones cervicales y beneficios frente a patología VPH en otras
localizaciones anatómicas. Además, la inmunización contribuye a acelerar el
objetivo de eliminación del cáncer de cuello uterino, puede disminuir la
necesidad de cribados y tratamientos posteriores y presenta una elevada
aceptabilidad cuando se acompaña de información clara y de una recomendación
activa por parte del profesional sanitario.
Con todo, la evidencia científica consolida la vacunación
frente al VPH como una herramienta esencial de salud pública, con una
reducción significativa de la infección, de las lesiones precancerosas y del
cáncer de cuello uterino. Lejos de circunscribirse a la adolescencia, la mujer
adulta mantiene riesgo de nuevas infecciones, reinfecciones o reactivaciones,
por lo que también puede beneficiarse de la inmunización.
En mujeres tratadas por HSIL o CIN 2+, los datos muestran
que la vacunación reduce el riesgo de recurrencia al prevenir infecciones por
genotipos no previamente adquiridos, aunque no ejerza un efecto terapéutico
sobre infecciones ya establecidas.
La ampliación de la vacunación en población adulta y las
estrategias de catch-up pueden acelerar la eliminación del cáncer de
cérvix y de otras patologías VPH-dependientes. En este escenario, el ginecólogo
desempeña un papel determinante al informar y recomendar de forma activa y
sistemática la inmunización en todas las etapas de la vida de la mujer.